La admisión de culpa del exasesor de seguridad nacional de Trump intensifica la crisis política de Estados Unidos

por Bill Van Auken
6 diciembre 2017

La declaración de culpabilidad de Michael Flynn, el exasesor de seguridad nacional del presidente Donald Trump, del viernes constituye una gran escalada en la crisis política sin precedentes de Estados Unidos. Los amargos conflictos dentro de la clase gobernante, enfocados en cuestiones de política exterior, están entrando en una etapa nueva y explosiva.

Flynn se declaró culpable de mentir sobre sus conversaciones con el embajador de Rusia en Estados Unidos, Sergei Kislyak, en el período previo a la toma de posesión de Trump. Sin embargo, la verdadera importancia radica menos en el contenido de los cargos que en las implicaciones del acuerdo de culpabilidad. Es una indicación inequívoca de que el general retirado ha aceptado proporcionar evidencia contra figuras de mayor relevancia, como Jared Kushner, el yerno y asesor de Trump, como el propio presidente.

Hay secciones poderosas de la clase dominante que quieren sacar a Trump, y con Flynn parecen haber obtenido un montón de municiones. Por lo menos, las investigaciones de las acusaciones de colusión con Rusia, encabezadas por el exdirector del FBI, Robert Mueller, ahora están dirigidas a la familia y al círculo interno de Trump.

En una indicación del nerviosismo dentro de la aristocracia financiera sobre las implicaciones de la inestabilidad política en EUA. El índice bursátil Dow Jones cayó 350 puntos después de la noticia de la declaración de culpabilidad, antes de recuperar gran parte de lo perdido ante la espera de que el Senado apruebe un recorte de impuestos para los ricos. Las fuertes fluctuaciones financieras reflejan las crecientes preocupaciones dentro de la oligarquía gobernante de que el amargo conflicto interno en Washington, y el aumento de los signos de inestabilidad en la Casa Blanca de Trump podrían salirse de control.

El breve cargo al que Flynn confesó es que hizo “declaraciones materialmente falsas, ficticias y fraudulentas” a agentes del FBI con respecto a dos llamadas telefónicas que el general retirado, entonces un alto miembro del equipo de transición de Trump, sostuvo con el embajador ruso a finales de diciembre del 2016. Flynn se ha comprometido a cooperar plenamente con la investigación de Mueller, incluso a testificar en cualquier caso criminal futuro.

Los fiscales dijeron que Flynn había discutido sus comunicaciones con el embajador ruso con una figura destacada en el equipo de transición de Trump, y que había sido dirigido por “un miembro muy importante” del equipo.

ABC News, citando a un confidente de Flynn, informó que éste estaba preparado para testificar que Trump le había ordenado ponerse en contacto con funcionarios rusos cuando todavía era un candidato presidencial.

La declaración señala la caída de la primera figura importante en el círculo interno de Trump en la investigación de las acusaciones de injerencia rusa en las elecciones de 2016 lideradas por el fiscal especial del Departamento de Justicia, Mueller.

El fiscal especial ha acusado a otras tres personas. Sin embargo, dos de ellos, Paul Manafort, exgerente de la campaña de Trump, y su socio comercial, Richard Gates, fueron acusados de delitos no relacionados con la campaña. El tercero, George Papadopoulos, un asesor de campaña de bajo nivel que no asumió ningún puesto en la Administración Trump, fue acusado, al igual que Flynn, de mentir al FBI sobre contactos con individuos que afirmaban tener conexiones con altos funcionarios rusos.

Flynn, sin embargo, fue uno de los principales asesores de política exterior y de campaña de Trump. Siendo un general retirado del ejército de tres estrellas y exdirector de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), era alguien que comparía las opiniones virulentas antimusulmanas de Trump. Era amargamente hostil al Partido Demócrata y a las cúpulas militares y de las agencias de inteligencia por haber sido expulsado como director de la DIA.

Trump lo nombró su asesor de seguridad nacional, un puesto que Flynn mantuvo solo durante los primeros 25 días del Gobierno. Fue expulsado por supuestamente haberle mentido al vicepresidente Mike Pence sobre una conversación en la que Flynn transmitió una solicitud al embajador ruso para Moscú de no tomar represalias agresivas a las sanciones impuestas por la Administración Obama.

Sin embargo, Trump estaba al tanto de esta solicitud, y la Casa Blanca había sido informada del contenido de las llamadas telefónicas y las mentiras de Flynn al FBI por la entonces fiscal general, Sally Yates, 18 días antes de que Flynn fuera despedido. Las llamadas habían sido grabadas por el FBI, que había interceptado el teléfono del embajador ruso.

