Podemos propone una alianza con el partido derechista Ciudadanos en España

por Paul Mitchell
12 mayo 2018

Iñigo Errejón, número dos en el liderazgo del pseudoizquierdista Podemos en España y candidato a presidente regional en las elecciones de la Comunidad de Madrid del próximo año, ha pedido un “gran acuerdo” con Ciudadanos, la nueva derecha.

Errejón ha pedido que Ciudadanos trabaje junto con Podemos en un “gabinete de transición” para “regenerar” las instituciones en la región de Madrid y restaurar su “dignidad”, tras la renuncia de la presidenta regional del Partido Popular (PP) Cristina Cifuentes el mes pasado en medio de un escándalo de corrupción.

Errejón declaró: “Quiero que el próximo presidente regional sea elegido mediante un gran acuerdo con el PSOE [Partido Socialista], Ciudadanos y nosotros por una alternativa democrática que haga que las elecciones democráticas tengan lugar en un clima político mejor dentro de un año”.

Esta semana, Ciudadanos rechazó la exhortación de Errejón y acordó un nuevo candidato “limpio” del PP para el cargo de presidente regional, Ángel Garrido. Sin embargo, Errejón no estará demasiado decepcionado. Toda su campaña contra el PP fue una tapadera para desechar todo lo que quedaba del discurso radical de Podemos para facilitar la mayor integración de Podemos en la política burguesa.

Errejón ha insistido en que Podemos rectifique su “pecado original” de negarse a hacer acuerdos con otras partes. Ha abandonado los términos “alianza triple” y “bloque dinástico” —referencias al PP, PSOE y Ciudadanos— y ahora habla de las “fuerzas democráticas” y “regenerativas” que comprenden a Podemos, PSOE y Ciudadanos.

También insiste en que Podemos “abandone el discurso catastrófico” sobre la economía, que marcó el lanzamiento del partido, donde habló sobre las nacionalizaciones de las principales compañías y el control de los bancos. Ahora debe desarrollarse, en palabras que resonarían con sus cuadros militares, “un proyecto general de orden con autoridad y prestigio”.

La acogida pública de Ciudadanos por parte de Errejón confirma la política populista, nacionalista y procapitalista en el corazón de Podemos.

Guiado por académicos influidos por los estalinistas y teóricamente enraizado en un rechazo postmodernista del marxismo y el papel revolucionario de la clase trabajadora, Podemos articula los intereses de las capas opulentas de la clase media. Su orientación hacia Ciudadanos es una expresión del fenómeno global de la trayectoria derechista de la pseudoizquierda.

Syriza hizo su sórdido acuerdo con el pequeño partido xenófobo de los Griegos Independientes (ANEL) nada más llegar al poder en Grecia. Podemos se está prostituyendo, primero con el PSOE y ahora con Ciudadanos, incluso antes de que olfatee algún arreglo futuro de poder compartido y sabiendo que se lo relegará para funcionar como un socio menor.

Ciudadanos es una formación neoliberal, que quiere imponer profundas reformas estructurales en el mercado laboral, la salud y los sistemas de pensiones de España, al tiempo que reduciría el impuesto a las sociedades y el impuesto a las rentas superiores. Es el defensor más decidido del nacionalismo español, criticando al gobierno del PP por su falta de resolución en Cataluña y, por extensión, en toda España. Esta semana, el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, amenazó al primer ministro del PP, Mariano Rajoy, con que Ciudadanos dejaría de apoyar a su gobierno minoritario si no “endurecía” su posición en Cataluña.

Ciudadanos se ha formado a partir de un partido antiseparatista antes oscuro en Cataluña para ser ahora un partido de alcance nacional y que ganó más de 3,5 millones de votos en las elecciones generales de 2015 y 40 de los 350 escaños en el Congreso de los Diputados. Las encuestas sugieren que se convertiría en el partido más grande en el Congreso si las elecciones se llevaran a cabo ahora, habiendo logrado avances dramáticos desde que estallara la crisis sobre la independencia catalana el año pasado. Su capacidad de ganar apoyo en las áreas de clase trabajadora de habla hispana en Cataluña es una acusación devastadora contra el PSOE y su socio menor, Podemos, que no atrae a ningún sector de la clase trabajadora, y mucho menos promueve una perspectiva de unidad de clase.

Según el profesor de la Escuela de Economía de Londres, Luis Garicano, el principal arquitecto de políticas de Ciudadanos, “tenemos que reformar todo excepto la Monarquía y las fronteras de España”.

En 2014, Garicano le dijo al Financial Times: “Un sistema político bipartidista estable ha sido uno de los mayores puntos fuertes de España en la época posterior al franquismo. Pero desde 2008, la brutal crisis económica —junto con la creciente evidencia de que grandes sectores de ambas partes han funcionado como motores de mecenazgo, sobornos y tráfico de influencias— ha socavado la legitimidad del sistema y ha permitido que florezcan dos amenazas existenciales al orden constitucional”. Enumeró las dos amenazas como la desintegración de España, debida a la crisis en Cataluña, y el crecimiento de la oposición de la clase trabajadora, que identificó con el crecimiento de Podemos.

