Gobierno iraní mata a cientos en represión de mayores protestas en décadas

por Jean Shaoul
4 diciembre 2019

Según informes de organizaciones de derechos internacionales, grupos de oposición y periodistas locales, las fuerzas de seguridad del presidente iraní Hasan Rohani han matado a más de 400 personas desde el estallido de las protestas masivas de trabajadores y los jóvenes el 15 de noviembre. Los levantamientos fueron desatados por un alza súbita en el precio de la gasolina y las dificultades económicas generalizadas. Según los informes, otras 2.000 personas han resultado heridas y 7.000 detenidas durante la represión del Gobierno.

Dada la suspensión del internet por cinco días por parte del Gobierno y la hostilidad de los medios de comunicación occidentales hacia Irán, es difícil saber cuán precisas son estas cifras y la veracidad de las afirmaciones y respuestas sobre quién estuvo detrás de la brutal represión de las protestas.

El Gobierno reconoció que 12 personas habían muerto después de tres días de protestas, mientras que Amnistía Internacional afirmó que al menos 161 personas habían muerto en 10 provincias, principalmente como resultado de municiones reales. Según el New York Times, que tiene vínculos estrechos con el aparato militar y de seguridad de Estados Unidos, el número de muertos por la represión del Gobierno durante las últimas dos semanas fue de entre 180 y 450.

El ministro del Interior, Abdolreza Rahmani Fazli, dijo que 731 bancos, 140 espacios públicos, nueve centros religiosos, 70 estaciones de gasolina, 307 vehículos, 183 autos de policía, 1.076 motocicletas y 34 ambulancias fueron atacadas y dañadas. Dijo que hubo protestas en 29 de las 31 provincias y 50 bases militares fueron atacadas. Si es cierto, implica un nivel de coordinación no visto en las manifestaciones anteriores en 2009 y 2017-18, o incluso en otros movimientos de protesta en Oriente Próximo.

Hamed, un actor que vive en un suburbio en el oeste de Teherán, hablando con el Financial Times sobre los manifestantes que llevaron a cabo los ataques, dijo: "Eran como una pandilla, marchando en las calles con las caras cubiertas, destruyendo objetivos específicos como bancos" y parecían "profesionales con herramientas sofisticadas". Añadió que algunos de ellos "deben haber sido dirigidos por fuerzas extranjeras". El IRGC afirmó que algunos de los manifestantes llevaban herramientas que normalmente no están disponibles en Irán. Pero otros sugirieron que los ataques solo podrían haber tenido lugar si el IRGC hubiera dirigido al menos a algunos de los manifestantes para proporcionar un pretexto para la represión.

Si bien las protestas comenzaron en respuesta a un nuevo sistema de racionamiento que permite solo 60 litros (16 galones) por mes para cada vehículo de pasajeros (más para taxis y vehículos comerciales) a un precio de 15.000 riales por litro, un aumento del 50 por ciento y 30.000 riales por litro, un aumento del 300 por ciento, en las compras de más de 60 litros; pronto se extendieron para abarcar demandas sociales, económicas y políticas más amplias. Cientos de miles salieron a las calles, colocando bloqueos de carreteras.

Al contar con entre los precios más bajos de combustible del mundo, muchas personas usan sus automóviles como taxis no oficiales para ganar dinero extra para complementar sus escasos ingresos que han sido consumidos por la inflación tras la imposición unilateral de sanciones de Washington y, lo que es más importante, la amenaza de sanciones secundarias contra países que comercian con Irán. Desde entonces, las ventas de petróleo crudo han caído de 2,8 millones de barriles por día (bpd) a menos de 500.000 bpd, lo que ha destruido la recaudación de divisas.

Esto, junto con años de austeridad, impuestos por sucesivos Gobiernos con el apoyo de todas las facciones de la élite política de Irán, ha llevado a una inflación cada vez más alta, un desempleo masivo, una disminución de los ingresos y una mayor desigualdad social. Ha expulsado a muchos jóvenes de los centros urbanos a los suburbios exteriores y ciudades satélites, donde tuvo lugar la mayor parte de los disturbios. Destaca el carácter completamente reaccionario del régimen clerical burgués que ha intensificado sus ataques contra la clase trabajadora, ya que ha tratado de llegar a un acuerdo con las potencias imperialistas.

Al principio, el Gobierno afirmó que el aumento de precios era necesario para combatir el contrabando y estaba en línea con las recomendaciones del FMI. Aunque el banco central de Irán negó haber solicitado un préstamo del FMI, pronto cambió de táctica cuando la magnitud de las protestas se hizo evidente. Al conceder que había una ira popular y justificable, los ministros del Gobierno insistieron en que el verdadero propósito del aumento del precio del gas era proporcionar un mayor apoyo financiero a las familias empobrecidas a través de un sistema de pagos mensuales en efectivo, introducido inicialmente en 2011, que en última instancia beneficiaría a casi 60 millones personas, más del 70 por ciento de los 82 millones de habitantes de Irán.

