Gran Bretaña: Universidad de Reading pone artículo sobre la “ética de la revolución” bajo políticas contra el terrorismo

por Tom Scripps
21 noviembre 2018

La decisión de la Universidad de Reading de señalar como peligroso a un artículo del fallecido Norman Geras, “Nuestra moral: la ética de la revolución”, es un ataque importante a la libertad académica y una amenaza a los derechos democráticos. La medida abre la puerta a la censura generalizada de la perspectiva política del marxismo revolucionario.

En virtud del artículo 26 de la Ley de Lucha Contra el Terrorismo y la Seguridad de 2015, en el marco del programa gubernamental “Prevenir”, se ha dado instrucciones a docentes, profesores universitarios e instituciones académicas de espiar a alumnos y estudiantes, y de informar al Estado si sospechan que las personas corren el riesgo “de ser arrastradas hacia el terrorismo”. La amenaza del terrorismo se ha centrado hasta ahora en los grupos islámicos y las tendencias de derecha. Esto ha tenido como consecuencia que miles de estudiantes musulmanes sean investigados.

El señalamiento del ensayo de Geras confirma que Prevenir es un asalto a las libertades democráticas de la clase obrera en su conjunto. Es una medida del estado policial que, por primera vez, ha puesto la mira en un artículo que discute el socialismo y la revolución.

Después de que un académico insistió con que el ensayo de Geras podía violar la estrategia gubernamental Prevenir, se obligó a los estudiantes de Reading a seguir estrictas normas de “seguridad” antes de acceder a un artículo disponible gratuitamente e incluido como lectura esencial en un curso sobre “Justicia e Injusticia”. Los estudiantes tuvieron que presentar un formulario detallando el material al que accedían y su relevancia para sus estudios. Se les advirtió que no accedieran al artículo en dispositivos personales, que lo leyeran en un lugar seguro y que no lo dejaran en un lugar donde pudiera ser visto “inadvertidamente o no, por quienes no están preparados para verlo”.

El profesor responsable del módulo escribió a sus estudiantes, “La universidad entiende su responsabilidad de exigirle que controle el acceso a material sensible a las cuestiones de seguridad, que incluye, pero no se limita a, material que podría considerarse que fomenta la comisión, preparación o instigación de actos de terrorismo; material que sería útil en la comisión de actos de terrorismo; y material que glorifica los actos de terrorismo”.

Ante la oposición de académicos y estudiantes, la universidad se mantuvo firme y emitió una declaración de que había “establecido políticas para adoptar medidas con el fin de evitar que los estudiantes sean arrastrados hacia el terrorismo. Un aspecto de esto es salvaguardar al personal y los estudiantes que acceden a materiales sensibles a las cuestiones de seguridad utilizados de manera legítima y apropiada para el estudio o la investigación”.

La situación es orwelliana. Son ahora los servicios de seguridad, operando a través de Prevenir, los que deciden dónde se utiliza de manera “apropiada” o “legitima” la literatura académica, incluso cuando, como señaló el profesor en su carta, “Estos artículos están disponibles ampliamente a través de bases de datos electrónicas a las que la universidad ofrece acceso a los estudiantes sin ningún tipo de control”.

Se está creando un clima de autocensura en el ámbito de la libre discusión académica. Los integrantes del personal se abstendrán de recomendar ciertos textos por miedo a ser señalados como facilitadores de terroristas. El profesor de Reading terminó el mensaje a su clase con las palabras “Lamento mucho que tengan que hacer esto. Me informaron de esta política después de haber preparado el módulo para este año y hubiera pensado de manera diferente sobre lo que incluí si hubiera sabido de sus requerimientos”.

Se desalentará a los estudiantes a inscribirse en ciertos cursos, evitando la lectura de textos que podrían ponerlos en una lista de salvaguarda. Según la declaración de la universidad, “Los profesores deben informar por escrito si sus cursos incluyen un texto considerado sensible a las cuestiones de seguridad, y luego registrar a los estudiantes que tendrán que acceder al material”.

El objetivo final de estas medidas es claro. Deliberadamente, se dejaron las definiciones de “terrorismo” y “extremismo” en la legislación del gobierno en un sentido laxo, para que se puedan aplicar a cualquier forma de oposición política. Reading demuestra que el objetivo final es evitar el desarrollo de un movimiento socialista entre estudiantes, jóvenes y trabajadores.

