Estados Unidos planea detener a menores en bases militares y Trump llama a los inmigrantes “animales”

por Bill Van Auken
21 mayo 2018

Las autoridades estadounidenses están inspeccionando bases militares estadounidenses para convertirlos en campos de concentración para miles de niños que pretenden quitarles a sus padres en la frontera con Estados Unidos, según una nueva política draconiana anunciada por la Administración de Trump.

Los planes para la detención masiva de niños refugiados —en algunos casos bebés arrancados de las manos de sus madres— en sitios asegurados por tropas armadas han surgido en medio de una escalada constante de políticas antiinmigrantes y una retórica que ha asumido un carácter cada vez más fascista.

Las concepciones que impulsan la política de inmigración fueron explicadas por Donald Trump durante un acto de propaganda derechista realizado en la Casa Blanca el miércoles en el que el presidente se reunió con una docena de alcaldes, sheriffs y otros funcionarios republicanos de California que se oponen a la llamada "ley santuario".

La Administración de Trump y la derecha republicana han retratado dicha legislación, la cual fue aprobada el año pasado, cromo un desafío inconstitucional al control federal sobre la política de inmigración. En realidad, lejos de proteger a los inmigrantes, California simplemente exige que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), una agencia de la policía nacional acostumbrada a llevar a cabo búsquedas sin orden judicial y burlar los derechos constitucionales, siga el debido proceso para obtener la cooperación de los Gobiernos locales y policía estatal.

Quejándose sobre una inexistente ola de crímenes causada por el supuesto impedimento de la ley para arrestar a "delincuentes extranjeros", Trump declaró: "Tenemos gente entrando al país, o tratando de entrar, y estamos deteniendo una gran cantidad de ellos, pero estamos sacando gente del país. No creerían lo malas que son estas personas. Estas no son personas. Estos son animales”.

El comentario provocó protestas de los defensores de los derechos de los inmigrantes dentro de Estados Unidos, así como del Gobierno de México, cuyo ministro de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, dijo que la observación era "absolutamente inaceptable" y que el Gobierno mexicano presentaría una queja formal ante el Departamento de Estado de EUA.

Videgaray estaba particularmente perturbado por las declaraciones de Trump acusando a México de no haber hecho "nada por nosotros, especialmente en la frontera". En realidad, México —con asistencia estadounidense— ha llevado a cabo una represión masiva en su propia frontera sur, deteniendo y deportando a decenas de miles de centroamericanos que buscan escapar de las intolerables condiciones de violencia y pobreza en sus países.

La calificación de los inmigrantes como "animales" se produjo tras una declaración hecha la semana anterior por John Kelly, jefe de gabinete de la Casa Blanca y exsecretario de Seguridad Nacional, quien comentó en una entrevista que la gran mayoría de los inmigrantes indocumentados que entran a EUA “no son personas que se asimilarían fácilmente a Estados Unidos, a nuestra sociedad moderna".

Esta deshumanización literal y la demonización continua de los refugiados y otros inmigrantes indocumentados se dirige no solo a aumentar el apoyo a Trump en la extrema derecha, sino también a justificar una política que esencialmente criminaliza la migración.

Los Departamentos de Seguridad Nacional y de Justicia de EUA han presentado una nueva política feroz contra los inmigrantes que exige el enjuiciamiento penal de todos los inmigrantes detenidos que crucen la frontera sin documentos y la separación de los niños que viajen con ellos mientras son enviados a la cárcel en espera de un juicio. El fiscal general Jeff Sessions recientemente acusó a las familias inmigrantes que ingresan a EUA de "contrabandear" a sus propios hijos. "Ese niño será separado de usted como lo exige la ley", declaró. "Si no te gusta eso, entonces no pases niños de contrabando por nuestra frontera".

Esta política salvaje inevitablemente resultará en decenas de miles de niños separados de sus padres por parte del Gobierno estadounidense. Preparándose para este resultado criminal que tendrá esta política migratoria de tinte fascista, el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas en inglés) comenzó a realizar visitas a cuatro instalaciones militares estadounidenses —el fuerte Bliss, la base aérea Goodfellow, la base aérea Dyess en Texas y la base aérea Little Rock en Arkansas— para evaluar su idoneidad para albergar centros de detención infantil.

El Washington Post informó por primera vez sobre la decisión de recurrir a los militares para manejar el encarcelamiento de los niños migrantes, citando correos electrónicos del HHS al Pentágono.

HHS ya tiene una red de 100 albergues distribuidos en 14 estados con capacidad para encarcelar a 10.571 niños migrantes. Según la agencia, ese sistema ya está lleno hasta el 91 por ciento de su capacidad.

El arresto de los padres y el secuestro de sus hijos son políticas desarrolladas por la Administración de Trump para servir como un "elemento de disuasión" contra los refugiados e inmigrantes que buscan ingresar a los Estados Unidos.

Al defender esta iniciativa brutal en una entrevista con National Public Radio, la secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, declaró: "Esto no es diferente de lo que hacemos todos los días en cada parte de los Estados Unidos cuando un adulto de una familia comete un delito. Si usted, como padre, entra a casa ajena, la policía lo encarcelará y, por lo tanto, lo separará de su familia. Estamos haciendo lo mismo en la frontera”.

Esta lógica es impresionante. Cada inmigrante es, por definición, un criminal, nada diferente de un ladrón. Desestiman los derechos de los refugiados en su totalidad, garantizados por el derecho internacional. Muchas de las familias que llegan a la frontera estadounidense huyen de América Central, donde el imperialismo estadounidense cometió verdaderos crímenes en forma de apoyo a dictaduras militares, guerras civiles genocidas y ejércitos terroristas, destrozando sociedades enteras.

El uso de bases militares estadounidenses para encarcelar a niños inmigrantes no es inédito. En el 2014, bajo la Administración de Obama, se utilizaron bases en Oklahoma, Texas y California para albergar a 7.000 niños durante meses. Otros fueron encarcelados en condiciones inhumanas en almacenes convertidos en prisiones improvisadas sin saneamiento adecuado, atención médica ni espacio para camas.

Estas condiciones espantosas dieron lugar a impugnaciones legales y fallos judiciales federales que exigen que el Gobierno evite la detención de menores siempre que sea posible y rechaza la disuasión de la inmigración como una justificación válida para detener a familias inmigrantes y niños que solicitan asilo. La administración de Trump ahora intenta evadir estas resoluciones.

La lógica de las políticas de inmigración de Estados Unidos fue expresada de manera típicamente viciosa por la agente provocadora ultraderechista en la prensa, Ann Coulter, quien tuiteó a principios de esta semana en respuesta a un artículo del New York Times que informaba sobre los francotiradores israelíes que abatieron a manifestantes palestinos desarmados en la frontera de Gaza, "¿Podemos hacer eso?".

Esta no fue una simple broma. La frontera entre Estados Unidos y México ya es una de las fronteras más militarizadas del planeta. La Administración de Trump, al igual que el Gobierno de Obama, ha movilizado a miles de tropas de la Guardia Nacional para aumentar las fuerzas de la Patrulla Fronteriza, que recientemente solicitó refuerzos militares adicionales respaldados por helicópteros y otros equipos militares.

Después de haber dado su apoyo incondicional a la masacre israelí de los manifestantes palestinos en Gaza, no es difícil imaginar que el Gobierno estadounidense llegue a emplear una fuerza letal similar contra inmigrantes indocumentados y refugiados en la frontera entre Estados Unidos y México y, de hecho, contra la oposición de la clase trabajadora estadounidense misma.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 18 de mayo de 2018)