Las protestas de masas en Irak y el intento de EE. UU. de recolonizar Oriente Próximo

27 enero 2020

Cientos de miles de manifestantes llenaron las calles de Bagdad el viernes en una protesta masiva por el retiro inmediato de las tropas estadounidenses del país.

Con banderas iraquíes y cánticos de “vete, vete ocupante” y “muerte a EE. UU.”, las multitudes reflejaron la inmensa ira popular que se ha acumulado por décadas hacia el papel asesino de Washington en Irak. Algunos cargaban pancartas amenazando con una resistencia armada, mientras que otros utilizaron capas blancas, simbolizando velos funerarios, lo que indica su disposición a morir en tal lucha.

Protesta contra las acciones de EE.UU. [Crédito: AP Photo]

Miriam, una estudiante de secundaria de 18 años que participó en la protesta, le dijo a Al Jazeera: “Estoy aquí hoy para protestar contra la ocupación estadounidense de nuestras tierras. Queremos liberar nuestro país de estas cadenas de opresión”.

La manifestación fue convocada como una “marcha de un millón de hombres” por parte del clérigo chiita populista, Moqtada al-Sadr, sin duda como un intento para liberar controladamente la creciente ira popular. Sadr, quien encabeza uno de los bloques más poderosos del corrupto régimen burgués, está intentando balancear entre Washington y Teherán mientras su posición es desafiada cada vez más por la revuelta desde abajo.

Entres los cientos de miles que marcharon hubo incontables trabajadores y jóvenes cuyas vidas enteras fueron moldeadas por los crímenes del imperialismo estadounidense, desde la primera guerra del golfo Pérsico des 1990-91, a través de sanciones draconianas subsecuentes, con los oficiales estadounidenses mismos reconociendo que cobraron la vida de medio millón de niños iraquíes, hasta la guerra de agresión librada en 2003 con base en mentiras sobre armas de destrucción masiva.

El World Socialist Web Site describió el impacto de la guerra como “sociocidio”, es decir, el asesinato de una sociedad entera. La cifra de muertos de la intervención estadounidense se estimó en más de un millón, mientras que millones más fueron desplazados de sus hogares. Una de las sociedades más avanzadas en Oriente Próximo en términos de salud, educación y otros índices sociales básicos fue convertida en ruinas. Las condiciones de vida en Irak siguen estando definidas por el “shock y pavor” infligido por el ejército estadounidense contra el país.

Los amargos resentimientos a lo largo de esta larga y sangrienta historia han sido revividos tras el asesinato por un dron estadounidense del general iraní Qasem Soleimani y Abu Mahdi al-Muhandis, un prominente miembro del Gobierno iraquí y líder de las Fuerzas Populares de Movilización, milicias predominantemente chiitas que forman parte de las fuerzas armadas iraquíes.

El asesinato de Soleimani y al-Muhandis, junto con ocho otros iraquíes e iraníes, en el aeropuerto internacional de Bagdad el 3 de enero constituyó tanto un acto de guerra no provocado contra Irán como un crimen de guerra.

Mientras empujan al mundo al borde de una nueva guerra catastrófica en el golfo Pérsico, los asesinatos fueron una violación descarada de la soberanía iraquí. Los oficiales del Gobierno de Trump han repetido acusaciones hasta ahora completamente infundadas de que llevaron a cabo estos asesinatos para prevenir un supuesto “ataque inminente” contra las fuerzas e intereses estadounidenses en Oriente Próximo. La realidad es que Soleimani estuvo en Bagdad debido a la invitación del primer ministro interino de Irak, Abdel Abdul Mahdi, para discutir cómo reducir las tensiones regionales entre Irán y Arabia Saudita.

El Parlamento iraquí se reunió dos días después del asesinato y aprobó una legislación exigiendo la expulsión de las fuerzas militares estadounidenses del país. Abdul Mahdi solicitó formalmente el 9 de enero que Washington enviara una delegación a Bagdad para negociar los términos de un retiro estadounidense.

La respuesta fue una de enojo y arrogancia imperialista. Trump declaró que EE. UU. había construido una “base aérea sumamente costosa” en Irak y “No nos iremos a menos que nos la paguen de vuelta”.

Amenazó con imponer sanciones punitivas, que el Departamento del Tesoro y las otras agencias ya formularon. Washington también le dijo a Bagdad que bloquearía el acceso de Irak a una cuenta de $35 mil millones en el banco de la Reserva Federal en Nueva York, un legado de la conquista militar estadounidense del país, imponiendo un bloqueo financiero que podría hacer colapsar su economía e imponer aún más sufrimiento a su población.

El Departamento de Estado dijo que enviaría una delegación a Irak solo para discutir “cómo recomprometernos de la mejor manera a nuestra alianza estratégica, sin discutir retiros de tropas, sino una postura correcta y apropiada de fuerza en Oriente Próximo”.

