Macron despliega ejército francés contra protestas antiausteridad

23 marzo 2019

El miércoles, el vocero del Gobierno francés, Benjamin Griveaux, anunció que el presidente Emmanuel Macron movilizará unidades del ejército contra las protestas de los “chalecos amarillos” de este fin de semana contra la austeridad y la desigualdad.

El despliegue del ejército francés contra manifestantes, por primera vez desde que los militares llevaron a cabo asesinatos y tortura a escala masiva hace 60 años durante la guerra argelina de independencia de Francia en 1954-1962. Constituye un evento decisivo y una advertencia para los trabajadores en todo el mundo. Ante una oposición cada vez más militante, la aristocracia financiera está movilizándose rápido hacia un gobierno militar-policial.

El pretexto oficial dado por el Gobierno de Macron para el despliegue apesta a una provocación policial. Afirma que, después del saqueo de tiendas en los Campos Elíseos durante la marcha de los “chalecos amarillos” el sábado en París, solo las tropas contraterroristas de la operación Sentinel tienen los números para resguardar los edificios y permitir que los policías antidisturbios se ocupen de reprimir a los “chalecos amarillos” violentos.

Lo que sucedió el sábado en París no queda del nada claro. Distintos oficiales alegan que cientos de matones saqueadores atacaron los Campos Elíseos, pero han sido identificados como ultraizquierdistas, del “bloque negro” o incluso neofascistas. No se identificó a ninguna organización como la responsable ni se incluyeron entre los más de 250 manifestantes arrestados el sábado. Entre los arrestados, según L Express, solo tres eran conocidos por los servicios de seguridad y la mayoría “ya había participado en previas protestas sin cometer actos de violencia”.

Uno de los pocos identificados con saquear una tienda, robando mercadería del equipo de futbol, Paris Saint Germain, fue un policía antidisturbios capturado en cámara por un periodista, a quien la policía luego atacó.

Con base en estos eventos completamente turbios, el Gobierno de Macron está desplegando el ejército y lanzando amenazas escalofriantes contra la protesta de los “chalecos amarillos” de mañana. El mandatario denunció a todos los que participen y apoyen las manifestaciones de los “chalecos amarillos”, que incluye al 70 por ciento del pueblo francés, como “cómplices” de la violencia del sábado. El ministro del Interior le comentó a Le Parisien que todos “se deben acostumbrar a la idea de que las fuerzas de seguridad herirán a personas, o incluso peor”, incluso “si terminan siendo unos cuadripléjicos”.

Tales declaraciones rememoran la admiración expresada por Macron hacia el dictador fascista, Philippe Pétain, y Georges Clemenceau. Este último es uno de los ministros del Interior que movilizó el ejército dentro de Francia hasta que finalizó el despliegue después de la revolución de octubre de 1917 en Rusia. En un tiempo en que el ejército disparaba a trabajadores y los mataba en huelgas y mítines del Día del Trabajador, él presidio el asesinato de 18 personas en manos del ejército.

Estremecido por la oposición al “presidente de los ricos” en Francia y el estallido el mes pasado de protestas de masas que exigen el fin del régimen militar argelino, el Gobierno busca aterrorizar a la población y, de ser necesario, regresar a condiciones en las que intentará ahogar las protestas en sangre. Este no es un fenómeno particular de Francia, sino una expresión concentrada del giro internacional de la aristocracia financiera al ejército y a la promoción del autoritarismo ante la creciente oposición popular.

Mientras Macron despliega el ejército contra Francia, el Gobierno de Trump ha declarado un estado de excepción en Estados unidos, desplegando tropas contra los inmigrantes en la frontera entre México y EUA. Están en curso procesos similares por toda Europa. Mientras profesores de extrema derecha en Alemania minimizan los crímenes de Hitler y miembros del partido fascistizante Fox exigen prohibir el marxismo en España, los oficiales británicos se preparan para su propio despliegue del ejército dentro de Reino Unido durante su salida de la Unión Europea.

En respuesta al auge internacional de la lucha de clases, la marcha de la aristocracia financiera hacia formas ultraderechistas de gobierno se acelera. Hace cuatro meses, en las redes sociales y por fuera de las burocracias francesas financiadas por el Estado francés, cientos de miles de personas realizaron protestas con chalecos amarillos contra los impuestos regresivos sobre el combustible, los recortes de impuestos para los ricos, los bajos salarios, el gasto militar y la austeridad. Durante el mismo periodo, se expandían las huelgas masivas y organizadas independientemente de los sindicatos entre maestros estadounidenses, enfermeras portuguesas, trabajadores automotores mexicanos y trabajadores de plantaciones esrilanqueses.

Tras décadas de supresión de la lucha de clases, después de la disolución estalinista de la URSS en 1991, está reemergiendo por todo el mundo una creciente oposición política al capitalismo. La aristocracia financiera, escribió Le Monde diplomatique, ahora teme “no solo perder una elección, no poder pasar una ‘reforma’ o tener pérdidas en los mercados bursátiles, sino una insurrección, revuelta, destitución”. Sin embargo, no tiene la intención de dejar ninguna parte de los billones de euros en recortes fiscales y rescates con fondos públicos que ha recibido desde el colapso de 2008, pagados con la sangre y el sudor de los trabajadores.

Con la decisión de Macron de movilizar el ejército contra el movimiento de los “chalecos amarillos”, está acabando una fase inicial de este resurgimiento de la lucha de clases. Por meses, los participantes en las manifestaciones esperaban que alguna táctica, como un Referéndum de Iniciativa Ciudadana (RIC) al estilo suizo, forzara a Macron a aceptar un acuerdo por medio de las instituciones existentes con base en una reforma nacional y democrática. La decisión de Macron de desplegar el ejército es una advertencia para los trabajadores internacionalmente: las alternativas que enfrentan no son reformas o revolución, sino revolución o contrarrevolución.

Las cuestiones críticas planteadas por el peligro de una dictadura militar-policial son un giro hacia la clase obrera internacional y la formación de comités de acción, independientes de los sindicatos y los partidos aliados y procapitalistas, y organizados con base en un programa socialista.

La amenaza presentada por los ejércitos profesionales y las hordas de policías antidisturbios para los trabajadores es real y muy seria. A través de la historia, los regímenes reaccionarios han recurrido a la represión e intimidaciones abiertas esperando que así se resuelvan complejos problemas sociales para los cuales no tienen ninguna solución; esto ha sido una y otra vez un calculo erróneo fatal.

A pesar del enorme arsenal de armas del que disponen el ejército y la policía antidisturbios en Francia y otras partes, aún se enfrentan al aislamiento e impopularidad profundos del Gobierno y la aristocracia financiera. La lucha por comités de acción independientes para movilizar y coordinar la oposición entre los trabajadores y jóvenes contra amenazas y actos de represión estatal desempeñará un papel crítico en la lucha contra las medidas policiales-estatales de Macron.

Su decisión de enviar al ejército contra protestas contra la austeridad deja en claro varias realidades básicas. Los trabajadores en Francia y el resto del mundo están involucrados en una lucha política contra la élite gobernante y el Estado, con sus “cuerpos de hombres armados”, que defiende sus intereses, así como las prerrogativas del sistema capitalista.

La lucha contra las medidas de austeridad de Macron exige que los trabajadores asuman la lucha por un programa socialista y construyan el Parti de l’égalité socialiste (Partido Socialista por la Igualdad), la sección francesa del Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

(Publicado originalmente en inglés el 22 de marzo de 2019)

Alex Lantier