Pompeo en El Cairo: la cara fea del imperialismo estadounidense

por Bill Van Auken
14 enero 2019

Sobrecargado de mentiras, absurdos e hipocresía, el discurso que pronunció el secretario de Estado de los EUA Mike Pompeo en la Universidad Americana de El Cairo, Egipto, les señaló el jueves a la colección de monarcas y déspotas que cuentan como aliados de Washington en el Medio Oriente que el imperialismo estadounidense está comprometido con una intensificación continua de guerra en la región, particularmente contra Irán.

Insistió en que a pesar de que Donald Trump anunció la decisión de retirar las tropas estadounidenses de Siria el 19 de diciembre, no habría un “cambio de misión”.

“Por nuestra parte, los ataques aéreos en la región continuarán a medida que surjan los objetivos”, dijo. “Seguiremos trabajando con nuestros socios en la Coalición para derrotar al ISIS. Continuaremos persiguiendo a los terroristas que buscan refugios seguros en Libia y en Yemen”.

Prometió que EUA continuaría su intervención en Siria “para expulsar hasta el último cargamento iraní” del país y expuso abiertamente una agenda inquebrantable de cambio de régimen tanto en Damasco como en Teherán.

Reflejando las prioridades del imperialismo estadounidense en la región, Pompeo mencionó a Irán 25 veces en su discurso, en comparación con una docena de referencias al “terrorismo”.

Descrito universalmente como un discurso “inaugural”, el discurso de Pompeo fue tan vulgar y bruto como él mismo.

Titulado “Una fuerza para el bien: Estados Unidos revitalizado en el Medio Oriente”, representó una celebración descarada de las décadas de intervenciones y ocupaciones militares y bombardeos por parte de los EUA.

Pompeo se presentó a sí mismo como la personificación del papel de Washington en la promoción de la “bondad” hacia el Medio Oriente, señalando en sus comentarios iniciales que la visita a Egipto fue “especialmente significativa para mí como cristiano evangélico” y compartió con su público que “Tengo una Biblia abierta en mi escritorio para acordarme de Dios y Su Palabra y La Verdad”.

Continuó insistiendo en que “porque soy un militar por mi formación, seré muy tajante y directo hoy: Estados Unidos es una fuerza para el bien en el Medio Oriente”.

Tomando estas autodescripciones juntas, fue como si Pompeo hubiera elaborado sus comentarios para justificar el retrato de los islamistas y el papel de Estados Unidos en el Medio Oriente como el de “cruzados”.

Era notable que incluso en el público de funcionarios escogidos, empresarios y veteranos examinados del régimen dictatorial de Egipto, solo una línea en la delirante presentación de Pompeo fue interrumpida por un aplauso —cuando agradeció al dictador egipcio, el General Abdel “por su coraje”— y al final la respuesta fue, en el mejor de los casos, templada.

La retórica sobre los Estados Unidos como una “fuerza para el bien” está tan en desacuerdo con la realidad por el cuarto siglo de guerras interminables libradas por los Estados Unidos en la región que incluso este público lo encontró difícil de tragar.

La guerra en Irak, lanzada sobre la base de las mentiras sobre las armas de destrucción masiva con la invasión criminal de 2003, se cobró más de 1 millón de vidas y dejó a la sociedad en ruinas, desgarrada por divisiones sectarias. Vio masacres en Fallujah y otras ciudades y el degradante espectáculo de la tortura en Abu Ghraib.

En Siria, el intento de los Estados Unidos y sus aliados de efectuar un cambio de régimen a través de una insurgencia orquestada por la CIA con milicias vinculadas a Al Qaeda, se ha cobrado cientos de miles de vidas más y ha convertido a millones en refugiados. De manera similar, la guerra entre Estados Unidos y la OTAN por el cambio de régimen en Libia dejó al país en un caos, con luchas continuas entre milicias rivales, un gobierno que existe solo de nombre y un infierno en la tierra para los inmigrantes atrapados en una red de prisiones y mercados de esclavos.

Mientras tanto, en Yemen, el Pentágono continúa armando y ayudando a una guerra casi genocida liderada por los saudíes que se cobró más de 60.000 vidas y llevó a unos 20 millones de personas al borde del hambre en lo que Naciones Unidas describió como la peor catástrofe humanitaria del mundo.

Atribuir tal masacre y sufrimiento masivo como el funcionamiento de una “fuerza para el bien” es indecente.

Desplegar esta retórica fue un intento pueril de Pompeo por contrastar su discurso con uno que dio el presidente anterior, Barack Obama, 10 años antes desde el mismo podio en la Universidad Americana de El Cairo. Sin mencionar al ex presidente por su nombre, refiriéndose a él solo como “otro estadounidense que se presentó ante ustedes” en 2009, Pompeo criticó a Obama por ofrecer incluso un indicio de disculpas por los crímenes cometidos por el imperialismo estadounidense en Medio Oriente y afirmó que el mensaje que pronunció tuvo como resultado que los Estados Unidos se volvieron demasiado “tímidos en autoafirmarnos” y “una renuencia a ejercer nuestra influencia”.

