Un viejo activo de la CIA es identificado como el espía del FBI en la campaña de Trump

por Bill Van Auken
22 mayo 2018

La identificación de Stefan Halper como el individuo enviado por el FBI para espiar la campaña de Trump durante la campaña electoral de 2016 ha agravado aún más la enconada guerra política dentro del aparato estatal y la élite política de Estados Unidos. Halper es un activo de la CIA desde hace mucho tiempo con profundos lazos con la inteligencia estadounidense y británica.

Varios reportes que afirmaban que el FBI había utilizado un informante confidencial para recopilar información sobre la campaña de Trump llevaron al presidente estadounidense, Donald Trump, a anunciar el domingo por medio de Twitter: "¡Exijo, y lo haré oficialmente mañana, que el Departamento de Justicia [DOJ, por sus siglas en inglés] analice si el FBI/DOJ se infiltró o vigiló la Campaña de Trump para Fines Políticos, y si tales demandas o solicitudes fueron hechas por personas dentro de la Administración de Obama!".

Repitiendo su denuncia contra la investigación encabezada por Robert Mueller, el fiscal especial que por el último año ha indagado sobre la supuesta interferencia rusa en las elecciones de 2016 y la posible colusión de la campaña de Trump, como una "caza de brujas", Trump declaró la semana pasada que el informe de que el FBI espió su campaña constituye un escándalo político "más grande que Watergate".

Unas horas después del último tuit de Trump, el fiscal general adjunto Rod Rosenstein emitió un comunicado diciendo que el Departamento de Justicia había remitido el asunto a su inspector general, quien ya está revisando las solicitudes al Tribunal de Vigilancia de Inteligencia Extranjera para monitorear al exasesor de campaña de Trump, Carter Page. Rosenstein dijo que el inspector general determinaría "si hubo alguna motivación inapropiada o política en la forma en que el FBI realizó su investigación de contrainteligencia de las personas sospechosas de estar involucradas con los agentes rusos que interfirieron en las elecciones presidenciales de 2016".

La identificación de Halper, quien fue uno de los protagonistas de una conspiración de agentes de inteligencia para subvertir la campaña de reelección del entonces presidente Jimmy Carter en 1980, como el espía encubierto del FBI ha sido objeto de un acalorado debate en Washington y los medios de comunicación.

Tanto el New York Times como el Washington Post, los dos periódicos de referencia de la élite política estadounidense, han obedecido al pie de la letra las demandas del FBI de ocultar la identidad de Halper.

El Post informó que ocultaba la identidad del espía al pueblo estadounidense debido a "las advertencias de los funcionarios de inteligencia estadounidenses de que exponerlo podría ponerlo en peligro a él o sus contactos". Por su parte, el Times simplemente indicó que estaba siguiendo el procedimiento operativo estándar, afirmando que "ha descubierto la identidad de la fuente, pero por lo general no nombra informantes para preservar su seguridad". Nada podría exponer más claramente a los medios estadounidenses como apéndices propagandísticos de las agencias de inteligencia estadounidenses.

La Casa Blanca ha apoyado al presidente republicano de la comisión de inteligencia de la Cámara de Representantes, Devin Nunes de California, quien solicitó órdenes judiciales exigiendo que el Departamento de Justicia entregue documentos sobre los orígenes de la investigación sobre la campaña de Trump y el papel de los espías del FBI. Nunes ha exigido que el fiscal general adjunto, Rod Rosenstein, sea acusado por desacato al Congreso por negarse a entregar los documentos.

Los demócratas se han atrincherado detrás del FBI en desafiar el poder de supervisión del Congreso. Los líderes demócratas han corrido a defender a las agencias de inteligencia, denunciando a Trump y a Nunes por supuestamente poner en riesgo la seguridad de EUA.

El senador Mark Warner, el demócrata de mayor rango en la comisión de inteligencia del Senado, apareció en el programa CBS News "Face the Nation" el domingo —mucho después de que la identidad de Halper como agente encubierto del FBI hubiera sido revelada en varias publicaciones— para amenazar que "cuando las personas quieren tratar de revelar información clasificada sobre la identidad de una fuente del FBI o de la CIA, eso es contrario a la ley".

Warner prosiguió advirtiendo que el ataque al Departamento de Justicia y al FBI por parte de Trump y sus aliados "lleva a ... una era donde la gente puede comenzar a decir que voy a decidir cuáles leyes quiero seguir y cuáles no”. Luego declaró que "la información clasificada, la identidad de los agentes es sacrosanta".

El líder demócrata en la comisión de inteligencia de la Cámara de Representantes, Adam Schiff de California, hizo eco de Warner. Refiriéndose al espía del FBI en el programa dominical de NBC "Meet the Press", manifestó que "revelar información sobre este individuo podría comprometer la vida de las personas, podría traicionar una relación con nuestros aliados, podría comprometer la investigación".

