General Motors exige ganancias mientras escasez de respiradores amenaza decenas de miles de vidas

30 marzo 2020

En ciudades por todo EE. UU., los hospitales están llegando a capacidad conforme se duplican las infecciones del COVID-19 cada dos día. El viernes, el número de casos confirmados superó los 100.000, tras un aumento de casi 20.000 casos nuevos. Más de 250 personas fallecieron, llevando el total a más de 1.500.

Mientras tanto, los doctores y enfermeros lidian con una escasez nacional de equipos de protección y médicos.

Enfermeras en bolsas de basura en el hospital Mount Sinai West (Facebook: Diana Torres)

La falta de vitales respiradores se está convirtiendo rápido en el factor central que aumentará dramáticamente las muertes.

En la región metropolitana de Detroit, que está convirtiéndose en el centro de la pandemia en EE. UU., el sistema hospitalario Henry Ford les advirtió a los pacientes que “debido a carencias”, es posible que aquellos “extremadamente enfermos” sean “inelegibles para las unidades de cuidados intensivos o a respiradores”. El alcalde de Detroit, Mike Duggan (un exejecutivo de la industria sanitaria) aplaudió la carta ayer, declarando que “lo que ponen es honesto”.

Otros sistemas sanitarios preparan medidas aún más horrendas. Los estados de Washington y Alabama están activando estatutos que les permitirían negarles cuidados vitales a personas con discapacidades mentales.

Una denuncia legal presentada por el Programa de Defensa para Discapacidades de Alabama señala que el plan estatal de emergencia “identifica específicamente y excluye a ciertas personas con discapacidades intelectuales para el acceso a respiradores en caso de racionamientos… Se les ordena a los hospitales ‘no ofrecer asistencia respiratoria mecánica para pacientes’ con ‘retardo mental severo o profundo’… Esta política también aplica para los niños”.

En cuestión de días, los profesionales médicos vivirán su peor pesadilla: decidir quién vive y quién muere.

La afirmación de Trump de que “ninguna persona en sus sueños más descabellados jamás pensó que necesitaríamos decenas de miles de respiradores” es una mentira flagrante. De hecho, innumerables reportes y estudios de epidemiólogos, profesionales de la salud e incluso agencias gubernamentales hicieron precisamente dicha advertencia.

Un reporte de 2003 de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno advirtió que “pocos hospitales tienen el equipo médico adecuado, como respiradores necesarios frecuentemente para infecciones respiratorias”. En 2005, el Departamento de Salud y Servicios Humanos publicó un Plan para una Pandemia de Influenza que señala que “en una pandemia severa es posible que haya carencias, por ejemplo, de respiradores mecánicos…”.

En junio de 2017, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades publicaron un reporte de epidemiólogos intitulado “Acumular respiradores para para pandemias de influenza” que declara: “Existen preocupaciones importantes de que las unidades de cuidados intensivos puedan tener recursos insuficientes para tratar a todas las personas que necesiten asistencia respiratoria. Los estudios anteriores argumentan que las capacidades actuales son insuficientes para enfrentar pandemias moderadamente severas…”.

No obstante, el Gobierno federal, tanto bajo demócratas como republicanos, no hizo nada. Cada año en las últimas dos décadas, el gasto militar fue más de 50 veces lo que costaría una reserva nacional de un millón de respiradores artificiales. Asimismo, producir esta reserva habría costado aproximadamente $15 mil millones, una fracción minúscula de lo que se utilizó para rescatar a los bancos.

Ahora, frente a una falta crítica de respiradores, las principales corporaciones ven la pandemia del COVID-19 como una oportunidad sumamente lucrativa para manipular precios y especular.

El viernes, el New York Times reportó que los planes de General Motors para producir respiradores fracasaron porque el Gobierno de Trump se quejó sobre el precio exigido por la empresa.

La decisión “se produjo después de que la Agencia Federal para el Manejo de Enfermedades dijera que necesitaba más tiempo para evaluar si el costo estimado era prohibitivo. La tarifa era de más de $1 mil millones, con un pago adelantado de varios cientos de millones de dólares para General Motors”. La empresa registró ganancias de $6,5 mil millones el año pasado.

El Times añadió: “La cuenta de $1,5 mil millones termina siendo aproximadamente de $18.000 por respirador. Y el costo total, en comparación, equivale aproximadamente a comprar 18 F-35, el avión de combate más avanzado del Pentágono”.

GM subsecuentemente anunció que procedería a producir los respiradores en alianza con la empresa de aparatos médicos Ventec.

Por su parte, el Gobierno de Trump se rehusó por varias semanas a aplicar la Ley de Producción para la Defensa y ordenar la producción de respiradores y otro equipo porque no quería imponerse ninguna demanda a las empresas. El viernes, Trump anunció que utilizaría la ley para “obligar” a GM a hacer algo a lo que ya se había comprometido.

Dado a la escasez de partes, casi ningún ventilador estará disponible para la masiva expansión de demanda que se espera en los próximos dos meses. El Times señaló que “el impulso general no tendrá un gran efecto hasta principios del verano, indicaron los ejecutivos de la industria, quizás a tiempo para una ‘segunda ola’ de infecciones”.

Mientras el Gobierno de Trump y el gigante automotor negocian el pago y las ganancias para GM, hay personas muriendo.

El Partido Socialista por la Igualdad lucha por transformar todas las principales empresas, incluyendo las grandes corporaciones de salud y manufactura, en utilidades públicas bajo control democrático. Se deben poner a disposición todos los recursos para la producción de respiradores y otros equipos, así como la construcción de hospitales, no para rescatar a las empresas y comprar los activos de los inversores de Wall Street.

En la medida en que la propiedad privada se interponga en el camino de salvar vidas, necesita ser eliminada. Los enormes avances tecnológicos y científicos y la gran fuerza productiva de la humanidad deben ser librados de los límites impuestos por el afán de lucro y el sistema de Estados nación.

Todos los esfuerzos serios para enfrentar la crisis del coronavirus y prepararse para ella han sido saboteados por el control privado de los medios de producción. Esta es la cuestión esencial: o bien la élite gobernante dirige la vida económica con base en las ganancias y la acumulación de riqueza o bien la clase obrera dirige la vida económica con base en las necesidades sociales. El capitalismo o el socialismo.

Llamamos a todos los trabajadores y jóvenes a unirse al Partido Socialista por la Igualdad hoy y adoptar esta lucha.

(Publicado originalmente en inglés el 28 de marzo de 2020)

Andre Damon