Estados Unidos anuncia un despliegue militar indefinido en Siria

20 enero 2018

El imperialismo estadounidense, según prometió este jueves el secretario de Estado, Rex Tillerson, no abandonará su ambición neocolonial de derrocar al régimen sirio del presidente Bashar al Asad, el cual es respaldado por Rusia e Irán. Demostrando su arrogancia imperialista, Tillerson declaró que Estados Unidos mantendrá fuerzas militares dentro de Siria por un tiempo indefinido y que no aceptará ningún Gobierno en Damascus que no sea un Estado clientelar de EUA.

Por medio de un discurso en el Instituto Hoover de la Universidad de Stanford en California, Tillerson reafirmó la determinación de EUA de llevar a cabo un cambio de régimen en Siria. La exasesora en Seguridad Nacional bajo el Gobierno de Bush, Condoleezza Rice, fue apropiadamente la anfitriona del evento, siendo alguien que debería ser enjuiciada por crímenes de guerra por su papel en la invasión ilegal de Irak.

El pretexto fraudulento de que el único interés de EUA en Siria consiste en combatir a Estado Islámico de Irak y Siria (EI) ha sido puesto a un lado. A lo largo de su discurso, Tillerson denunció varias veces a Irán por apoyar al Gobierno sirio. Este representante de la potencia global que invadió Irak y apuntala dictaduras monárquicas en Arabia Saudita y los Estados del golfo Pérsico acusó a Teherán de buscar “dominar Oriente Próximo”. Luego, declaró que EUA estaba comprometido a “reducir y expulsar la maligna influencia iraní de Siria”.

Tillerson también le exigió a Rusia que dejara de apoyar a Damascus y, en cambio, que “ejerza más presión sobre el régimen” para que renuncie y acepte la instalación de un Estado títere bajo el control de EUA. El objetivo estadounidense, dijo sin atavíos, era “la salida de Asad”.

La criminalidad e hipocresía de la burguesía estadounidense no tiene límites. En medio de las acusaciones histéricas de “injerencia rusa” en las elecciones estadounidenses, Tillerson asevera explícitamente que Estados Unidos decidirá de una u otra manera el futuro de Siria. Entre las fuerzas políticas con las que EUA está colaborando, se encuentran los mismos extremistas islamistas que Washington utilizó para legitimar su intervención en la guerra civil de siete años que ha asolado el país.

La imprudencia de la política delineada por Tillerson es inmensa. Con un cambio de régimen en la mira, EUA procura efectivamente la partición de Siria, separando formalmente el norte del país en forma de un protectorado estadounidense bajo el control de las fuerzas nacionalistas kurdas, mientras que el Este del país será controlado por milicias islamistas.

Tillerson aseveró que EUA recanalizará la ayuda para la reconstrucción de siria a las áreas controladas por sus fuerzas indirectas, mientras que impondrá un embargo económico contra las áreas controladas por el Gobierno sirio. La zona estadounidense será protegida de las fuerzas sirias por los 2.000 efectivos estadounidenses que ya se encuentran en el país y por los activos de las Fuerza Aérea estadounidense en Irak y los Estados del golfo Pérsico.

El día antes del discurso de Tillerson, el vocero de las fuerzas estadounidense en Oriente Próximo anunció planes para formar y armar una milicia anti-Asad de 30.000 soldados. Cientos de los potenciales reclutas de EUA son excombatientes de EI y exmiembros de las milicias asociadas con Al Qaeda, como el frente Al Nusra.

Una de las principales intenciones de los planes estadounidenses es sabotear y hacer descarrilar los pasos encabezados por Rusia para entablar negociaciones que pongan fin a la guerra civil en Siria. Una conferencia a la que han sido invitadas varias facciones anti-Asad está programada para el próximo mes en Sochi, Rusia. Sin embargo, ahora estos elementos han recibido un respaldo militar y financiero ilimitado de EUA para que continúen luchando.

Se estima que la guerra en Siria ha cobrado al menos medio millón de vidas desde el 2011. Más de cinco millones de personas se han visto obligados a escapar del país como refugiados, y al menos seis millones más han sido desplazados de sus hogares dentro de Siria. Ciudades y pueblos enteros han quedado en ruinas por los bombardeos indiscriminados de todos los bandos en este conflicto homicida.

Más que una continuación de los horrores infligidos a las masas sirias, el discurso de Tillerson pregona una gran escalada de la violencia.

La agenda estadounidense ya fue rechazada por el Gobierno sirio, cuyo canciller emitió el siguiente comunicado: “La presencia de militares estadounidenses en territorio sirio es ilegítima y representa una violación del derecho internacional y una agresión contra la soberanía nacional”.

El peligro inmediato es de confrontaciones entre las fuerzas respaldadas por EUA, por un lado, y el Ejército sirio y los voluntarios iraquíes, iraníes y líbanos que están luchando junto con varias milicias chiís, por el otro. Tras derrotar a las fuerzas rebeldes en el resto del país, las operaciones del Gobierno sirio se reenfocarán a recuperar los territorios controlados por la oposición en el norte y este del país. Por el aire, estas operaciones siguen contando con el respaldo de aviones y helicópteros de guerra rusos.

La pregunta obvia suscitada por el discurso de Tillerson es si las fuerzas estadounidenses atacarán a las aeronaves rusas, considerando todas las ramificaciones de tal acto.

También, es posible que los ataques estadounidenses en Siria desencadenen una guerra abierta con Irán o detonen una nueva guerra civil en Irak, con las milicias chiís tomando armas contra el Gobierno respaldado por EUA en Bagdad.

Turquía, un aliado de Washington a través de la OTAN, se opone de igual manera a los planes estadounidenses. El Gobierno turco insiste en que la milicia nacionalista kurda, YPG, respaldada por EUA, es un frente del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK, por sus siglas en kurdo), al que considera una organización “terrorista” y al que ha suprimido brutalmente y por décadas dentro de Turquía. El fin de semana pasado, el presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, acusó al Gobierno de Trump de “crear un ejército terrorista sobre nuestra frontera”.

A pesar de que el discurso de Tillerson el jueves prometiera “abordar la inquietud de Turquía sobre los terroristas del PKK” y mantener “una cooperación estrecha”, esto no cambia el hecho de que Washington está apoyando una formación que la burguesía turca considera como una amenaza para su estabilidad interna e integridad territorial. Erdoğan ha repetido sus advertencias de que Turquía está preparada para invadir el norte de Siria para prevenir que las YPG se consoliden como un cuasi-Estado de facto kurdo. ¿Cómo respondería Estados Unidos?

La nueva etapa de la intriga imperialista estadounidense en Oriente Próximo constituye otro hecho condenatorio más contra el conjunto de agrupaciones pseudoizquierdistas que apoyaron la conspiración para derrocar el régimen de Asad, alegando que los rebeldes respaldados por EUA estaban llevando a cabo una “revolución” por la “democracia”. Todos aquellos que se opusieron a la operación de cambio de régimen de EUA, incluyendo el World Socialist Web Site, fueron acusados de “antiimperialismo irreflexivo”.

Siete años después, el carácter proimperialista de las fuerzas indirectas estadounidenses, sean las formaciones nacionalistas kurdas o las milicias islamistas alineadas con Al Qaeda, es innegable. Como desde un principio, están sirviendo como herramientas de Washington para socavar la influencia iraní y rusa en Oriente Próximo y así afianzar el dominio estadounidense sobre esta región rica en petróleo.

Esto ha resultado en un recrudecimiento profundo del peligro de una guerra regional o una guerra entre potencias nucleares.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 19 de enero de 2018)

James Cogan