El antiguo secretario de Estado de los EEUU Kissinger señala el peligro de un conflicto “catastrófico” entre Estados Unidos y China

por Nick Beams
18 noviembre 2019

El antiguo secretario de Estado y asesor de seguridad nacional de los Estados Unidos, Henry Kissinger, advirtió sobre un inevitable “conflicto” entre los Estados Unidos y China, con un resultado potencialmente “catastrófico”.

Hablando en un evento organizado por el Comité Nacional de Relaciones Estados Unidos-China en Nueva York el jueves, Kissinger dijo que “el futuro del mundo depende” de la relación Estados Unidos-China.

“No hay duda de que muchos aspectos de la evolución de China son un desafío para los Estados Unidos”, agregó, “lo que es imperativo es que ambos países entiendan que no se puede ganar un conflicto permanente entre ellos. Habrá un resultado catastrófico si conduce a un conflicto permanente”.

El presidente de los EEUU Donald Trump (a la derecha) y el presidente de China Xi Jinping asisten a una ceremonia de bienvenida en el Gran Salón del Pueblo en Beijing (Fuente: Foto AP/Andy Wong)

Si no se logra una resolución, el conflicto resultante “será peor que las guerras mundiales que arruinaron la civilización europea”, dijo.

“Ya no es posible pensar que un bando puede dominar al otro”, dijo. “Tienen que acostumbrarse al hecho de que tienen ese tipo de rivalidad”.

Kissinger, quien dijo que confiaba en que los líderes de ambas partes se darían cuenta de los problemas en juego, sabe que la experiencia histórica habla en contra de ese resultado.

La advertencia de Kissinger se produjo cuando el general Mark Milley, presidente del Estado Mayor Conjunto, recorrió Asia en septiembre, calificando a la región de máxima prioridad para el ejército de los EEUU en medio de la creciente “competencia entre grandes potencias” entre Estados Unidos y China.

En su libro On China [Sobre China], publicado en 2012, Kissinger se refirió al Memorándum emitido en 1907 por el funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores británico, Eyre Crowe, a quien se le había encargado examinar las relaciones entre Gran Bretaña y Alemania.

Crowe concluyó que cualesquiera que fueran las intenciones de los gobernantes de Alemania, su ascenso económico significaba que el conflicto era inevitable. Estalló, como señaló Kissinger, solo siete años después de que se emitiera el Memorándum.

Kissinger citó esta experiencia en su libro para advertir contra las relaciones entre Estados Unidos y China en la misma dirección, con el mismo resultado. Pero en el tiempo transcurrido desde entonces, las tensiones han aumentado constantemente. Comenzando bajo la administración de Obama, se ha desarrollado de manera constante tanto en el sistema de inteligencia-militar como en el aparato político la opinión de que el surgimiento de China constituye una amenaza existencial para la hegemonía económica y militar de los Estados Unidos.

Por lo tanto, la creciente belicosidad de la administración Trump y su creciente guerra comercial contra Beijing es la expresión de fuerzas que emanan de lo más profundo de los cimientos del Estado estadounidense.

Kissinger representa una tendencia que consideraba que los intereses de la política exterior estadounidense eran mejor atendidos por un compromiso con China, inicialmente dirigido en la década de 1970 hacia la colaboración contra la antigua Unión Soviética.

En la década de 1990, después de la masacre de la Plaza Tiananmen de 1989 y el giro del régimen chino hacia la restauración despiadada del capitalismo mediante la represión de la clase trabajadora, este compromiso continuó y se profundizó sobre la base de que la apertura de los recursos laborales baratos de China proporcionaría enormes beneficios al capitalismo estadounidense.

Esto llevó a la promoción de la adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio por parte de la administración Clinton, finalizada bajo la administración de George W. Bush en 2001. Se llevó a cabo sobre la base de la extensión del capitalismo de “libre mercado” en China y su integración en el mercado mundial capitalista, bajo el dominio de los EEUU, conduciría a la aparición de un régimen chino preparado para subordinarse a los intereses de los EEUU.

Pero en los últimos años, especialmente desde el ascenso de Xi Jinping al liderazgo del Estado chino, ha habido un cambio fundamental en la orientación estratégica de los Estados Unidos. “Compromiso” ha sido reemplazado por lo que el Wall Street Journal llamó, en el titular de un artículo publicado a principios de este mes, “La gran confrontación con China”.

Al describir el cambio en la política de Estados Unidos, señaló que “había habido una larga esperanza de que el Estado-partido chino se convirtiera en una ‘parte interesada responsable’ en el sistema internacional, como lo expresó el subsecretario de Estado Robert Zoellick en 2005”.

En otras palabras, ese capitalismo chino continuaría operando como un complemento de la acumulación de ganancias de las corporaciones estadounidenses como proveedor de mano de obra barata para la producción y el ensamblaje de bienes de consumo y electrónicos sin desafiar de ninguna manera el dominio estadounidense en áreas de alta tecnología.

Sin embargo, el desarrollo bajo Xi del programa “Hecho en China 2025”, destinado a elevar la economía china en la cadena de valor a través del avance de las nuevas tecnologías del futuro, ha provocado un cambio fundamental en la orientación estratégica de los Estados Unidos. Esto se debe a que dicho desarrollo se considera una amenaza existencial para la “seguridad nacional” estadounidense, es decir, su dominio económico y militar, y debe evitarse por todos los medios posibles: guerras arancelarias, prohibiciones a empresas tecnológicas chinas como Huawei, y si es necesario, la fuerza militar.

La nueva orientación estadounidense, respaldada por todas las secciones del sistema política —en todo caso los demócratas son más agresivos contra China que Trump— fue esbozada en comentarios por el secretario de Estado Mike Pompeo, citado por el Wall Street Journal en su artículo “Gran confrontación”.

Hablando en una cena en el Instituto Hudson a principios de este mes, dijo: “Ya no es realista ignorar las diferencias fundamentales entre nuestros dos sistemas y el impacto ... que esos sistemas tienen en la seguridad nacional estadounidense”. El liderazgo chino, continuó, pertenecía a un sistema “centrado en la lucha y la dominación internacional”.

Los comentarios y advertencias de Kissinger señalan los enormes peligros de la guerra. Pero su “esperanza” de que esta amenaza se pueda evitar señalando la amenaza a la civilización que resultaría de tal conflagración carece de fundamento. Ni en la Primera Guerra Mundial ni en la Segunda Guerra Mundial la devastación causó que las potencias imperialistas se retiraran. Más bien, siguieron adelante, con los Estados Unidos lanzando dos bombas atómicas al final de la Segunda Guerra Mundial.

Su llamado a la aceptación de la competencia y la rivalidad como antídoto para el peligro creciente también es huero. Ello se debe a que la opinión dominante en los círculos gobernantes de EEUU, basada en las más de tres décadas de producción globalizada, es que mientras más dura la competencia, más se debilitará la posición del imperialismo estadounidense y, por lo tanto, es necesario actuar mejor antes que más tarde.

Si bien se llevarán a cabo todo tipo de cambios y maniobras tácticas, ninguna apelación a las clases dirigentes para ver la “razón” puede detener el impulso elemental a la guerra porque surge de contradicciones objetivas en el sistema capitalista de ganancias y el Estado-nación.

(Publicado originalmente en inglés el 16 noviembre 2019)