El resurgimiento de la lucha de clases: más huelgas en los EUA en cuatro meses de 2018 que todo el año pasado

por Jerry White
14 mayo 2018

Ya se han producido más paros laborales importantes este año en los EUA que en todo el 2017, cuando los docentes y otras secciones de trabajadores han comenzado a romper con el control de los sindicatos sobre ellos y expresar su oposición independientemente.

Hubo solo siete paros laborales de 1.000 o más trabajadores en 2017, el segundo año más bajo en huelgas desde 1947, y el menor desde 2009, cuando solo hubo cinco huelgas. Este año ya se han producido al menos 10 paros laborales importantes y se están gestando muchos más.

Maestros en Oklahoma

"Olas de trabajadores están montando piquetes en 2018", tituló CBS News el 8 de mayo. "Desde maestros que abandonan las aulas en varios estados hasta trabajadores de hospitales que caminan piquetes en California, se está sucediendo un aumento de huelga en 2018 ... Los primeros tres meses de 2018 han visto un resurgimiento de actividad en el frente laboral, y el segundo trimestre parece que será más activo aun, mientras los trabajadores reclaman temas como el salario, los beneficios y, en el caso de algunos maestros, la angustia por la falta de fondos para equipos y suministros".

Las huelgas en lo que va del año incluyen:

* La huelga de nueve días de 33.000 maestros de West Virginia y empleados escolares a fines de febrero y marzo.

* Una huelga de un día el 19 de marzo por maestros en el territorio estadounidense de Puerto Rico

* Una huelga de 12 días por 2.700 graduados más maestros asistentes de la Universidad de Illinois-Urbana-Champaign en febrero y marzo.

* Una huelga de tres semanas por parte de 1.400 trabajadores de telecomunicaciones de Frontier en Virginia y Virginia Occidental.

* Una huelga de un día por 4.000 maestros en Jersey City, Nueva Jersey el 17 de marzo.

* La huelga de nueve días de 30.000 maestros de Oklahoma en abril.

* Una huelga de una semana por 3.000 maestros asistentes e investigadores en la Universidad de Columbia en abril y mayo.

* La huelga del 26 de abril al 3 de mayo por 60.000 maestros de Arizona

* Una huelga de tres días por parte de 53.000 funcionarios de servicio de alimentos de la Universidad de California, incluyendo jardineros, personal de limpieza y enfermeras en los campus universitarios y centros médicos.

* El bloqueo en curso de 1.400 trabajadores de Charter Communications en la ciudad de Nueva York.

Alrededor de 900 maestros están actualmente en huelga en Pueblo, Colorado, en un estado donde miles de personas dejaron el trabajo aduciendo estar enfermos el mes pasado para exigir salarios más altos y restaurar el financiamiento escolar.

A principios de este año, los conductores de autobuses escolares dejaron sus puestos en Seattle y Pasadena, California, y 350 miembros de la facultad se presentaron en la Universidad de Loyola en Chicago. Nuevas huelgas han comenzado por 600 trabajadores de la industria aeroespacial en United Launch Alliance en Alabama, California y Florida, en New Hampshire por obreros de línea eléctricas.

Las luchas hasta ahora son una expresión inicial de lo que está por venir. En las próximas semanas, se planean protestas de docentes en Carolina del Norte y del Sur; los estudiantes de posgrado amenazan con ir a la Universidad de Washington; y 50.000 trabajadores de casinos y hotelería votaron a favor de irse a la huelga. Los educadores en Dallas podrían ir a la huelga en septiembre cuando se vuelva a abrir la escuela.

Existe una amplia oposición de las bases a un acuerdo que están preparando el sindicato de los Teamsters para 280.000 trabajadores del United Parcel Service (UPS) cuando su contrato actual finalice el 31 de julio. De acuerdo con los informes de noticias, los Teamsters y UPS están discutiendo sistema salarial de doble nivel que permitiría a la empresa contratar trabajadores con salarios más bajos para entregar paquetes los fines de semana, incluidos los domingos, para competir con las entregas de la Oficina postal de los EUA en Amazon.

La compañía con sede en Atlanta, que abrió el camino para que los trabajadores de almacén a tiempo parcial reciban bajos sueldos, aceptada por los Teamsters en la década de 1970, ahora quiere crear una posición de "conductor híbrido" que comience a $15 por hora para que la empresa no tenga que pagar horas extras a los trabajadores mejor pagados por trabajar los fines de semana.

Y el 20 de septiembre expira un acuerdo laboral que cubre a 200.000 trabajadores del Servicio Postal de EUA, mientras crece la oposición entre cientos de miles de trabajadores de Amazon no sindicalizados que reciben salarios bajos y están sujetos a condiciones de maquiladoras.

También hay una rebelión incipiente entre los trabajadores contra el sindicato United Auto Workers (UAW) más de un año antes de que el contrato expire para 140.000 trabajadores en General Motors, Ford y Fiat Chrysler. A principios de este mes, los trabajadores de la Asamblea de Flat Rock en las afueras de Detroit abandonaron el trabajo cuando la gerencia intentó reanudar la producción luego de que las piernas de un trabajador se aplastaron en un accidente industrial.

La UAW está actualmente envuelta en un escándalo de corrupción después de que se descubriera que los ejecutivos sindicales aceptaron millones en sobornos para firmar contratos amistosos con la compañía, que redujeron a la mitad los salarios de los nuevos empleados, alargaron la jornada laboral y ampliaron el uso de trabajadores temporales a tiempo parcial que pagan cuotas sindicales y no tienen derechos.