Según el profesor, en virtud de la ley, “Se puede considerar que el trabajo académico que defiende la admisibilidad o conveniencia de la violencia revolucionaria fomenta la comisión, preparación o instigación de actos de terrorismo, y la puede glorificar, por lo menos donde se percibe al terrorismo como el uso de la violencia para estimular al gobierno a hacer cosas”. Los servicios de seguridad han puesto un signo de igual entre “terrorismo” y un movimiento masivo y popular contra el gobierno para justificar la supresión total del pensamiento socialista.

El ensayo de Geras está escrito como una polémica contra “Su moral y la nuestra”, el panfleto de León Trotsky contra los opositores de la revolución socialista que criticaron a los bolcheviques basándose en una moral abstracta. Geras afirma que Trotsky defendía la violencia revolucionaria contra los moralistas pequeñoburgueses, mientras insistía en que el objetivo de la revolución socialista, “la liberación de la humanidad”, significa que “no todos los medios son admisibles”. No obstante, él insiste en que se deben “rechazar” las opiniones de Trotsky.

Su ensayo es parte de un cuerpo de trabajo que comenzó cuando Geras fue miembro de la Corriente Marxista Internacional pablista y culminó en su defensa de las guerras imperialistas de “intervención humanitaria”, incluyendo la guerra de Irak, como uno de los principales autores del Manifiesto de Euston, en 2006. El manifiesto tuvo a “izquierdistas” como Geras alineándose con neoconservadores en la Henry Jackson Society para afirmar el “deber de la intervención y el rescate” de la “comunidad internacional”—un sinónimo para las potencias imperialistas.

Sobre esta base, uno de sus colaboradores, Nick Cohen, escribe en el New Statesman sobre la “censura ignorante” de Geras, que “dedicó gran parte de su energía a oponerse al asesinato de civiles, y perdió a muchos amigos de la izquierda en el proceso”. Permitir semejante censura de “un pensador profundo y humano” sería criminalizar “a todos los argumentos sobre la guerra justa, que se remontan hasta San Agustín”, escribe Cohen.

Excepto que no es San Agustín quien es puesto en la mira, o incluso el propio Geras. Este tiene problemas con la maquinaria de Prevenir porque escribió sobre el tema de la revolución social, sobre todo la Revolución de Octubre de 1917 liderada por Lenin y Trotsky. Y si se considera que la lectura de una polémica sobre el tema es demasiado peligrosa, entonces pronto se encerrarán con llave las obras completas de Marx, Engels, Lenin y Trotsky, junto con los escritos de innumerables historiadores, sociólogos y, por supuesto, figuras políticas.

La elección del ensayo de Geras que se opone a “Su moral y la nuestra” indica que el objetivo central del impulso creciente para poner a los colegios y universidades bajo supervisión y control estatal es el trotskismo, la genuina expresión del marxismo revolucionario, representado hoy por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

En Alemania, los Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social (JEIIS) lideran la lucha de los estudiantes alemanes contra el crecimiento, patrocinado por el Estado, del militarismo y la ideología de extrema derecha en los centros universitarios. Ellos han sido perseguidos por la prensa de derecha local y nacional. Los profesores y responsables de la Universidad de Humboldt han amenazado repetidamente al JEIIS, incluso con demandas legales, para silenciar sus críticas, mientras la administración ahora trabaja para elaborar y publicar una lista de estudiantes políticamente activos que sentaría las bases para los ataques neonazis. Otras universidades han prohibido al JEIIS celebrar reuniones. En el caso más siniestro de todos, la sección alemana del ICFI, el Partido Socialista por la Igualdad, ha sido registrada oficialmente como un “partido extremista de izquierda” e identificada como un “objeto de observación” por parte del servicio secreto, citando su oposición al “nacionalismo, el imperialismo y el militarismo”.

Los hechos en Alemania deber actuar como advertencia. Los Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social exhortan a todos los estudiantes y académicos a condenar la acción de Reading y exigir que las universidades, institutos y colegios pongan fin a toda colaboración con el programa gubernamental Prevent. Pedimos a todos aquellos que deseen participar en esta lucha por la libertad académica que se pongan en contacto con nosotros hoy mismo.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 17 de noviembre de 2018)