El nuevo líder laborista del Reino Unido, Keir Starmer ofrece unidad nacional con el gobierno conservador

por Chris Marsden
7 abril 2020

El primer acto del recién elegido líder laborista Sir Keir Starmer fue acordar la cooperación con el gobierno conservador de Boris Johnson para la duración de la crisis del coronavirus.

El respaldo de Starmer al vicioso gobierno antiobrero de Johnson confirma que Jeremy Corbyn, el líder saliente, ha presidido un gran giro a la derecha en la política oficial, con graves implicaciones para la clase obrera.

Casi cinco años después de que Corbyn fuera elegido líder del partido en 2015 prometiendo acabar con la agenda de la derecha laboristas a favor de los negocios, la austeridad y la guerra, los blairistas están de vuelta en el mando y contemplando maniobras que incluso Tony Blair habría considerado un suicidio político. Los constantes retrocesos de Corbyn en todos los temas fundamentales —exigiendo que los concejales laboristas impongan austeridad, acordando un voto a favor de la guerra contra Siria, respaldando el ingreso en la OTAN y conservando las armas nucleares— junto con su cobarde negativa a oponerse a la caza de brujas contra sus partidarios ha terminado en una debacle.

Los trabajadores han abandonado en masa al partido laborista, y los cientos de miles que se unieron para elegir dos veces a su líder se han quedado indignados y privados de sus derechos. El resultado es que casi 300.000 electores elegibles se abstuvieron en la votación para elegir al líder y muchos están abandonando el partido que sigue siendo tan proimperialista como siempre lo fue.

Starmer ganó fácilmente en la primera vuelta, con el 56 por ciento de los votos, mientras que Rebecca Long-Bailey, la candidata nominalmente de izquierda, quedó en segundo lugar con sólo el 27,6 por ciento. Angela Rayner fue elegida cómodamente como líder adjunta, mientras que los tres puestos disputados en el Comité Ejecutivo Nacional fueron ganados por los derechistas.

Inmediatamente antes del anuncio del resultado el sábado, Johnson invitó a todos los líderes de la oposición a una reunión informativa sobre el coronavirus en el número 10, sede del Gobierno del Reino Unido, declarando: “Como líderes de los partidos tenemos el deber de trabajar juntos durante este tiempo de emergencia nacional”.

Starmer ya estaba con una respuesta preparada. En una filmada declaración de victoria el declaró: “Nuestra buena voluntad de unirnos así como nación ha estado latente durante demasiado tiempo... Bajo mi liderazgo nos comprometeremos constructivamente con el Gobierno, para no estar en la oposición por el bien de la oposición. No anotar puntos políticos partidistas o hacer demandas imposibles. Pero con el coraje de apoyar cuando eso sea lo correcto”.

El siguiente paso de Starmer fue llamar a Johnson, con un portavoz explicando que había “ofrecido trabajar de forma constructiva con el Gobierno” y que había acordado “arreglos para las sesiones informativas y discusiones del consejo privado” en la siguiente etapa.

Mientras extendía una rama de olivo a los Tories, Starmer dejó claro que se intensificaría la caza de brujas de cientos de miembros laboristas izquierdistas falsamente acusados de ser antisemitas. “El antisemitismo ha sido una mancha en nuestro partido”, afirmó. “Y voy a arrancar este veneno de raíz...”.

El Sunday Times de Rupert Murdoch predijo la semana pasada que Starmer “purgaría a los aliados de Jeremy Corbyn en el gabinete en la sombra y las sedes del partido a las semanas de convertirse en líder laborista”. Esta semana, la subdirectora del periódico Sarah Baxter escribió que Starmer será juzgado por la clase dirigente por si “Manda a volar a los marxistas, ultraizquierdistas y antisemitas que acudieron a la bandera de Corbyn”.

A todas luces, el Partido Laborista está ahora en un Gobierno de unidad nacional con los Tories dada la disposición de los laboristas a hacer lo que se les exige, aunque todavía no se ha formalizado. Pero el anuncio de ayer de que Johnson fue trasladado al hospital y sigue sufriendo por COVID-19 podría acelerar las discusiones sobre un Gobierno de unidad nacional.

El Laborismo hará todo lo posible para reforzar el mensaje de que la clase obrera debe aceptar la erosión de sus derechos democráticos que se está produciendo con el pretexto de combatir el coronavirus. Insistirá en que no se debe desafiar a un Gobierno que ha entregado 370.000 millones de libras esterlinas a los bancos y las empresas, incluso cuando las semanas de indolencia gubernamental en relación con COVID-19, y recortes drásticos en el NHS y los servicios de atención médica llevados a cabo por Johnson están provocando miles de muertes innecesarias.

