La masacre en Parkland y el disfuncionamiento de la sociedad estadounidense

17 febrero 2018

La masacre en el colegio en Parkland, Florida, este miércoles, que cobró la vida de 17 personas. Catorce eran estudiantes de edades 14 a 18: Alyssa Alhadeff, Martin Duque, Nicholas Dworet, Jaime Guttenberg, Luke Hoyer, Cara Loughran, Gina Montalto, Joaquin Oliver, Alaina Petty, Meadow Pollack, Helena Ramsay, Alex Schachter, Carmen Schentrup, y Peter Wang. Tres eran entrenadores: Chris Hixon, Aaron Feis, y Scott Beigel, quien también era profesor de biología.

Hay muchos aspectos horrorosos de este asesinato masivo que requerirán una investigación extensa, incluyendo la presunta conexión del tirador, Nikolas Cruz, con un grupo supremacista blanco, el hecho de que subió a redes sociales que aspiraba a convertirse en un “tirador escolar profesional” y un aviso dado al FBI meses antes de que Cruz fuera al colegio Marjory Stoneman Douglas armado con un rifle AR-15.

Los detalles iniciales sobre Cruz son señales de eventos traumáticos en su infancia. Cruz perdió a su padre adoptivo temprano y, el primero de noviembre, a su madre adoptiva por una epidemia de la gripe. A través de sus años colegiales, se mostraba evidentemente perturbado, manifestando tendencias violentas que culminaron en su expulsión del mismo colegio hace aproximadamente un año.

Todavía queda por determinar el alcance y la naturaleza de sus problemas psicológicos. A medida que se haga disponible más información, los traumas particulares que condicionaron y detonaron su estallido homicida serán detallados. Sin embargo, la evidente presencia de una enfermedad mental para su familia, el personal del colegio y sus conocidos suscita la pregunta: ¿por qué no hubo instituciones sociales y sistemas de apoyo que pudieran intervenir y proveerle el cuidado médico que Cruz necesitaba antes de que sucediera una tragedia?

La realidad es que el caso de Cruz no es nada único. Estados Unidos es una sociedad que está produciendo un importante número de personas con traumas y trastornos psicológicos sumamente severos. El crimen por el que se le acusa no puede ser comprendido ni explicado en términos puramente individuales. En última instancia, la reciente masacre, como todos los episodios previos de asesinatos masivos, es una manifestación de un disfuncionamiento extremo de la sociedad estadounidense.

Según el registro del Washington Post, desde la masacre de Columbine en 1999, más de 150.000 estudiantes en EUA han pasado por un tiroteo en sus escuelas primarias y secundarias. El saldo de muertos es de más de 400.

Los asesinatos indiscriminados dentro de escuelas públicas se han convertido en un fenómeno masivo. Las palabras “tiroteo escolar” son ahora una frase de moda que inmediatamente transmite la imagen de docenas de cuerpos sangrientos, uno o varios jóvenes con trastornos psicológicos disparando al azar, y estudiantes escapando con sus manos sobre sus cabezas y saliendo por donde equipos SWAT entran en dirección contraria.

El día antes de la masacre en Parkland, un baño de sangre similar fue evitado por poco en un colegio en Everett, Washington, en las afueras de Seattle, cuando una abuela les alertó a las autoridades que había percibido que su nieto, quien vivía con ella, estaba planeando un ataque en su escuela. El joven fue encontrado en posesión de armas y explosivos suficientes para causar un gran número de muertes.

El crimen presuntamente cometido por Cruz es pavoroso. Se perdieron muchas vidas y los supervivientes —sus familias y amigos— nunca se recuperarán emocionalmente de tan terrible pérdida. La palabra “cierre”, cuando se refiere a eventos como estos, es uno de los modismos más deshonestos. Es comprensible que las personas sientan enojo e indignación por este acto tan inhumano, pero Cruz no subió del infierno. Él es un producto de la sociedad estadounidense.

Cruz nació en 1998, tan solo unos meses antes de la masacre de abril de 1999 en el colegio Columbine. A lo largo de toda su vida, EUA ha estado librando la interminable “Guerra contra el Terrorismo”, mientras que todos los conflictos en el exterior han estado acompañados de una atmósfera de terror, sospecha, xenofobia y glorificación de la violencia militar.

El brutalmente despiadado día a día en EUA cobra un precio espantoso en términos de sufrimiento humano. La soledad y la enajenación subyacen las enfermedades depresivas que afligen a tantos millones de estadounidenses, y con demasiada frecuencia, la desesperación social lleva a impulsos suicidas, pero también a episodios de violencia homicida.

Durante la adolescencia de Cruz, hubo cuatro tiroteos masivos al sur y el centro de Florida en un periodo de cinco años: siete murieron en un edificio de apartamentos en Hialeah en el 2013; la masacre en la discoteca Pulse del 2016 que cobró 49 vidas; un tiroteo en el aeropuerto internacional de Ft. Lauderdale mató a seis personas en enero del 2017; y el asesinato de seis personas en una fábrica en Orlando, en junio del 2017. Tan recientemente como el primero de octubre del año pasado, un tirador abrió fuego desde su cuarto de hotel en Las Vegas, asesinando a 58 personas e hiriendo a 851 más.

Por encima de esta atmósfera de violencia, Cruz se enlistó en el programa ROTC del Ejército, el cual promueve el militarismo en campus colegiales y universitarios. Sin duda se pudo haber familiarizado ahí con el uso de una AR-15, la versión “para civiles” del arma que utilizan los soldados estadounidenses para patrullar Afganistán, Irak, Siria, Yemen, Somalia y otros países.

El contexto social de la masacre en Parkland será ignorado por los líderes políticos y la prensa corporativa, algo que siempre sucede. La narrativa que prevalece en la élite mediática y política es que todo está básicamente bien en EUA. Después de todo, ¿qué podría estar mal cuando el mercado bursátil sube a alturas temerosas y el dinero les llueve a unos cuantos con suerte? Si existe descontento, entonces no hay otra explicación que la injerencia del presidente ruso, Vladimir Putin.

Sin embargo, la tragedia en Parkland expone y refuta la evasión artificial de la terrible verdad acerca del estado de este país.

El capitalismo estadounidense ha producido una sociedad en la que el asesinato de niños en sus escuelas se ha vuelto algo común. Un estudiante que fue testigo de la masacre aseveró en una entrevista televisiva que las matanzas tienen que acabar. Sí, deben hacerlo. Pero para ello es necesario deshacerse de la inhumana y patológica sociedad capitalista y reemplazarla con el socialismo.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 16 de febrero de 2018)

Patrick Martin