Errejón se sintió confiado para lanzar su propuesta a una pandilla tan abiertamente derechista porque su nombramiento para encabezar la lista del partido fue concebido por su otrora rival, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, para evitar una amarga crisis de facciones, incluido un intento de derrocarlo. Como parte del acuerdo, Ramón Espinar, que controla el comité regional de Madrid y está aliado con Iglesias, fue nombrado número tres en la lista.

Poco de sustancia separa las dos facciones, y nunca fue más que una cuestión de hasta qué punto el partido debería dar un bandazo a la derecha. Iglesias prefiere el tipo de acuerdos de confianza que el Partido Socialista Portugués (PSP) y el Bloque de Izquierda, similar a Podemos, han acordado, mientras que Errejón prefiere unirse formalmente a una coalición u ocupar puestos ministeriales.

La llamada de Errejón a “cooperar” con Ciudadanos es una prueba de que nunca hubo mucha separación entre los dos partidos. Ambos surgieron cuando la configuración bipartidista que involucraba al PP y al PSOE comenzó a desmoronarse tras la crisis económica global de 2008 y se desacreditó aún más durante los años de austeridad. Ciudadanos y Podemos intentan desviar la oposición a la contrarrevolución social contra la clase trabajadora detrás de las críticas a la “casta” del PP/PSOE y su amiguismo y corrupción —Ciudadanos desde la derecha y Podemos desde un aparente punto de vista izquierdista—.

El apoyo a Podemos se ha desplomado desde que se lanzara hace cuatro años con un popular mensaje antiausteridad. En menos de un año, Podemos ha pasado de ser una alternativa al PP en el poder a la cuarta fuerza política, detrás de Ciudadanos, y cada vez más lejos de su objetivo de superar al PSOE. La clase trabajadora ha sido testigo de primera mano de cómo Podemos gobierna en los “ayuntamientos del cambio”: la imposición de medidas de austeridad, recortes, huelgas y ataques a los inmigrantes. Las encuestas sugieren que solo alrededor de la mitad de sus partidarios (unos 2,7 millones de personas) votarán nuevamente, que una cuarta parte se “desmovilizarán” y el resto votarán a otro partido.

El grupo pablista Anticapitalistas ha adoptado su charada habitual de criticar la capitulación y las traiciones del liderazgo de Podemos, antes de insistir en que el partido —del que depende para las posiciones y privilegios en la máquina estatal— pueda “salvarse” creando un “nuevo espacio” con otros “actores” fuera de Podemos para aumentar la presión sobre Iglesias, Errejón et al.

Raúl Camargo, diputado de la Asamblea Regional de Madrid y líder de Anticapitalistas, se quejó de que Podemos “aleja a las personas de la participación, genera desafección en amplios sectores de la sociedad y promueve una lógica de competencia despiadada más propia de una empresa que de un espacio político que aspire a transformar la sociedad”.

En el siguiente aliento, declaró, “vamos a comenzar un movimiento para tratar de convencer a todos (incluidos Errejón-Espinar) de que hay otra forma de hacer las cosas que pueden ser más útiles, tanto para ganar como para transformar las cosas”.

La portavoz de Podemos en la Asamblea y la líder anticapitalista Lorena Ruiz-Huerta declaró: “No puedo aceptar el ofrecimiento de Errejón y Espinar para que me una a su lista, que no se basa en un proyecto político para la Comunidad de Madrid, sino en una distribución de escaños 60-40”. El Espa ñ ol reveló que sus fuentes de Anticapitalistas habían dicho que tales protestas eran más “una súplica por atención que una amenaza real de irse”.

La facción de Iglesias ignora las súplicas de Anticapitalistas diciendo que solo representan el 15 por ciento de Podemos y que no tendrían ningún futuro fuera del partido. La facción de Errejón, continúa El Espa ñ ol, dice que quieren “acercarse” a los anticapitalistas, pero que no perderán el sueño si no lo logran.

El cofundador de Podemos, Juan Carlos Monedero, criticó a los anticapitalistas porque “Podemos tiene que construir un frente amplio y todos son necesarios, de lo contrario, la derecha seguirá gobernando”. Los anticapitalistas, advirtió Monedero, “también deberían pensar que la última vez que se presentaron por separado [en unas elecciones] recibieron 23.000 votos en España, mientras que ahora son quizás el grupo trotskista con la mayor presencia institucional en el mundo”.

Esperaba que esta responsabilidad “tal vez los haga cambiar de opinión”.

(Publicado originalmente en inglés el 11 de mayo de 2018)