Trump reiteró este punto de vista después de reunirse con el presidente iraquí Barham Salih en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, el miércoles. Cuando le preguntaron sobre la amenaza de sanciones estadounidense, Trump replicó: “Veremos qué pasa porque tenemos que hacer las cosas según nuestros términos”. Salih, una criatura política oportunista que ha participado en todos los Gobiernos desde el inicio de la ocupación estadounidense en 2003, fue criticado fuertemente por aceptar reunirse con Trump. Hubo muchas advertencias de que no volviera a Irak”.

Los eventos han dejado claro el carácter esencialmente neocolonial de la intervención de Washington en Oriente Próximo durante las últimas tres décadas, bajo pretextos cambiantes de una “guerra contra el terrorismo”, “derechos humanos”, “armas de destrucción masiva” y la defensa de la “democracia”.

Los aproximadamente 6.000 soldados estadounidenses en Irak actualmente fueron desplegados bajo el pretexto de derrotar el Estado Islámico de Irak y Siria, un monstruo de Frankenstein producto del propio Washington. Esta milicia yihadista, la cual emergió de las fuerzas vinculadas con Al Qaeda que EE. UU. y sus aliados desataron en su guerra de cambio de régimen en Siria, luego giraron hacia el este, tomando el control de aproximadamente una tercera parte de Irak en 2014. La “guerra contra el Estado Islámico” resultó en la devastación de Mosul, previamente la segunda ciudad más grande de Irak, junto con otras ciudades y pueblos de la provincia Anbar. Decenas de miles murieron y cientos de miles fueron desplazados.

Ahora, los comandantes militares estadounidenses están afirmando que el Estado Islámico ya no es una amenaza seria y que Irán y las milicias iraquíes chiitas e influenciadas por Irán, las cuales libraron la mayor parte de los combates contra el Estado Islámico, son los principales enemigos en Irak. Se informa de discusiones entre oficiales estadounidenses y políticos sunitas de Irak que buscan fomentar un Estado iraquí sunita separado que pueda auspiciar las bases estadounidenses.

Lo que está involucrado es un nuevo reparto imperialista de Oriente Próximo. Trump ha expresado el carácter criminal de esta operación de la forma más abierta en Siria, donde les ordenó a las tropas estadounidenses que “tomen el petróleo”, ocupando los yacimientos de petróleo y gas natural de la provincia Deir Ezzor del noreste. Al mismo tiempo, ha sugerido llevar a un importante conglomerado energético estadounidense para que saquee los recursos del país.

Detrás de este giro hacia el bandidaje imperialista abierta está el fracaso de varias intervenciones militares y operaciones de cambio de régimen en Oriente Próximo para lograr los objetivos estratégicos de Washington. Ahora, se orienta hacia una guerra regional contra Irán como parte de su preparación para una confrontación “entre grandes potencias” contra China, buscando utilizar la fuerza militar para estrangular el acceso a los recursos energéticos en los que depende la economía china.

El levantamiento de las masas iraquíes no solo se ha expresado en la protesta masiva contra la ocupación estadounidense, sino en las continuas protestas contra la desigualdad social, el desempleo y la corrupción del régimen que han sacudido el país desde octubre pasado, dejando aproximadamente 600 muertos.

Estas luchas se están desarrollando según el país se acerca al centenario de la Gran Revolución Iraquí de 1920, cuando las poblaciones sunitas y chiitas de Irak se unieron en una lucha heroica contra las fuerzas británicas que se habían repartido las posesiones coloniales del cadáver del Imperio Otomano.

El imperialismo británico respondió con una brutalidad sin límites, empleando gases venenosos y bombardeos terroristas contra una población empobrecida, dejando a cerca de 10.000 iraquíes muertos. “Estoy fuertemente a favor de utilizar gases venenosos contra tribus no civilizadas [para] propagar un vivaz terror”, declaró Winston Churchill, entonces el ministro de guerra.

La independencia formal y más de medio siglo de gobierno burgués nacionalista en Irak y por todo Oriente Próximo no han librado la región de la opresión imperialista ni atendido las demandas sociales y democráticas fundamentales de las masas obreras. Ahora, los métodos promovidos por Churchill están regresando de manera vengativa.

Las protestas de masas en Irak, junto con las luchas de obreros y jóvenes en el país vecino de Líbano e Irán, que ocurren en medio de un estallido global de la lucha de clases, apuntan el camino a seguir.

Han pasado diecisiete años desde las manifestaciones masivas contra la guerra en Irak de 2003. Millones participaron en EE. UU., Europa e internacionalmente. Existe una oposición enorme a la guerra entre los trabajadores y jóvenes de todo el mundo. Esta oposición debe ser conectada a la ola creciente de la lucha de clases y las protestas contra la desigualdad social.

Es precisamente la lucha de la clase obrera contra el capitalismo, tanto en Irak como en el resto de Oriente Próximo e internacionalmente, lo que ofrece la única respuesta a la reimposición del colonialismo y a una nueva guerra mundial imperialista. Este movimiento de masas emergente debe ser armado con un programa socialista e internacionalista para unir a los trabajadores de todo el planeta en una lucha común para poner fin a la fuente de la guerra y la desigualdad social, el capitalismo.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 25 de enero de 2020)

Bill Van Auken