Michelle Wolf, comediante, desenmascara a los cínicos e hipócritas medios de difusión

por Andre Damon
3 mayo 2018

El sábado pasado, la comediante Michelle Wolf dijo la verdad; cosa que ya no tiene ningún perdón. Wolf fue contratada para entretener la cena anual de la asociación de corresponsales de la Casa Blanca. Típicamente ese acontecimiento sirve para que esa cuadrilla de prensa, incestuosa y corrupta, se celebre y se deshaga en autoelogios y espaldarazos; esta vez la comediante les propinó una muy merecida y feroz sátira al gobierno de Trump, al Partido Demócrata y a la prensa.

En su contra reaccionaron, además de Trump y sus testaferros, las vedetes de los medios de difusión, y también Margaret Talev, la presidenta de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca.

Gran parte de la saña general contra las palabras de Wolf tiene que ver con su crítica de las dos abusivas mujeres agentes de prensa de Trump, Kellyanne Conway y Sarah Huckabee Sanders. El apellido de la primera, en la jerga estadounidense, significa camino de la trampa (“ese nombre es perfecto para lo que hace… siempre miente” dijo Wolf). La comediante acusó a la segunda de incinerar la verdad y usar las cenizas como humo para sus párpados (perfectos ojos grises).

Michelle Wolf, en el 2016

Luego de las palabras de Wolf, importantes miembros del grupo de corresponsales de la Casa Blanca no titubearon en brindar su apoyo y sus consuelos a la sinvergüenza que a diario les miente y agarra a patadas.

Tuiteó Andrea Mitchell, importante corresponsal de NBC News: “Se merecen ruegos de perdón la secretaria de Prensa y otros quienes fueron insultados vulgarmente por Michelle Wolf en la cena de la Asociación de Corresponsales”.

Mitchell, esposa de Alan Greenspan, ex gerente del Banco de Reserva Federal (Banco Central de EUA), es una infame belicista que sostiene que la desnuclearización de la península de Corea era una trampa. Ha despreciado despectivamente a los viven en el campo del estado de Virginia, a quienes considera retrógrados (“rednecks”).

Peter Baker y Maggie Haberman también integran el coro de defensores del honor de Sanders. Este dúo del New York Times, está estrechamente ligado a la campaña en contra de la supuesta subversión electoral rusa.

Haberman tuiteó: “fue impresionante que la secretaria de Prensa quedara en su silla bajo absorbiendo intensas críticas de su apariencia, de su capacidad de trabajo, etcétera, por televisión, en vivo.

El programa This Morning (esta mañana) de la emisora CBS News, presentó a cuatro comentaristas repudiando a Wolf. Uno de ellos, Norah O’Donnell, dijo: “necesitan considerar el carácter de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca. En parte, eso incluye buena educación”.

Mika Brzezinski, hija de Zbigniew Brzezinski —estratega del imperialismo— escribió en Twitter: “Viendo el discurso desde mi casa, sentí pena por Sarah, por su esposo y sus hijos”. Añadió que “todas las mujeres tenemos la obligación de ser solidarias cuando estos ataques ocurren. La WHCA [asociación de corresponsales] debe pedirle disculpas a Sarah”.

¡Tonterías! Wolf no dijo nada sobre la apariencia de Sanders. Si la acusó de ser una mentirosa, con toda la razón.

Lo que realmente preocupa a estos adinerados “cronistas” es que Wolf los describa por lo que son: un grupo de desvergonzados, ignorantes, reaccionarios busca escándalos, sin prestar atención a ninguna de las genuinamente serias cuestiones sociales y políticas. En cambio, se la pasan propagando sus pendencias particulares.

Así lo dijo Wolf: “Contamos con redes de noticias que operan las veinticuatro horas del día. Podríamos informar de todo lo que pasa. En cambio, sólo nos conciernen tres temas, que son Trump, Rusia y Hillary, con cuatro comentaristas que nos recuerdan porqué no nos agrada visitar a nuestra familia en la fiesta del día de dar las gracias [Thanksgiving]”.

Con palabras certeras se dirigió a los periodistas de los periódicos y la televisión:

“Ustedes viven obsesionados con Trump. ¿Será que alguna vez lo enamoraron? En verdad ustedes sólo fingen odiarlo; en realidad lo aman. Aunque nadie aquí lo quiera admitir, Trump los ayuda a todos ustedes. No podría él siquiera vender ni bifes ni vodka ni agua ni colegios, pero los ha ayudado a ustedes a vender sus periódicos, sus libros, su televisión”. Fueron ustedes los que crearon este monstruo. Ahora lucran de él.

Trump es la creación de medios de difusión que cultivan entornos histéricos, reaccionarios, derechistas e ignorantes. Sus tropiezos y escándalos le dan oportunidades a estos supuestos corresponsales para derramar su bilis, mientras disimulan que no, en verdad están de acuerdo con él en todo lo que importa: bajar impuestos para los ricos, destripar los servicios sociales, atacar derechos democráticos y lanzar guerras contra otros países.

Expresando también su repudio a Wolf, Margares Talev, la presidenta de la asociación de corresponsales, declaró que el monólogo de Wolf no acordaba ni con el ‘espíritu’ de la ocasión, ni con su la ‘misión’ de la asociación, que ‘supone’ producir un mensaje de unidad en torno a nuestro compromiso en común con una prensa libre y ágil y, al mismo tiempo honrar a la buena educación, grandes crónicas, y ganadores de becas, sin dividir a la gente”.

En ese párrafo hay más de lo que su autora quería decir. Mientras que el propósito de la propaganda bélica es “producir un mensaje de unidad”, esa no es la función de serios corresponsales. Su propósito debe ser cuestionar y criticar a los que mandan, desenmascarando a veces las divisiones sociales que son parte de la realidad que nos rodea con el fin de aclarárselas para el público. Al menos, de eso se trata.

Las reacciones a los certeros comentarios de Wolf ponen el dedo en los que exigen sus ruegos de perdón; son propagandistas, no cronistas.

Sugerir que la cena de corresponsales marca la “unidad” de los medios de difusión con la Casa Blanca, evidencia la corrupción de esos medios, que más y más se consideran testaferros políticos que protegen los secretos del estado.

El monólogo de Wolf hizo añicos de todos esos conceptos de cartón —como “pecados sexuales” e “intervencionismo ruso”, entre otros— que la prensa utiliza para manipular el dialogo político. De entre esos desechos salió la realidad:

“Yo he trabajado en muchos empleos en que predominan los hombres. En verdad nunca fui objeto de maltrato sexual. Antes de ser comediante, trabajé en una empresa tecnológica. Antes de eso trabajé en Wall Street. Teniendo en cuenta que trabajé en Bear Stearns en el 2008, debo decir que sin haber sido acosada sexualmente, en verdad si me han dado una gran cogida. Esa empresa me arrolló el coño sin mi consentimiento. Tampoco pago por ese acto ningún hombre”.

Wolf se refirió a la realidad de la vida estadounidense: Wall Street saqueó al país y nadie fue castigado; se detienen y deportan niños inmigrantes; los maestros no tienen útiles para sus estudiantes; además, añadió ella al final, la ciudad de “Flint todavía carece de agua potable”.

En contraste con todas las alabanzas sofocantes, incestuosas y vulgares, de parte de los medios de difusión, con su sin fin de tonterías derechistas, el monólogo de Wolf nos recuerda que más allá de la coraza protectora de Washington, sí existe la opinión pública que más y más toma conciencia de las mentiras y adulaciones engendradas por los cortesanos de los medios de difusión.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 1 de mayo de 2018)