Incluso después del despido de Flynn, Trump lo alabó repetidas veces, y de acuerdo con el director del FBI James Comey, a quien Trump despidió posteriormente, le pidió directamente a la agencia que retirara su investigación del general retirado.

El viernes, sin embargo, el abogado de Trump emitió un comunicado en el que intentaba distanciar a la Casa Blanca de Flynn, describiéndolo como un “exfuncionario de la administración Obama”.

En una declaración leída al tribunal el viernes, Flynn lamentó haber tenido que “soportar estos meses de acusaciones falsas de ‘traición’ y otros actos escandalosos”, aunque reconoció que “las acciones que reconocí en el tribunal hoy no fueron correctas”.

Si bien Flynn pudo no haber cometido traición, él, como muchos otros miembros importantes del Pentágono, aprovecharon su servicio militar después de ser obligados a retirarse por la Administración Obama en el 2014. Flynn, por ejemplo, es acusado de actuar como cabildero para el Gobierno turco, sin registrar su empresa, Flynn Intel Group, como agentes de un Gobierno extranjero. Según informes, sus actividades incluyeron discusiones sobre secuestrar a Fethullah Gulen, un opositor islamista del régimen de Erdogan que vive en Pensilvania, y llevarlo hasta Turquía.

Entre los hechos más importantes revelados en el caso del fiscal especial contra Flynn se encuentra que la segunda llamada con Kislyak se realizó a petición de un “miembro muy alto” del equipo de transición —identificado por diversas fuentes como Jared Kushner— para asegurar la cooperación de Rusia en abatir o posponer una votación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para censurar a Israel por la expansión de los asentamientos sionistas ilegales en la región ocupada de Cisjordania. El Gobierno de Obama había señalado que, por primera vez, Estados Unidos no vetaría tal medida. Al final, la votación continuó, con la abstención de EUA.

Los medios de comunicación estadounidenses han pasado por alto este tema, ya sea omitiendo cualquier mención de la conexión israelí o no haciendo ningún análisis de su significado. El hecho que el equipo de transición de Trump intervenga en nombre del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, no Putin, trasciende la narrativa de la supuesta intromisión de Moscú en las elecciones del 2016 y de la campaña de propaganda antirrusa que está relacionada tanto con los preparativos de guerra en el exterior como con la supresión de la libertad de expresión y los derechos democráticos en territorio norteamericano.

De la evidencia presentada hasta ahora, aparte de mentirle al FBI y obstruir a la justicia, cualquier ofensa subyacente estaría bajo la Ley Logan, una ley redactada en 1797 que prohíbe a los ciudadanos privados negociar con Gobiernos extranjeros o subvertir las políticas del Gobierno estadounidense.

Nadie ha sido procesado bajo esta ley, a pesar de las intervenciones de los candidatos republicanos Richard Nixon para sabotear las negociaciones de paz con Vietnam en 1968 y Ronald Reagan para retrasar la liberación de los rehenes de la embajada estadounidense en Irán en 1980, con el fin de influir en las elecciones. Cualquier enjuiciamiento de la Administración Trump sería problemático dada la conexión con Israel, cuyos intereses son promovidos regularmente por los políticos de ambos partidos principales.

Aún está por verse si el acuerdo de culpabilidad de Flynn es el primer paso en una táctica para expulsar a Trump de la Casa Blanca. Esto ha tenido lugar en el contexto de los tuits de Trump de videos soeces contra musulmanes de un grupo fascista británico, las amenazas de aniquilar a Corea del Norte con armas nucleares y un cada vez mayor número de comentarios de los medios que cuestionan la cordura del presidente estadounidense. Algunas facciones importantes de la clase gobernante ven la Presidencia de Trump como un desastre para los intereses imperialistas de Estados Unidos en el exterior y para la estabilidad de Estados Unidos en casa.

Detrás de la escalada de la crisis se encuentran tensiones sociales, económicas y geopolíticas intensas ligadas a la erosión tanto del dominio global como de la estabilidad nacional del capitalismo estadounidense. Dentro de la clase dominante capitalista, la oposición a Trump está impulsada en gran medida por la hostilidad hacia cualquier retroceso en la política antirrusa desarrollada bajo Obama.

La destitución de Trump por estos motivos solo crearía las condiciones para que el Gobierno esté aún más firmemente bajo el control del aparato militar y de inteligencia de EUA.