El auge de Alternativa para Alemania y los tumbos derechistas de la política oficial

26 septiembre 2017

Por primera vez desde el colapso de los nazis, un partido extremista de derecha accede al Parlamento alemán. Con trece por ciento del voto en las elecciones generales del domingo, Alternativa para Alemania (AfD; siglas en alemán) se convirtió en la tercer fuerza parlamentaria, quedando atrás de la fracción oficialista entre la Unión Demócrata Cristiana y la Unión Social Cristiana de Baviera (CDU/CSU) y el Partido Socialdemócrata (SPD), el cual sufrió un verdadero colapso electoral.

La AfD ha adquirido una influencia política mayor a su verdadera fuerza. Pudo marcar el tono de toda la campaña electoral por medio de su agitación a favor de medidas severas contra los refugiados y el reforzamiento del aparato represivo estatal. Todos los partidos de la élite política buscaron ir más allá que la AfD en prometer la contratación de más policías y la deportación de más refugiados, afianzando así el planteamiento del partido ultraderechista. ¿Por qué votar por las versiones de los partidos establecidos de la política chauvinista y autoritaria de la AfD, cuando se puede votar por la versión original? La CDU/CSU perdió más de un millón de votos a la AfD, mientras que el SPD perdió 470 000 votos y el partido La Izquierda (Die Linke) 400 000.

A pesar de esto, el programa de extrema derecha de la AfD no cuenta con un apoyo de masas. Incluso entre los que votaron por ellos, el 60 por ciento indica que lo hizo como protesta y no porque apoya sus políticas. El auge de Alternativa para Alemania es, ante todo, el resultado de los tumbos derechistas de todos los partidos establecidos, que están haciendo todo lo posible, con el apoyo de la prensa, para desviar el aumento del descontento social hacia la derecha.

En el pasado, era de esperar que los partidos nominalmente de izquierda fuesen los más beneficiados por las crisis sociales como la que vive Alemania, incluyendo un explosivo crecimiento de los empleos de bajos salarios, la pobreza, la falta de viviendas asequibles, las condiciones catastróficas de las escuelas y hospitales, y el peligro de la guerra. Pero, ni el SPD ni La Izquierda son capaces de realizar un llamamiento social hacia los votantes.

El SPD se encuentra sumido en repudio y una bancarrota política. Tras haber impuesto las leyes Hartz, los recortes de impuestos para las grandes empresas y los ricos y haber subido la edad de jubilación a 67, el SPD carga con la principal responsabilidad por los inauditos niveles de desigualdad.

Un papel incluso más abyecto es el desempeñado por La Izquierda. Desde hace mucho tiempo, los trabajadores dejaron de tomar en serio su combinación de fraseología de izquierda y políticas derechistas. En el este del país, donde dominaba La Izquierda, la AfD terminó en segundo lugar con el 22 por ciento de los votos, detrás de la CDU. Entre los hombres, la AfD quedó de primera, alcanzando el 27 por ciento.

La burguesía ya se había reconciliado completamente con la AfD desde antes del balotaje, siendo ahora sólo una cuestión de tiempo para que integre al partido de extrema derecha al Gobierno.

El líder de la CSU, Horst Seehofer, comentó que la AfD les ganó votos porque la fracción CDU/CSU “dejó abierto su flanco derecho”. Prometió que esto no sucedería de nuevo y que de ahora en adelante adoptarán una “postura clara”.

El historiador Michael Wolffsohn rechazó describir a la AfD como “nazis”, describiéndolos en cambio como una respuesta a “problemas sociales importantes” para los cuales los otros partidos no ofrecen respuestas, como la inundación de refugiados”. Por su parte, el politólogo Jürgen Falter advirtió contra la sobredramatización de la entrada de la AfD en el Parlamento. Lejos de ser “una causa para preocuparse”, representa “una normalización de la política alemana después de nuestra historia”.

El horror expresado inicialmente por los partidos de los grupos de poder hacia las políticas ultraderechistas de la AfD era una fachada hipócrita desde un principio. El caso de Jörg Baberowski demuestra esto. El profesor de la Universidad Humboldt de Berlín, quien le abrió paso a la AfD agitando contra los refugiados y minimizando los crímenes del régimen nazi, contó con un respaldo unánime de todos los partidos establecidos y la prensa cuando el Sozialistische Gleichheitspartei (SGP; Partido Socialista por la Igualdad) lo criticó públicamente.

El SPD, cuyo miembro principal Sabine Kunst es la rectora de la Universidad Humboldt, y La Izquierda protagonizaron la defensa de Baberowski. Incluso después de que un tribunal confirmara que a Baberowski se le podía calificar de extremista de derecha, confirmaron su apoyo.

El auge de la AfD es el resultado del traslado hacia la derecha de toda la clase gobernante, que está respondiendo a la crisis del capitalismo global y el recrudecimiento de las tenciones internas y externas mediante un regreso a sus aborrecibles tradiciones. En los años treinta, las cámaras empresariales, el ejército, los políticos y académicos burgueses reaccionaron a la intensificación de la lucha de clases respaldando a Hitler y apoyando su nombramiento como canciller.

La clase obrera debe tomar estos desarrollos como una grave advertencia. Ninguno de los partidos de la élite política, mucho menos el SPD y La Izquierda, están dispuestos a encarar y frenar a los extremistas de derecha.

En el resto de Europa, suceden cosas similares. La candidata ultraderechista del Frente Nacional francés, Marine Le Pen, llegó a la segunda ronda en las elecciones generales. En Austria, se considera prácticamente un hecho que el Partido de la Libertad (FPÖ) va a formar parte del Gobierno después de las elecciones de octubre. Los socialdemócratas y los conservadores austriacos están listos para formar una coalición con ellos.

El SGP es el único partido que avanzó una plataforma de izquierda y socialista en las elecciones generales. “Con sus políticas de derecha, el SPD, La Izquierda y los Verdes están facilitando el crecimiento del ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD)”, indica la declaración electoral del SGP. “Este partido ultraderechista puede presentarse como un partido de la oposición sólo porque ningún partido de ‘izquierda’ de la élite política se opone a la burguesía con una perspectiva socialista”.

El surgimiento de la ultraderecha sólo puede ser detenido mediante la construcción de un partido socialista que unifique a los trabajadores de todo el mundo en una lucha contra el nacionalismo, la desigualdad social y la guerra. Ese partido es el SGP y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

Peter Schwarz