El período de 10 años comprendido entre 2007 y 2016 registró el número más bajo de paros laborales importantes desde que la Oficina de Estadísticas Laborales de EUA comenzó a recopilar datos en 1947, con un promedio de solo 14 por año. Esto se compara con un promedio de 145 por año en 1977-1986, 332 en 1967-1976 y 344 en 1947-1956.

La supresión de la lucha de clases por parte de los sindicatos abrió el camino a la elite gobernante estadounidense para reestructurar las relaciones de clase tras el colapso financiero de 2008. Con la ayuda de los sindicatos, la rentabilidad corporativa se restableció mediante un impulso implacable para recortar los salarios y cambiar el costo de la atención médica y las pensiones a los trabajadores, y la burbuja bursátil subió al proporcionársele crédito casi gratuito a los especuladores financieros. El programa de "flexibilización cuantitativa" de la administración Obama dependió de contener "inflación", la palabra clave para aumentar los salarios.

La histórica redistribución de la riqueza de abajo hacia arriba que ocurrió bajo Obama continúa bajo Trump, quien ha recortado los impuestos corporativos y ha tratado de eliminar todas las regulaciones sobre las grandes empresas, abarcando desde la salud y la seguridad hasta las leyes ambientales. Su administración está planeando evitar las prohibiciones de emplear a trabajadores jóvenes menores de 18 años en ocupaciones peligrosas.

Las corporaciones estadounidenses tienen una acumulación de efectivo estimada en más de $2 billones y están despilfarrando cantidades récord en dividendos y recompras de acciones para sus inversores más ricos y ejecutivos corporativos. Al mismo tiempo, a pesar del supuesto "pleno empleo" en los EUA —con la tasa de desempleo oficial en el nivel más bajo desde 1969— los salarios solo aumentaron un 2,6 por ciento año tras año, según el informe de empleo de la semana pasada, apenas por encima de la tasa oficial de inflación del 2,1 por ciento.

Los sindicatos han tratado de bloquear cualquier huelga y, cuando no pueden, aislarlas, desgastando a los huelguistas y con el fin de terminar las huelgas antes de que tengan la oportunidad de propagarse. En West Virginia, Oklahoma y Arizona, la Asociación Nacional de Educación (NEA), la Federación Estadounidense de Maestros (AFT) y sus afiliadas estatales aceptaron acuerdos con gobiernos estatales que ignoraron las demandas de los maestros y financiaron mínimos aumentos salariales con el recorte de otros servicios esenciales e impuestos regresivos que golpearán más duramente a los trabajadores.

Aliados con el Partido Demócrata, los sindicatos procapitalistas y los ejecutivos millonarios que los dirigen temen que estas luchas individuales sectoriales se puedan unificar en un movimiento más amplio de la clase trabajadora. Sin embargo, a los sindicatos desacreditados y corruptos les resulta cada vez más difícil suprimir la oposición a su colusión de décadas con el estado y los empleadores.

Las huelgas que han estallado, especialmente entre los docentes, han sido en gran parte iniciadas por los trabajadores de base, utilizando las redes sociales, en oposición a los sindicatos rompe huelgas. Esto ha causado miedo en todo el establecimiento corporativo y político. Respondiendo a este desafío desde abajo, los demócratas están tratando de hacer todo lo posible para apuntalar a los desacreditados sindicatos y reafirmar su dominio sobre los trabajadores.

El senador de Vermont Bernie Sanders y un grupo de demócratas, incluidos los senadores Elizabeth Warren, Kirsten Gillibrand y Sherrod Brown, presentaron el miércoles la Ley de Democracia en los Centros de Trabajo, para apuntalar los intereses financieros e institucionales de los sindicatos antiobreros, haciendo que sea más fácil para los sindicatos inscribir a nuevos trabajadores con verificaciones de tarjetas y prohibir las leyes de "derecho al trabajo" que permiten a los trabajadores optar por unirse y pagar las cuotas como condición para el empleo.

"Se podría argumentar que en este momento el movimiento sindical, por débil que sea, es la última línea de defensa contra una agenda corporativa que no solo quiere exenciones impositivas para los multimillonarios sino que quiere privatizar la Seguridad Social, Medicare y Medicaid", Sanders dijo.

De hecho, los sindicatos son la "última línea de defensa" del Partido Demócrata y el sistema capitalista que ellos defienden. Lejos de oponerse a los implacables ataques de las corporaciones y de los dos grandes grupos empresariales sobre el nivel de vida de los trabajadores y los servicios esenciales como la educación pública, los sindicatos han sido socios en estos ataques.

La ola creciente de huelgas es solo la etapa inicial de un poderoso resurgimiento de la lucha de clases que se avecina en los Estados Unidos e internacionalmente. Los trabajadores requieren nuevas formas de organización de base, comités de fábricas y en todos los centros de trabajo, independientes de los sindicatos nacionalistas y procapitalistas, para librar las batallas que se aproximan.

Todas estas luchas separadas deben combinarse en una huelga general para luchar por los derechos sociales de la clase trabajadora, incluido el derecho a un trabajo bien pagado y seguro, atención médica y pensiones totalmente financiadas, y una gran expansión de fondos para la educación pública y otros programas esenciales.

El resurgimiento de la lucha de clases debe estar conectado a un movimiento político de la clase obrera, en los EUA e internacionalmente, contra el sistema capitalista y su estado. Todos los esfuerzos para implementar las reformas sociales que se necesitan desesperadamente requieren la expropiación de las fortunas de la oligarquía capitalista y un asalto frontal a la dictadura de los bancos y corporaciones gigantes. Esto requiere una lucha de la clase trabajadora para tomar el poder político en sus propias manos y reemplazar el capitalismo con el socialismo.

(Publicado originalmente en inglés el 11 de mayo de 2018)