En realidad, el discurso pronunciado esta semana y el de Obama hace diez años tienen más en común que lo que Pompeo daba a entender.

Como lo señaló el World Socialist Web Site en ese momento, Obama y su discurso fueron simplemente un medio para presentar una nueva cara para el imperialismo.

Mientras Obama expresó su apoyo a la “democracia” y los “derechos humanos”, no dijo nada sobre las condiciones reales en Egipto bajo el dictador Hosni Mubarak, respaldado por Estados Unidos, o Arabia Saudita, que acababa de visitar, bajo la tiránica Casa de Saud. Defendió las guerras continuas de los estadounidenses en Irak y Afganistán y no dijo nada sobre la masacre israelí de palestinos en Gaza.

“La retórica vaga y florida, los tributos verbales a la cultura islámica y la igualdad de derechos de las naciones, constituyen un ajuste del lenguaje utilizado para encubrir la política del imperialismo estadounidense, no un cambio sustancial”, declaró el WSWS. “Obama no hizo una sola propuesta concreta para reparar las quejas de los pueblos oprimidos en el Medio Oriente. Eso se debe a que la fuente fundamental de esta opresión es el sistema de ganancias y el dominio del mundo por el imperialismo, del cual el imperialismo estadounidense es el más despiadado”.

Pompeo ha abandonado la retórica florecida mientras Washington sigue una política brutal de agresión contra Irán y de demonizarlo. Presumió del abandono de Trump del tratado nuclear con Irán y de las sanciones económicas cada vez más numerosas que se han impuesto contra el país, un castigo equivalente a un acto de guerra.

Prometió que las sanciones de Estados Unidos solo se volverán “más duras hasta que Irán comience a comportarse como un país normal”.

El ministro de Relaciones Exteriores iraní, Mohammad Javad Zarif, respondió en Twitter: “El día que Irán imite a los clientes estadounidenses ... para convertirse en un país ‘normal’ es el día en que el infierno se congele. ... Mejor que los Estados Unidos superen perder a Irán”.

Notando que Obama había declarado que la relación entre los Estados Unidos y el Medio Oriente necesitaba un “nuevo comienzo”, Pompeo insistió en que solo con la llegada de Trump, el “nuevo comienzo real” era posible. Como prueba de ello, señaló a los dos ataques con misiles de cruceros de los EUA a Siria, enfatizando que Washington está “dispuesto a hacerlo de nuevo”. Citó los ataques aéreos que arrasaron las ciudades de Mosul en Irak y Raqqa en Siria y las relaciones sin trabas con las dictaduras monárquicas del Golfo Pérsico y el régimen policial estatal del General Sisi en Egipto.

“La buena noticia es esta: la edad de la vergüenza estadounidense autoinfligida se ha terminado”, declaró Pompeo.

Añadió: “Para aquellos que se preocupan por el uso del poder estadounidense, recuerden esto: Estados Unidos siempre ha sido, y siempre será, una fuerza liberadora, no una potencia ocupante. Nunca hemos soñado con el dominio en el Medio Oriente”.

De alguna manera, los oyentes de Pompeo contuvieron su risa. El dominio estadounidense en el Medio Oriente por su riqueza petrolera ha sido una piedra angular de la política exterior estadounidense durante más de 70 años. El imperialismo estadounidense siempre ha enmascarado sus intereses depredadores con el mito “liberador”. Como señaló con ironía León Trotsky en 1924: “Estados Unidos siempre está liberando a alguien. Esa es su profesión”.

El secretario de Estado de Estados Unidos llegó al extremo de jactarse del papel que estaba desempeñando el Pentágono en la masacre del pueblo yemení, declarando: “En Yemen, hemos asistido a nuestros socios de la coalición en asumir el liderazgo de impedir la expansión iraní...”.

El impulso principal de su discurso fue el llamado a la construcción de una coalición antiiraní a la que se refirió como la Alianza Estratégica del Medio Oriente (MESA) basado en los jeques petroleros sunitas, la dictadura egipcia e Israel.

Con ese fin, elogió al régimen del general Sisi, el excomandante del ejército que llegó al poder a través de un golpe de Estado contra el primer presidente electo de Egipto, Mohamed Morsi, que vio la masacre de unos 1.600 de sus seguidores y el posterior encarcelamiento de aproximadamente 60.000 egipcios por motivos políticos, en las cárceles donde la tortura es habitual. Pompeo presentó el régimen del general como un faro de tolerancia y libertad en el Medio Oriente.

Si bien el general Sisi ha abrazado con entusiasmo la guerra de Washington contra el terrorismo, y ha calificado a todos sus oponentes como terroristas, está menos claro que El Cairo esté ansioso por alistarse en una guerra dirigida por Estados Unidos contra Irán.

El discurso de Pompeo sirvió solo para subrayar el papel catastrófico continuo desempeñado por el imperialismo estadounidense en todo el Medio Oriente y la amenaza de que se esté preparando una guerra nueva y aún más sangrienta en el camino hacia la hegemonía estadounidense en la región.

(Publicado originalmente en inglés el 12 de enero de 2019)