Colonia: un centro de eliminación de los enemigos del estado bajo Pinochet

por Joanne Laurier y David Walsh
26 abril 2016

Dirigido por Florian Gallenberger; co-escrito por Gallenberger y Torsten Wenzel

Este film fue presentado en el Festival de Cine Internacional de Toronto del 2015

Colonia, el Thriller político del director alemán Florián Gallenberger se está exhibiendo en Estados Unidos. Esta es una película inquietante que merece una gran audiencia.

Colonia toma lugar durante y después del golpe militar chileno patrocinado por Estados Unidos en setiembre de 1973. Lena (Emma Watson) es una aeromoza de Lufthansa que está en Santiago para visitar a su novio, Daniel (Daniel Brühl), partidario militante del gobierno de Unidad Popular de Salvador Allende. Cuando Allende es derrocado las fuerzas del general Augusto Pinochet arrestan a miles de personas. Daniel y Lena, quiénes habían sido apresados tomando fotos de las brutales redadas, se encuentran entre los detenidos.

En el estadio nacional, lleno de oponentes políticos de la dictadura (40,000 personas fueron hacinadas allí), Daniel es identificado por un informante encapuchado por crear carteles para el campo de Allende. Si bien Lena es liberada, Daniel es llevado a un lugar, llamado Colonia Dignidad, en el sur del país. En ese lugar existe un culto evangélico administrado por Paul Schäfer (Michael Nyqvist), un psicópata, pedófilo y profascista que usa a los seguidores del culto como mano de obra esclava en la producción de gas venenoso y armas para el régimen de Pinochet. La colonia también sirve como un centro de eliminación para enemigos del estado.

Los túneles y cámaras subterráneas de Colonia son usadas para interrogar y torturar a disidentes como Daniel, quién es brutalizado y luego entregado a Schäfer. Fingiendo tener daño cerebral, Daniel es puesto bajo menos escrutinio y así es capaz de ver cómo escapar. Pero él no sabe que Lena ha viajado a Colonia y se ha unido al culto para rescatarlo. Por unos 130 días, Daniel y Lena, quiénes finalmente se encuentran, deben aguantar la tiranía y perversiones de Schäfer. Aunque un escape sí fuera posible atravesando las cercas eléctricas y los perros guardianes de Colonia, hay intereses particulares, desde Pinochet a la embajada alemana, que están dispuestos a impedir que el infierno de Schäfer sea revelado.

Colonia es una novelada versión de los eventos reales que trae a la luz la horrenda historia de Schäfer, quién nació en Alemania en 1921 y eventualmente se unió al movimiento juvenil de Hitler (y según se informa intentó unirse como voluntario a la SS). Luego de la guerra, estableció un orfanato religioso hasta que fue acusado de abusar sexualmente a dos niños. Huyó de Alemania en 1959 terminando finalmente en Chile con grupo de sus seguidores en donde estableció Colonia. Luego del fin de la era Pinochet, sus crímenes se develaron poco a poco. Schäfer fue encarcelado por abuso sexual en el 2006 y murió cuatro años más tarde.

"La colonia de tortura", un amplio artículo de Setiembre del 2008 por Bruce Falconer en American Scholar, presenta detalles espeluznantes y reveladores. Falconer toma nota que en los meses después del golpe de Setiembre de 1973 unas 45,000 personas fueron arrestadas y llevadas a los centros de detención para ser interrogados. Por lo menos 1,500 fueron ejecutados de plano.

En junio de 1974 Pinochet creó la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), una fuerza policial secreta, “… diseñada para cazar y eliminar a los enemigos políticos de él. Los agentes de la DINA rutinariamente secuestraban a oponentes del régimen y los entregaban a centros secretos de ejecución y tortura localizados por todo Chile, incluyendo a Colonia Dignidad".

Según Falconer, la principal contribución de Schäfer a las operaciones de Pinochet "fue la instrucción de los agentes de la DINA en la ciencia de la tortura". Un sobreviviente, Luis Peebles, describe la participación y supervisión de Schäfer en su agonizante tortura por medio de cables eléctricos unidos a cada parte de su cuerpo. Amnistía Internacional produjo, basado en el testimonio de Peebles y otros sobrevivientes, un reporte de 60 páginas en 1977 titulado "Colonia Dignidad: comunidad alemana en Chile –campo de tortura para la DINA". Los esfuerzos legales de Schäfer bloquearon la publicación de ese informe hasta 1997.

Falconer explica: "La tercerización de la tortura no fue lo peor de la colusión de Schäfer con el régimen de Pinochet: A veces ocurrían ejecuciones, quizás de grupos enteros de prisioneros,... En realidad, nadie sabe cuántas personas fueron asesinadas dentro de Colonia Dignidad. Un ex colono recientemente declaró al gobierno chileno que, bajo órdenes de Schäfer, él una vez condujo un autobús con 35 prisioneros políticos hacia un monte y los dejo en un punto aislado, al lado del camino de tierra. Mientras volvía solo escuchó disparos de ametralladoras haciendo eco por el bosque. Ningún cuerpo jamás fue recuperado. Lo que sí se sabe es que muchos de los prisioneros que fueron a Colonia Dignidad jamás volvieron a aparecer".

Cabe notar el hecho que Michael Townley, asesino profesional que era la principal conexión entre Colonia Dignidad y el régimen de Pinochet, fue un agente estadounidense de la CIA, quién también funcionó como miembro de la DINA y ayudó en el golpe militar que derrocó a Allende. Townley diseñó las cámaras de torturas en Colonia Dignidad y participó en experimentos biológicos sobre prisioneros en ese lugar. En 1976, fue condenado por el asesinato de Orlando Letelier, ex embajador chileno en Estados Unidos.

El actor sueco Michael Nyqvist es escalofriante como Schäfer en esta bien hecha y emocionante obra de Gallenberger. La película ofrece una vista cercana a las cámaras de tortura y a la escoria humana, como Schäfer. Éste comenzó con los Nazis y se transformó en un monstruo de la CIA.

Sobre el derrocamiento del régimen de Allende, Henry Kissinger, el Secretario de Estado de EE.UU. de aquel tiempo, comentó infamemente que "No veo por qué no debemos hacer nada y ver a un país volverse comunista debido a la irresponsabilidad de su pueblo. Los problemas son demasiado importantes para que los votantes chilenos decidan por sí mismos". En vez de ello, les ayudaron con fábricas de tortura y lavado de cerebro administradas por lunáticos.