Una estrategia de “unidad nacional” ha sido discutida a puerta cerrada y en los medios de comunicación durante semanas, en una descarada conspiración política contra la clase obrera.

El diario conservador Daily Telegraph editorializó el 18 de marzo, “Todos, incluyendo la Oposición, necesitan remar en la misma dirección. Tal vez se necesite un gabinete de guerra multipartidario”. George Freeman, exministro del Gobierno de Johnson, dijo a The Guardian el 24 de marzo: “La magnitud de esta emergencia nacional... exige una suspensión de la política como de costumbre. Cuando los laboristas tengan un nuevo líder sensato, Keir Starmer [si es elegido] debería ser invitado al gabinete de COVID, Cobra y a las reuniones informativas conjuntas del nº 10”.

Los diversos defensores de la unidad nacional citan repetidamente la coalición de Winston Churchill en tiempos de guerra con los laboristas bajo Clement Atlee como su ejemplo. Sin embargo, la colusión actual entre los laboristas y los conservadores no está motivada por una supuesta “guerra contra el coronavirus”, sino por una guerra permanente contra la clase obrera. Como dijo un líder partidario de Starmer al Financial Times, “El precedente de Attlee no es malo... Si los cuerpos empiezan a acumularse de forma seria y el confinamiento tiene que continuar y empezamos a ver disturbios civiles... Johnson podría decir, ‘¿Por qué no vienes y nos ayudas?’”.

Nada de esto terminará con COVID-19 bajo control. Cientos de miles ya han perdido sus trabajos. Millones más están amenazados. Además, como ocurrió con el rescate de 2008, las enormes sumas entregadas a la élite empresarial en las últimas semanas se pagarán mediante un aumento de la austeridad y la imposición de niveles salvajes de explotación en las fábricas y los lugares de trabajo. Una vez que el aumento previsto de casos de COVID-19 haya pasado, los Laboristas apoyarán al Gobierno en cualquier medida para suprimir el creciente descontento social en un momento de continua “emergencia nacional”.

No habrá oposición de la supuesta “izquierda” laborista, cuya impotencia y cobardía encontró tan perfecta encarnación en Corbyn. Su autoproclamada sucesora, Long-Bailey, ya indicó que está lista para unirse a un Gbierno de unidad nacional, diciendo a Sky TV antes de que se anunciara el resultado de la votación: “Ya he estado colaborando con el Gobierno e instándoles a que escuchen mis consejos y los de mis colegas para afrontar esta crisis, porque queremos ser tan útiles como sea posible... Estamos tratando de ayudar y eso es lo que haré como líder, y eso es lo que haré si no soy líder, si estoy apoyando a un nuevo líder”.

El Partido Laborista está muerto en lo que concierne a la clase obrera. Los trabajadores y la juventud deben emprender una nueva lucha de clases y la lucha por el socialismo. El Partido Socialista por la Igualdad llama a los trabajadores a unirse a nosotros para rechazar todos los llamamientos a la unidad nacional, que se utilizan para justificar la imposición de salvajes ataques a los puestos de trabajo, los salarios y los derechos democráticos. Los trabajadores deben exigir:

* El fin del rescate de los bancos y las empresas. El dinero público debe dirigirse a la lucha contra la pandemia, proporcionando los recursos necesarios al NHS y al sector de la atención médica y salvaguardando los empleos y el sustento de los trabajadores.

* La confiscación de la riqueza de los superricos. Colocar los bancos y las empresas en propiedad pública sin compensación para financiar las protecciones sociales esenciales.

* No a los recortes de empleos y salarios. Congelar las hipotecas, alquileres y pagos de servicios públicos mientras dure la pandemia. Poner la producción bajo el control democrático de la clase trabajadora.

* No confiar en los sindicatos, que son herramientas del Gobierno y de los empleadores. Formar comités de base en cada lugar de trabajo y barrio.

La lucha contra COVID-19, el calentamiento global, la guerra y otras amenazas existenciales a la vida exige una colaboración intensiva y planificada entre los pueblos del mundo, incluidos sus científicos y otros expertos. Pero esto significa poner fin a la división del mundo en naciones antagónicas basadas en la producción para el beneficio privado, y no en la necesidad social, mediante la transferencia revolucionaria mundial del poder político de la clase capitalista a la clase trabajadora.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 6 de abril de 2020)

El autor también recomienda:

UK: Corbyn’s pathetic exit as Labour leader amid coronavirus crisis
[27 marzo 2020]

Daily Telegraph rails against socialist revival due to coronavirus crisis
[1 abril 2020]

UK: Johnson government uses coronavirus crisis to seize dictatorial powers
[20 marzo 2020]

Boris Johnson’s coronavirus measures: Political criminality that will cost tens of thousands of lives
[25 marzo 2020]