Google contrata a 10.000 revisores para censurar contenido en YouTube

por Zaida Green
11 diciembre 2017

Google está intensificando su campaña de censura en internet, anunciando que expandirá su fuerza de trabajo de censores humanos a más de 10.000, anunció el gigante de internet el 4 de diciembre. El principal blanco de los censores serán vídeos y otro tipo de contenido en YouTube, su plataforma para compartir vídeos, pero trabajará a lo largo de Google para censurar contenido y entrenar sus sistemas automatizados, que eliminan vídeos a una tasa cuatro veces más rápida que sus empleados humanos.

Censores humanos ya han revisado más de 2 millones de vídeos desde junio. YouTube ya ha eliminado más de 150.000 vídeos, el 50 por ciento de los cuales antes de las dos horas de haber sido colgados. La compañía está trabajando para acelerar la tasa de desmantelamiento mediante el aprendizaje por parte de las computadoras en base a la censura manual, según la Directora Ejecutiva de YouTube Susan Wojcicki en una entrada de su blog oficial.

El impulso por contratar de Google es un avance más en la campaña contra cualquier expresión de oposición política. Otros gigantes de las redes sociales han implementado medidas contra las “noticias falsas”; Facebook ha alterado sus algoritmos para reducir la visibilidad de algunas noticias, y Twitter ha prohibido a los medios RT y Sputnik, financiados por Rusia, hacer publicidad en la plataforma. Aunque despotriquen contra el “contenido extremista”, la “explotación infantil” y los “montajes” en interés de la “seguridad pública”, el objetivo último de esta campaña es la supresión del sentimiento de izquierdas y anti-bélico.

Cualquier censura en YouTube tendrá sin dudas un impacto inmenso en el discurso político en internet. Según un libro blanco del conglomerado tecnológico Cisco, los vídeos constituirán el 69 por ciento de todo el tráfico de internet basado en los consumidores en 2017; se espera que ascienda al 80 por ciento en 2019. YouTube esencialmente opera un monopolio del compartir vídeos grabados previamente y de la monetización general de vídeos, con aproximadamente 1,5 mil millones de espectadores que ven mil millones de horas diarias en la plataforma; en 2015, el gestor de políticas de Google, Verity Harding, informó al Parlamento Europeo, que por entonces estaba presionando a YouTube para que censurara contenido “relacionado con el terrorismo”, de que 300 horas de vídeo estaban siendo colgadas en la plataforma cada minuto.

YouTube empezó a quitar documentación fotográfica y de vídeo de los crímenes de guerra en Siria en agosto, cerrando unas 180 cuentas y eliminando incontables vídeos de otros canales, incluyendo filmaciones colgadas por Airwars de incursiones aéreas de la coalición que han matado a civiles, según Hadi al-Khatib, el fundador de Archivo Sirio. YouTube más tarde declaró que trabajaría para “volver a poner rápidamente” cualesquiera vídeos que hubiera “eliminado por error”.

En noviembre, YouTube quitó más de 51.000 vídeos concernientes a Anwar al-Awlaki, el imán yemení-estadounidense que fue asesinado mediante una incursión con misil por parte de la administración Obama el 30 de septiembre de 2011. Awlaki nunca fue acusado, mucho menos condenado, por crimen alguno. La eliminación masiva fue elogiada por el New York Times, uno de los más grandes portavoces de la élite gobernante estadounidense, como un “punto de inflexión”.

El sistema automático de eliminación de vídeos de YouTube, implementado en agosto, pone algunos vídeos bajo un “estado limitado” que hace imposible que los usuarios accedan a esos videos sin tener previamente el URL. Los vídeos limitados no aparecerán en resultados de búsquedas, listas de ejecución, ni en las propias historias de los espectadores. Además, los vídeos ya no pueden recibir las etiquetas de me gusta o no me gusta, recibir comentarios (todos los comentarios previos están escondidos también), ser rentabilizados económicamente, empotrados en otros sitios web, o ser compartidos fácilmente en las redes sociales mediante los botones de compartir de YouTube. YouTube no ha revelado qué criterios usa para categorizar un vídeo como “extremista” y quitarlo de las listas.

La compañía también ha empezado a utilizar desmonetización automática para censurar financieramente a los productores de vídeos que cuelgan contenido que considera “inapropiado” para la monetización, incluyendo “temas sensibles o polémicos, guerra, conflictos políticos, desastres naturales y tragedias, aunque no se muestren imágenes gráficas”. En agosto, los vídeos del “Informe de Libertad de Ron Paul” fueron desmonetizados después de que una “revisión manual” por parte de YouTube lo encontrara “inadecuado para anunciantes”. Julian Assange se refirió a esa decisión como “censura económica”, notando que los vídeos “inadecuados” mostraban las críticas del antiguo congresista a la decisión del presidente Donald Trump de enviar más tropas estadounidenses a Afganistán, así como críticas al Comité de Inteligencia del Senado estadounidense por tachar a Wikileaks de servicio de inteligencia extranjero hostil.

YouTube ha admitido abiertamente en Twitter que está censurando vídeos en base a su contenido, declarando, “si el vídeo además no es adecuado para un público más amplio ... entonces podría tener un peor desempeño”.

El sistema puede también señalizar vídeos de manera preventiva como inadecuados para la publicidad desde antes incluso de ser colgados. En los casos en los que el sistema de censura no puede evaluar el contenido del vídeo —porque no existe— basa su decisión en la descripción del vídeo, las etiquetas y la descripción concisa.

Los requisitos de presentar un recurso contra la desmonetización son extremadamente exigentes, y dejan a la mayoría de los pequeños productores sin recursos. Para presentar un recurso, el canal tiene que tener al menos 1.000 reproducciones en los últimos siete días. A los productores, además, no se les informa de cuándo o qué en su vídeo el sistema considera inadecuado. Tanto los pequeños como los grandes productores se han quejado en Twitter de descensos de dos dígitos en el porcentaje de nuevas reproducciones tras haber sido desmonetizados sus vídeos, lo que hace aún más difícil reunir los requisitos para hacer un recurso.

Google no está solo en su expansión de la censura automatizada. La semana pasada, Facebook anunció su sistema recientemente implementado para escanear publicaciones de usuarios y contactar a la policía y otros servicios de emergencia, supuestamente para evitar suicidios.

El mes pasado, Google admitió haber “bajado la categoría” de contenido de RT y de Sputnik en su buscador y su servicio de noticias, confirmando las alegaciones del World Socialist Web Site de que la compañía está implicada en la censura política masiva en nombre de la lucha contra las “noticias falsas”.