Esta histérica defensa de la cubierta ya expuesta del informante del FBI es acorde con el enfoque político general de la oposición del Partido Demócrata contra Trump, la cual no va dirigida en contra de su guerra contra los inmigrantes, sus ataques a los programas sociales o recortes de impuestos para los ricos, sino más bien gira en torno a sus acusaciones de “injerencia rusa" en las elecciones de 2016 y "colusión" de la campaña de Trump.

Esta campaña perseguida prolongadamente por los Demócratas y los medios, junto con la investigación de Mueller, ahora en su segundo año, no ha producido evidencia alguna para corroborar que una "intromisión" del Gobierno ruso haya tenido algún efecto en las elecciones estadounidenses a favor de Trump. La "prueba" más ampliamente citada de la interferencia rusa es la supuesta compra por parte de rusos no identificados de anuncios publicitarios en Facebook por un monto de $100.000, menos que una gota en un balde de agua, ya que la campaña presidencial costó $4 mil millones.

La revelación del papel de Halper en el espionaje de la campaña de Trump ha expuesto como una mentira la explicación previa del origen de la investigación del FBI sobre presuntos vínculos rusos con la campaña de Trump. Como informó el New York Times la semana pasada, en un extenso artículo basado en fuentes gubernamentales no identificadas, la investigación fue lanzada supuestamente después de que el embajador australiano en Reino Unido, Alexander Downer, se comunicara con las autoridades estadounidenses para contarles sobre una conversación con George Papadopoulos, asesor de política exterior Trump, en la que le contó sobre los esfuerzos para conseguir “secretos sucios” sobre Hillary Clinton de fuentes rusas.

Ahora está claro, sin embargo, que Halper fue enviado a espiar la campaña de Trump antes de cualquier contacto con el embajador australiano. Según los informes, se reunió a principios de julio de 2016 con al menos tres asesores de campaña de Trump. Papadopoulos y el exasesor de seguridad nacional general, Michael Flynn, desde entonces se han declarado culpables de hacer declaraciones falsas a los investigadores del FBI sobre sus contactos con personas rusas. El tercero, Carter Page, fue objeto de una orden de vigilancia del FBI.

Los documentos del Pentágono indican que el misterioso brazo de inteligencia del Departamento de Defensa, la Oficina de Evaluación de la Red, le pagó a Halper $282.000 en 2016 y $129.000 en 2017. Según los informes, Halper intentó conseguir la colaboración de Papadopoulos ofreciéndole $3.000 y un viaje con todos los gastos pagados a Londres, ostensiblemente para producir un documento de investigación sobre cuestiones de energía en el Mediterráneo oriental.

La elección de Halper para esta operación de espionaje tiene implicaciones siniestras. Sus profundos lazos con el aparato de inteligencia de Estados Unidos se remontan varias décadas atrás. Su suegro era Ray Cline, quien encabezó la Dirección de Inteligencia de la CIA en el momento álgido de la Guerra Fría. Halper fue asistente de Donald Rumsfeld, Dick Cheney y Alexander Haig en las administraciones de Nixon y Ford.

En 1980, como director de coordinación de políticas para la campaña presidencial de Ronald Reagan, Halper supervisó una operación en la que funcionarios de la CIA le dieron a la campaña información confidencial sobre la Administración de Carter y su política exterior. Esta inteligencia fue utilizada a su vez para impulsar las negociaciones entre el director de campaña de Reagan y el subsecuente director de la CIA, William Casey, y representantes de Irán para retrasar la liberación de los rehenes de la embajada estadounidense hasta después de las elecciones, para evitar que Carter anotase una victoria en el exterior en la víspera de la votación de noviembre.

Posteriormente, Halper ocupó cargos como vicesecretario adjunto de Estado para asuntos político-militares y asesor principal del Departamento de Justicia y el Pentágono. Más recientemente, Halper ha colaborado con Richard Dearlove, exdirector del MI6, el servicio de inteligencia británico, en la dirección de Cambridge Security Initiative, un centro de pensamiento sobre seguridad que enumera a los Gobiernos de los Estados Unidos y el Reino Unido como sus principales clientes.

Antes de las elecciones de 2016, Halper había expresado su punto de vista, compartido por las capas predominantes dentro de las agencias de inteligencia, de que la elección de Clinton sería "menos perjudicial" que la de Trump.

Las revelaciones del papel desempeñado por Halper apuntan a una intervención en las elecciones de 2016 por parte de las agencias de inteligencia estadounidenses que eclipsó por mucho todo lo que uno podría imaginar que intentara hacer el Kremlin.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 21 de mayo de 2018)