¡Por una acción de emergencia contra la destrucción de empleos! ¡Apoyo financiero y social completo para todo trabajador impactado por la pandemia del COVID-19!

4 abril 2020

La emergencia sanitaria generada por la pandemia del coronavirus se está convirtiendo en la mayor crisis económica y social desde la Gran Depresión de los años treinta.

El Departamento de Trabajo de EE. UU. reportó el jueves que el número de nuevas solicitudes por desempleo fue de 6,6 millones la semana pasada. Más de 10 millones de personas han solicitado beneficios por desempleo en las últimas dos semanas.

Cola de personas solicitando beneficios de desempleo en el Centro de Carreras One-Stop en Las Vegas (AP Photo/John Locher)

Antes del brote de la pandemia del coronavirus, el previo récord de solicitudes por desempleo en una semana era de 695.000, una décima parte de la cifra reportada ayer. A medida que se dispara el número de trabajadores perdiendo sus empleos e ingresos, aumentan dramáticamente las infecciones y muertes reportadas.

Hace menos de un mes, el Gobierno de Trump estaba afirmando que la pandemia tendría un impacto pequeño en el país. Pero hubo 30.000 nuevos casos ayer en EE. UU., llegando a un total de un cuarto de millón de personas. Hubo más de 1.200 nuevas muertes, un aumento del 25 por ciento en un día a más de 6.000. Estados Unidos tiene más del doble de casos que cualquier otro país, superando por mucho a Italia, España, Alemania y China. A nivel global, las infecciones registradas superaron el millón ayer y las muertes los 50.000.

Las estadísticas del Departamento de Trabajo de EE. UU. subestiman significativamente la magnitud de la crisis de empleo. No incluyen a aquellos que han solicitado beneficios por desempleo esta semana. Hay cientos de miles de trabajadores que están intentando solicitar beneficios pero se topan con sitios web y centros telefónicos saturados. Los trabajadores en Detroit, Nueva York y otras ciudades reportan que sus llamadas a las oficinas de desempleo terminan en esperas indefinidas o simplemente les cuelgan.

Las cifras oficiales de desempleo tampoco toman en cuenta a los más de 11 millones de inmigrantes indocumentados que componen aproximadamente al 3 por ciento de la población. Millones de estos trabajadores en la industria hotelera, los servicios y otros sectores han perdido sus empleos, pero no pueden recibir beneficios ni otras formas de asistencia. Por ende, no están presentando solicitudes y no son incluidos en las cifras oficiales.

El proyecto de ley aprobado por el Congreso el mes pasado supuestamente les permite a los trabajadores casuales presentar solicitudes para beneficios por desempleo, pero la mayoría de los estados no ha creado la forma para que lo hagan.

La dislocación social y el sufrimiento a raíz de este colapso económico son incalculables. Un porcentaje de pequeñas empresas que están cerrándose nunca reabrirán. Hay familias que están perdiendo toda fuente de ingresos. Las consecuencias psicológicas de la dislocación a esta escala son enormes.

Millones de trabajadores dependen de sus empleos para sus seguros médicos. Serán retirados de su seguro o bien tendrán que pagar mucho más para no perderlo. Millones de personas más no tienen seguro o deben pagar uno privado con cobertura insuficiente a través de Obamacare, que involucra gastos de bolsillo enormes.

La responsabilidad del catastrófico impacto de la pandemia recae enteramente en el sistema capitalista, la clase gobernante y el Gobierno que sirve sus intereses. A pesar del hecho de que los científicos han advertido por décadas de que una pandemia era posible en un futuro cercano, una Administración tras otra minimizó el riesgo y de hecho socavó la infraestructura médica y social para una emergencia sanitaria a través de recortes continuos.

Por décadas, el foco de las políticas desarrolladas por el Gobierno y la élite corporativa-financiera ha sido la maximización de las ganancias y el enriquecimiento de los ejecutivos empresariales y grandes accionistas.

Incluso cuando Estados Unidos y el resto del mundo son arrasados por la pandemia, estas prioridades no han cambiado. De hecho, están siendo aplicadas tan despiadadamente como nunca. La crisis está siendo utilizada como una oportunidad para enriquecer a la oligarquía.

Mientras el Congreso se apura con apoyo unánime y bipartidista para aprobar un proyecto de ley que le entrega billones a Wall Street y cientos de miles de millones en rescates a las empresas, la asistencia para la gran masa de trabajadores estadounidenses y pequeñas empresas es caóticamente desorganizado y completamente inadecuado. Los pagos únicos no se enviarán hasta fines de abril y millones de pobres están siendo excluidos. Asimismo, los suplementos por desempleo son una medida temporal y remedial que deja a millones sin ayuda y no hace nada para cubrir la renta o los mayores costos del seguro médico.

