Incendio de Museo Nacional de Brasil: un crimen capitalista contra patrimonio de la humanidad

por Bill Van Auken
7 septiembre 2018

El Museo Nacional de Brasil en Río de Janeiro fue destruido la noche del domingo por un voraz incendio que no solo consumió el palacio que albergaba la institución construido en el siglo XIX, sino también una vasta e irremplazable colección que lo hacía con creces el mayor museo de historia natural y antropología de América Latina. La mayoría de los 20 millones de artículos que contenía fueron destruidos.

Mientras que la causa inmediata del incendio aún se desconoce, esta catástrofe y las pérdidas irrecuperables para la cultura humana fueron el producto de políticas de austeridad y la desviación de vastos recursos sociales hacia alimentar las ganancias del capital financiero internacional y una clase capitalista brasileña rapaz y culturalmente atrasada.

En un museo despojado de recursos por parte del Gobierno brasileño, solo era cuestión de tiempo que sucediera un desastre. Los bomberos que lucharon por apagar el incendio no estaban bien equipados gracias a intransigentes recortes presupuestarios. No tenían ni las escaleras que necesitaban, entre otros equipos. Descubrieron que los hidrantes cerca del museo no tenían agua y se vieron obligados a intentar extraer agua de un lago muy contaminado cercano.

Museo Nacional en llamas

Muchos trabajadores del museo e investigadores científicos se apresuraron a entrar en el edificio en llamas en un intento desesperado de salvar lo poco que pudieron. Los residentes locales llevaron agua a la escena e hicieron lo que pudieron para ayudar. Muchos trabajadores, devastados por la escena de la destrucción, lloraban y se abrazaron.

Luiz Duarte, uno de los subdirectores del museo, dijo a TV Globo: "Es una catástrofe intolerable. Son 200 años del patrimonio de este país. Son 200 años de memoria. Son 200 años de ciencia. Son 200 años de cultura, de educación".

El fuego destruyó la colección egipcia más antigua de todo el continente, junto con artefactos griegos y frescos romanos que habían sobrevivido la destrucción volcánica de Pompeya.

El incendio también consumió los que eran los restos humanos más antiguos descubiertos en América Latina, los de "Luzia", conocida como "la primera brasileña” y una edad de entre 12.500 y 13.000 años. Igualmente, fue destruido el esqueleto reconstruido de 13 metros de altura de un Maxakalisaurus, un dinosaurio herbívoro que vivió en lo que ahora es Brasil hace 80 millones de años.

El museo albergaba una valiosa colección de unos 100.000 artefactos precolombinos de Brasil y de otras partes de América, incluidas momias andinas, telas y cerámicas.

También figuraban documentos históricos que relataban dos siglos de la historia de Brasil. Restos quemados de estos invaluables papeles se encontraron a 3 kilómetros del museo después del incendio.

El edificio, el palacio de São Cristóvão, es una de las estructuras más históricas de Brasil. Se convirtió en la residencia de la familia real de Portugal, que había huido de la invasión de los ejércitos de Napoleón a Brasil. Fue en el palacio donde se declaró la independencia brasileña en 1822, y en la que se convocó la primera Asamblea Constituyente de la República Brasileña en 1890, marcando el final del gobierno del emperador portugués.

Estando bajo la dirección de la Universidad Federal de Río de Janeiro desde 1946, el museo también fue la sede de investigaciones de antropólogos brasileños, quienes estudiaban restos humanos como evidencia de la migración de Polinesia a lo que ahora es Brasil. El museo también contenía vastas colecciones de especímenes de flora y fauna, incluidas especies extintas.

El museo también estaba participando en el entrenamiento de científicos para una expedición a la Antártida para estudiar fósiles en el continente.

El profesor Paulo Buckup, un experto en ictiología o el estudio de peces en el museo, le dijo a la BBC que pudo rescatar una parte "pequeña" de la colección de miles de especímenes de moluscos.

"No sé cuántas decenas de miles de insectos y crustáceos se perdieron", dijo. "Lo siento mucho por mis colegas, algunos de los cuales han trabajado aquí durante 30 o 40 años. Ahora se pierde toda evidencia de su trabajo, sus vidas también han perdido sentido".