Evidentemente, existen enormes divisiones y nerviosismo dentro de la élite gobernante sobre cómo manejar las protestas. Inicialmente, algunos de los rivales socialmente conservadores de Rohani se opusieron a los aumentos de precios, pero después de que el líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei expresara su apoyo a Rohani, se retiraron.

Jamenei describió la violencia como el producto de una "conspiración muy peligrosa", mientras que el Gobierno de Rohani culpó a los "matones" vinculados con los disidentes iraníes en el exilio y los principales enemigos externos del país: Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI), creado en 1979 para defender el régimen clerical burgués del país, declaró que Estados Unidos había apoyado las protestas mediante el despliegue de una "guerra psicológica" y de "mercenarios locales" en un esfuerzo por ejercer la máxima presión sobre Teherán.

Según los informes, parte de la peor violencia tuvo lugar en la ciudad sureña de Mahshahr, en la provincia de Khuzestán, cerca del complejo petroquímico industrial más grande de Irán y puerta de entrada a Bandar Imam, un puerto importante, donde las fuerzas del CGRI rodearon, dispararon y mataron de 40 a 100 manifestantes, en su mayoría hombres desarmados y jóvenes, en un pantano donde habían buscado refugio. Mohamad Golmordai, miembro del Parlamento de la ciudad, atacó con enojo al Gobierno en un estallido que llevó a una pelea en el Parlamento que se transmitió en la televisión estatal iraní y se hizo viral en las redes sociales. Dijo: "¿Qué has hecho que el indigno sha no hizo?". Esto fue una referencia a la represión sangrienta del movimiento de protesta en 1978 que derribó el régimen tiránico del sha al año siguiente.

Mir Hoseín Mousaví, líder del movimiento verde opositor y candidato presidencial en las elecciones de 2009, culpó a Jamenei por los asesinatos. Musaví había afirmado que los resultados de las elecciones habían sido manipulados, lo que provocó manifestaciones masivas, y ha estado bajo arresto domiciliario desde 2011. También comparó la represión con la masacre de 1978 por las fuerzas del sha.

No hay duda de que Estados Unidos, Arabia Saudita, las monarquías del golfo Pérsico e Israel están tratando de explotar la creciente crisis que enfrenta Irán. El objetivo declarado de la campaña estadounidense de "presión máxima" de sanciones unilaterales, que equivale a un bloqueo económico, es reducir las exportaciones de petróleo del país a cero, mientras le niega el acceso al sistema bancario mundial. Este acto de guerra económica está diseñado para asegurar la caída del régimen nacionalista de Irán, reducir su influencia en la región e instalar un Gobierno que tome sus órdenes desde Washington, aislando así a China y Rusia.

Sin embargo, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha estado presionando a la Administración de Trump durante meses para que adopte una postura más militarista contra Irán.

La Casa Blanca anunció que el presidente Donald Trump había hablado por teléfono con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para hablar sobre Irán y otros asuntos regionales. Esta fue solo la segunda vez que los dos han hablado desde que el bloque religioso de extrema derecha de Netanyahu no logró ganar una mayoría general en las elecciones israelíes del 17 de septiembre, los segundos comicios este año.

En octubre, Netanyahu acusó a Irán de "tratar de aumentar su control en Líbano, en Siria, en Irak, en Yemen y en la Franja de Gaza. Se está armando incesantemente, equipando a sus ramas con armamento peligroso, atacando la libertad de navegación en las rutas marítimas internacionales. Derribó un gran vehículo aéreo no tripulado estadounidense y llevó a cabo un ataque flagrante y sin precedentes contra campos petroleros en Arabia Saudita". Agregó que Israel "siempre recordará y seguirá la regla básica que nos guía: Israel se defenderá por sí solo ante cada amenaza".

Varios oficiales militares estadounidenses de alto rango visitaron Israel o mantuvieron conversaciones con sus homólogos del ejército israelí sobre Irán y las crecientes tensiones sobre el papel y la influencia de Teherán en Siria, Irak, Líbano y Yemen. Netanyahu espera asegurar una reunión con el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, en Lisboa a finales de esta semana. La semana pasada, Pompeo amenazó con imponer nuevas sanciones a Irán por abusos contra los "derechos humanos" al reprimir las protestas.

Su amenaza sigue los comentarios del jefe del Comando Central de Estados Unidos, general Kenneth McKenzie, quien afirmó que, a pesar de la acumulación de poderío militar estadounidense en el golfo Pérsico, la amenaza de Irán continuó aumentando. Tales comentarios, que no tienen base en la realidad, apuntan al peligro creciente de una guerra en la región que atraería a todas las grandes potencias.

(Artículo publicado originalmente el 3 de diciembre de 2019)