El Gobierno ya está incumpliendo elementos clave de su promesa de proporcionar apoyo a las pequeñas empresas. Aprovechando el hecho de que los préstamos prometidos serán administrados por los grandes bancos, instituciones como JP Morgan Chase están aprovechando la oportunidad para enriquecerse. El Financial Times informa: “Los bancos van a recaudar miles de millones de dólares en honorarios a partir de los 350.000 millones de dólares en préstamos que se ofrecen a las pequeñas empresas de EE. UU. como parte de la respuesta federal a la pandemia del coronavirus ... Los bancos recibirán honorarios de procesamiento, pagados por el Gobierno federal, por hacer los préstamos. Las tarifas variarán según el tamaño del préstamo: 5 por ciento para préstamos menores de 350.000 dólares, 3 por ciento para préstamos menores a 2 millones de dólares y 1 por ciento para préstamos mayores a 2 millones de dólares”.

El abismo económico y social que separa al Gobierno y a la élite empresarial y financiera de las preocupaciones de la gran mayoría de la población encontró una vívida expresión el jueves.

El mismo día en que el Departamento de Trabajo reportó lo que fue por lejos el mayor crecimiento del desempleo en la historia de los Estados Unidos, el índice Promedio Industrial Dow Jones aumentó 2,24 por ciento, o 469 puntos, y el S&P 500 subió un 2,28 por ciento.

En algún momento, sin embargo, debe haber una producción de valor real, que proviene de la explotación de la clase obrera. Aunque Trump ha retirado su demanda de que Estados Unidos “vuelva al trabajo” a mediados de este mes, el impulso para volver al trabajo, independientemente de las consecuencias para la salud, no ha desaparecido.

La revista británica Economist escribió en su editorial del 12 de abril, “Un cálculo sombrío”: “Suena indolente, pero un cálculo de las vidas en dólares, o al menos alguna forma de pensar sistemáticamente, es precisamente lo que los líderes necesitarán si han de hallar su camino en los horribles meses venideros”.

Además, las empresas intentarán utilizar la catástrofe económica como una oportunidad para llevar a cabo una nueva reestructuración de las relaciones de clases. Muchos de los puestos de trabajo eliminados no volverán, o los trabajadores se verán obligados a aceptar salarios y beneficios más bajos.

El hecho de que los mercados hayan aumentado incluso ante el desempleo masivo y una pandemia que se sigue propagando y que el gobierno declara que matará a 200.000 personas como mínimo expone las divisiones de clase en la sociedad estadounidense.

Estas divisiones ya no pueden ser ocultadas. Ya han estallado huelgas y paros entre los trabajadores de Amazon, Whole Foods, Instacart, los trabajadores de la industria automotriz, los transportistas y otros sectores de la clase trabajadora. Esto es sólo el comienzo. A medida que las consecuencias económicas se intensifiquen, la ira social asumirá formas cada vez más explosivas.

El crecimiento de las luchas de la clase obrera debe ser guiado por un claro programa anticapitalista y socialista. El Partido Socialista por la Igualdad denuncia el despilfarro de recursos en rescates de las corporaciones y Wall Street. Exige:

El principio esencial que debe guiar la respuesta a la crisis económica y sanitaria es que las necesidades de la clase trabajadora deben tener prioridad absoluta sobre la riqueza y las ganancias de los ricos.

Los acontecimientos están demostrando la necesidad de una completa reestructuración de la sociedad sobre una base socialista. Los vastos avances tecnológicos y científicos y las enormes fuerzas productivas de la humanidad deben liberarse de las limitaciones que les imponen el afán de lucro y el sistema de Estados nación.

Estas demandas no se pueden ganar por medio de llamados al Gobierno a los partidos gemelos de la oligarquía. Solo se pueden realizar por medio de la movilización de toda la fuerza organizacional y social de la clase obrera, con base en un programa socialista cuyo objetivo es transferir el poder político de la clase capitalista a la clase obrera.

La campaña presidencial del Partido Socialista por la Igualdad es luchar por este programa. Llamamos a todos los trabajadores y jóvenes a que se unan a esta lucha, apoyen y se involucren activamente en nuestra campaña.

(Publicado originalmente en inglés el 3 de abril de 2020)

Joseph Kishore y candidato a presidente de EE. UU. del Partido Socialista por la Igualdad