La desaceleración del crecimiento de la eurozona llega a su nivel más bajo en siete años

por Nick Beams
19 febrero 2020

La economía de la eurozona está experimentando su peor recesión desde la crisis de divisas de 2012, según datos oficiales publicados la semana pasada, aún antes de que se hiciera sentir el impacto del estallido del coronavirus en China.

Las cifras hicieron añicos las afirmaciones de que la perspectiva económica de Europa había empezado a mejorar, revelando que el crecimiento en la zona de la moneda única fue de solo el 0,1 por ciento en el cuarto trimestre del año pasado.

Alemania, la economía más poderosa de la eurozona, no registró crecimiento en el cuarto trimestre, por debajo de las expectativas de los analistas, tras el crecimiento del 0,2 por ciento en el tercero.

La principal fuerza impulsora de la recesión es la caída en la producción industrial. Eurostat informó la semana pasada de que la producción cayó un 2,1 por ciento en diciembre, llevando el declive total del año al 4,1 por ciento. La producción fabril bajó en Alemania, Francia e Italia.

Los datos indican que otras áreas de la economía también están bajando. Hubo una bajada del 1,6 por ciento en las ventas minoristas en la eurozona en diciembre, el declive más abrupto en una década.

Los comentarios sobre las últimas cifras por parte de analistas económicos y financieros fueron unánimemente pesimistas.

Anatoli Annenkov, el economista decano de la empresa financiera francesa Société Générale, dijo: "Los números hasta ahora han sido simplemente feos, no solo la producción industrial sino también las ventas minoristas".

Nadia Gharbi, economista decana de Picet Wealth Management, dijo: "Al principio del año vimos indagaciones que indicaban una recuperación y la resistencia de servicios en la eurozona. Pero los datos duros que hemos visto recientemente han sido bastante espantosos".

El economista de ING Carsten Brzeski describió la situación industrial como un "espectáculo de horror". "A pesar de algunas señales positivas provisorias de los datos secundarios que apuntan a que se ha tocado fondo en la depresión manufacturera, la dura realidad se ve completamente diferente".

La situación se espera que empeore a lo largo del período venidero según se difundan los efectos económicos del coronavirus, con predicciones de que Alemania, así como otras economías, podrían deslizarse hacia la recesión.

El jefe de pronósticos de Ifo, la organización de investigación muniquesa, Timo Wollmerhäuser dijo: "pérdidas mayores de producción en la industria china podrían intensificar apreciablemente los efectos del coronavirus en la economía alemana". Alemania, comentó, podría resultar mucho más afectada que otros países europeos porque el 9,4 por ciento de los bienes intermedios alemanes, que forman parte de las cadenas de abastecimiento industriales, vienen desde China.

Alemania también va a ser golpeada en el lado de la demanda. Las exportaciones a China son el 7 por ciento de todas las exportaciones alemanas, que abarcan alrededor del 2,8 por ciento de la producción nacional.

Stefan Schneider, economista jefe para Alemania en el Deutsche Bank, señaló que una demanda china débil era un importante factor en la desaceleración de las exportaciones en 2019. Predijo que el estallido del coronavirus podría hacer bajar 0,2 puntos porcentuales del crecimiento del primer trimestre lo que haría "muy probable" una "recesión técnica" —definida como dos trimestres de crecimiento negativo.

"El estallido del coronavirus da un riesgo sustancial a la recuperación global esperada, ya que se habían depositado las esperanzas en una mejora de la economía china", dijo.

Las estimaciones del impacto del coronavirus en la economía china están siendo escaladas firmemente según grandes sectores de la economía siguen atados. El banco australiano ANZ ha previsto que el crecimiento en el primer trimestre del año caerá al 3,2 por ciento, la mitad de la tasa de los primeros tres meses de 2019, que mostraron el crecimiento anual más bajo en 30 años.

Pero hasta estas estimaciones significativamente más bajas son vistas como demasiado optimistas. "No puedo creer que vaya a crecer por el 2 por ciento siquiera", le dijo al Financial Times Jörg Wuttke, el jefe de la Cámara de Comercio de la UE en China. Según otras estimaciones la economía china se estancará en el primer trimestre.

Christine Lagarde, presidenta del BCE, dando un discurso ante la comisión de economía y asuntos monetarios del Parlamento Europeo en Estrasburgo, Francia (Fuente: Foto AP, Jean-François Badias)

Incluso antes de que salieran estos últimos datos, la antigua directora del Fondo Monetario Internacional y ahora presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, advirtió de que la crisis del coronavirus había desplazado a la guerra comercial entre los EEUU y China como el principal riesgo al crecimiento económico.

"Los riesgos negativos son múltiples y cuando alguno de ellos es eliminado gradualmente, aparecen otros nuevos", dijo.

Aunque está empeorando la perspectiva económica, las bolsas europeas, al igual que Wall Street, siguen subiendo.

El viernes, el índice Stoxx 600, que abarca las compañías más grandes de la eurozona, batió su récord. Los precios de los bonos también subieron, empujando las tasas de interés aún más hacia abajo —el rendimiento de los bonos griegos a diez años, antaño anatema para los inversores financieros, bajó a su mínimo histórico del 1 por ciento.

Tal como lo es en los EEUU, la razón de esta divergencia entre los mercados financieros y la economía real es la creencia de que se inyectará dinero más barato en el sistema financiero, alimentando la actual especulación.

Se espera que el BCE afloje su política monetaria aún más en su próxima reunión en marzo empujando sus tasas de interés de base más profundamente en territorio negativo y posiblemente aumentando su compra de bienes financieros desde su nivel actual de €20 mil millones al mes a €40 mil millones.

Hay advertencias de que la capacidad de los bancos centrales de seguir apuntalando el sistema financiero y de brindar un estímulo se está volviendo cada vez más limitada.

A principios de mes Lagarde dijo que las ya bajas tasas de interés, junto a la baja inflación y el crecimiento bajo en toda la eurozona, habían "reducido significativamente el alcance para que el BCE y otros bancos centrales del mundo relajen la política monetaria" si hubiera una nueva crisis.

Del otro lado del Atlántico, la antigua jefa de la Reserva Federal estadounidense, Janet Yellen, lanzó la misma advertencia.

"Me preocupo por las bajas tasas de interés porque son un síntoma de un problema más profundo en la economía global", dijo. "Y ha puesto a los bancos centrales en una posición en la que no tienen demasiada munición. Si tenemos una seria recesión, probablemente no seamos capaces de contar con los bancos centrales para dar una respuesta significativa".

(Publicado originalmente en inglés el 17 de febrero de 2020)