Un grupo de manifestantes, la mayoría estudiantes de la Universidad Federal de Río de Janeiro, ingresaron el lunes al sitio del museo destruido para protestar los recortes prolongados del Gobierno brasileño a los fondos para la ciencia y la educación que encontraron su expresión devastadora en el incendio. La policía atacó a los estudiantes con gas pimienta, gas lacrimógeno y granadas de aturdimiento.

El incendio del museo, el cual contenía una parte importante del patrimonio de la humanidad en las Américas y en todo el mundo, fue un resultado completamente predecible y prevenible de las políticas aplicadas por los Gobiernos de Brasil frente al inicio de la crisis económica del país en 2014, tanto bajo la Administración de la presidenta Dilma Rousseff del Partido de los Trabajadores (PT) y, luego de su juicio político en el 2016 por acusaciones falsas de corrupción presupuestaria, su exvicepresidente y sucesor derechista, Michel Temer.

El museo pasó de recibir un presupuesto de $310.000 en 2013 a solo $132.000 en 2014. Sin embargo, en los últimos tres años ha recibido el 60 por ciento o menos de esta cantidad. El Gobierno del PT bajo Rousseff realizó los primeros recortes y luego se intensificaron bajo Temer.

El museo había presentado un informe en 2015 diciendo que necesitaba 150 millones de reales ($36 millones) para reparar el edificio, que carecía de un sistema de riego e incluso de cualquier diagrama básico de cableado eléctrico para la estructura bicentenaria.

En 2015, el museo se vio obligado a cerrar sus puertas por completo porque carecía incluso de los fondos para pagarle al personal o servicios mínimos de contratistas. El cierre tuvo un impacto duradero en el número de visitas, que se mantenían en mínimos históricos.

El museo celebró su bicentenario en junio en condiciones en que los recortes presupuestarios masivos infligidos por sucesivos gobiernos lo habían dejado en un estado de decadencia avanzada, con un tercio de sus salas de exposiciones cerradas, incluidas algunas de las más populares, como la que contenían el dinosaurio más grande descubierto en suelo brasileño, con las bases que lo sostenían devoradas por termitas.

Un artículo sobre el bicentenario publicado por Folha de S. Paulo señaló que "la decadencia física del edificio que alberga el museo... es visible para los visitantes, que pagan 8 reales [menos de US $ 2] por un boleto a precio fijo. Muchas de sus paredes se están pelando, hay cables eléctricos expuestos y un mal estado generalizado".

A falta del presupuesto necesario proveniente del Gobierno brasileño, el museo lanzó una campaña para financiarlo con dinero de la población por medio de internet, a fin de recaudar suficiente dinero para reabrir su sala de exposiciones principal.

Incluso cuando escaseaban los fondos para el museo nacional, el Gobierno brasileño vertió millones en las estructuras para la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos, lo que generó contratos lucrativos y sobornos para oficiales del Gobierno del PT y otras secciones de la élite política.

El incendio del museo nacional de Brasil y la destrucción de una parte importante del patrimonio de la humanidad es un incidente condenatorio contra un sistema capitalista mundial y una burguesía nacional brasileña que subordina todas las cuestiones de política social al imperativo de que un puñado de individuos continúe acumulando inmensas riquezas.

En un país donde la riqueza de seis hombres es equivalente a la del 50 por ciento de la población, la destrucción de la cultura es un subproducto inevitable de la desigualdad social. Los súperricos de Brasil no tienen interés en otra cosa que no sean sus posesiones, invirtiendo su dinero en helicópteros que los llevan por encima de las favelas del país a sus oficinas en Río y Sao Paulo, bienes raíces en Miami y los mercados bursátiles mundiales.

La destrucción del Museo Nacional de Brasil es una fuerte advertencia para los trabajadores de Brasil y de todo el mundo. La defensa de la cultura, la historia y todo el legado de la humanidad depende de la construcción de un movimiento internacional de las masas obreras dirigido a poner fin al sistema irracional, destructivo y egoísta de la clase dominante capitalista.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 4 de setiembre de 2018)