Los cajaduendes: Una mirada caricaturesca de las clases sociales

por Zaida Green
8 octubre 2014

Dirigida por Graham Annable y Anthony Stacchi; escrita por Irena Brignull y Adam Pava; basada en Here Be Monsters! [¡Aquí están los monstruos!], una novela de Alan Snow

Al hacer Los cajaduendes [The Boxtrolls], Laika, el estudio estadounidense de animación de stop-motion, se gana el derecho al elogio por hacer una de las pocas películas para niños que hace un esfuerzo de encarar cuestiones serias. Su más reciente película de animación en 3D pone por delante y al centro la desigualdad social.

Los cajaduendes

Sin embargo, la sinceridad no lo es todo. Es difícil de abordar seriamente los asuntos sin entenderlos. El punto de vista de los realizadores de la película de que la desigualdad social y la opresión principalmente tienen raíces en las culturas, o en la falta de valor individual, limita severamente su trabajo. Los cajaduendes se encuentran en la ciudad, vagamente durante la época victoriana (aunque con anacronismos deliberados), de Cheesebridge [puente de queso]. La ciudad es gobernada por los sombreros blancos, un consejo de los conocedores de queso de la élite en gran medida indiferentes a los asuntos de la ciudad, excepto cuando tienen algo que ver con queso. Los cajaduendes son literalmente símbolos de una clase marginada que vive debajo de las calles de la ciudad, saliendo sólo por la noche para robar las migajas que puedan utilizar para construir nuevos aparatos. Cada cajaduende lleva el nombre de la caja que usa; ‘Zapato’ va dentro de una caja que alguna vez contenía zapatos, y así sucesivamente.

El exterminador residente de Cheesebridge, Archibald Snatcher (la voz de Ben Kingsley), convence al Señor Portley-Rind (Jared Harris), alcalde y líder de los sombreros blancos, que los cajaduendes de la ciudad son una amenaza para su queso. Portley-Rind se compromete a otorgarle a Snatcher su propio sombrero blanco, a cambio del exterminio de todos los cajaduendes.

Eggs [Huevos] (Isaac Hempstead-Wright), un niño humano, huérfano, a quien los cajaduendes han criado como uno de ellos, es el único que intenta luchar por su supervivencia. La hija desatendida de Portley-Rind, Winnie (Elle Fanning), es simpática y se compromete a llevar el caso de los cajaduendes a su padre.

A su favor, Los cajaduendes no es una película satisfecha con el status quo. Condena la insensibilidad de la élite gobernante de Cheesebridge, quienes ignoran los informes de deterioro de la infraestructura y desvían dinero destinado a la construccióvcn de hospitales para niños para producir ruedas gigantes de queso.

En el transcurso de 10 años de ‘control de plagas’, los número de los cajaduendes disminuye; mientras tanto Eggs crece hasta llegar a ser un adolescente. Amenazado con la orfandad una vez más, Eggs le pregunta a su padre adoptivo, Fish [Pescado] (Dee Bradley Baker), “¿Por qué se esconden y siguen como si todo estuviera bien? Nos secuestran y no hacemos nada”.

Por desgracia, los cineastas toman parte de esto demasiado a la ligera. Se llega al punto en que las convenciones y accesorios sociales, como los prestigiosos sombreros, las normas de etiqueta y hasta las cajas de los cajaduendes, aunque satirizados con gran efecto, terminan recibiendo más atención que el secuestro y el asesinato.

No es que la comedia no tenga lugar en las obras que tratan de temas serios (Ver: Tren de la Vida [Train de Vie]). Pero una sátira genuinamente señalada habría de haber involucrado a los cineastas centrando su atención con mucho más fuerza de lo que lo hacen aquí.

Los cajaduendes

Lamentablemente, Los cajaduendes carece de las características de sofisticación, ingenio y humanidad de la película de Laika anterior, El alucinante mundo de Norman (ParaNorman, 2012). En vez de presentar la evolución de sus personajes con escenas de acción interesantes y atractivas, la película las sustituye con efectos sensacionalistas.

El gran interés de Winnie para lo macabro resalta como preocupante y poco saludable pero está celebrado con humor por la película; es el resultado tanto de su aburrimiento y de su crianza sobreprotegida como de la histeria sangrienta (fabricada) de Cheesebridge contra los cajaduendes. El Señor Portley-Rind cambia su posición social a cambio de la vida de su hija con el mismo disgusto cansado que muestra al no tener en cuenta las quejas de ésta. La nueva comprensión de Eggs de la naturaleza humana (y cajaduenda) se reduce a la realización banal de que "las personas pueden actuar de manera diferente y las ‘cajas’ de la sociedad son limitadas".

Los momentos verdaderamente afectantes, que toman vida gracias a los modeladores y animadores muy cualificados de Laika, son pocos y distantes entre sí. Los cajaduendes es visualmente impresionante y gráfica —pero no siempre para su propio beneficio. Nos estremecemos viendo a Eggs regurgitando el queso y luego comiéndoselo de nuevo —igualmente por el asco, que por el dolor de ver los talentos desperdiciados de los artistas en un humor grotesco e insignificante. Y aunque insisten en que en la película ninguno de los personajes son realmente malos, hacen todo lo posible por mostrar al villano como un monstruo odioso que es desagradable hasta sólo al mirarlo, especialmente durante sus reacciones alérgicas al queso.

Aunque Laika no tiene paralelo en el arte de la animación de stop-motion, la técnica no necesariamente se traduce a esencia de calidad. Al igual que muchas obras contemporáneas de fantasía, la artesanía de Los cajaduendes elabora un mundo alucinante que queda demasiado alejado de la realidad. El ambiente pintoresco, casi dickensiano, está allí principalmente por su aspecto llamativo, no porque los cineastas pensaran que era necesario para contar la historia.

Las animaciones son expresivas y fluidas; los escenarios, títeres y vestuario fueron meticulosamente elaborados; la iluminación es atractiva y cálida. Sin embargo, [la ciudad de] Cheesebridge no es realmente tangible. Las calles nunca transmiten la sensación de que las personas viven o trabajan en ellas. Mas la película no está del todo carente de perspectiva significativa. En su punto culminante, Eggs hace un comentario importante a los cajaduendes acerca de la influencia que ellos tienen, como constructores, sobre Snatcher. Lo que sea que se han visto obligados a construir, también son totalmente capaces de destruir.

Por desgracia, el mensaje final de la película parece ser una especie de cliché: ¡Si solamente supiera la gente que puede pensar (o actuar) fuera de su caja!