Larry Summers y la campaña de Biden

por Nick Beams
29 abril 2020

Tras la miserable capitulación de Bernie Sanders ante Joe Biden, presunto candidato presidencial del Partido Demócrata, los principales partidarios de la campaña de Sanders, incluidos los Socialistas Demócratas de EEUU (DSA), han tratado de mantener que, a pesar del previsible resultado, no todo fue en vano.

Sanders, afirman, desplazó el “debate”, incorporando a la política temas vitales que antes se consideraban periféricos.

Con la narrativa de estos aspirantes a alquimistas políticos en ruinas, es decir, promoviendo la ilusión de que Sanders tomaría el liderazgo del Partido Demócrata y lo convertiría en una dirección “progresista” o incluso “socialista”, han cambiado su línea hacia la ilusión de que Sanders puede liderar una exitosa campaña de presión para desplazar a Biden hacia la izquierda.

Por su parte, el bando de Biden, reconociendo la hostilidad hacia su candidato, especialmente entre los votantes más jóvenes, dice que está extendiendo la mano a la base “progresista”.

El velo se levantó en esta campaña publicitaria manipuladora el jueves pasado, cuando Bloomberg News reveló que el secretario de tesorería de la administración de Clinton, Larry Summers, era un asesor clave de Biden en la formulación de la política económica.

Larry Summers y el expresidente Barack Obama en 2013 (Crédito de la imagen: Pete Souza/La Casa Blanca)

Summers tiene una larga historia, que se extiende por casi tres décadas, de apoyo a todas las medidas que condujeron a la financiarización de la economía americana y a la institucionalización de mecanismos que han desviado la riqueza y los ingresos a sus capas superiores.

Fue uno de los principales arquitectos de las políticas que han dado lugar a los mayores niveles de desigualdad social en la historia, a la reducción de los salarios de millones de trabajadores y a la eliminación de servicios esenciales como la atención de la salud. También tiene un historial de acciones de oposición que intentan hacer frente al cambio climático.

Las organizaciones que respaldan a Sanders han respondido a la noticia del papel clave de Summers en la campaña de Biden con expresiones de asombro e indignación, demostrando una vez más su propia bancarrota política. Dos organizaciones a favor de Sanders, Justice Democrats y el Sunrise Movement, emitieron una declaración conjunta afirmando que Summers no estaba en condiciones de llevar a cabo una agenda progresista y que Biden tenía una gran “brecha de confianza”, que tendría que superar con los “progresistas” y los votantes menores de 45 años si quería ganar contra Trump.

“El legado de Larry Summers aboga por políticas que contribuyeron a la creciente desigualdad y a la crisis climática que vivimos hoy en día. Esperamos que Biden rechace públicamente el papel de Summers como asesor económico para ganarse mejor la confianza de nuestra generación”, escribieron.

En otras palabras, por favor, tírenos un hueso para ayudarnos a asumir nuestra nueva tarea de promover ilusiones en Biden—el vicepresidente de la administración Obama durante los ocho años en que supervisó la mayor transferencia de riqueza de abajo hacia arriba en la historia de los Estados Unidos—tal como lo hicimos con Sanders.

La campaña de Biden emitió una declaración en la que afirmaba que su campaña presentaría la “agenda más progresista de cualquier presidente en generaciones”, y que esperaba con interés su compromiso continuo con los “líderes progresistas”. Describía a Summers como parte de una “amplia y completa red informal de expertos” que no ocupaban cargos oficiales en el equipo de Biden.

Summers desempeñó su papel en esta nueva pantomima, emitiendo una declaración en la que afirmaba que él y Biden habían sido “amigos durante mucho tiempo”, pero no tenía ninguna relación formal con su campaña.

Dado el papel que Summers ha desempeñado en los círculos dirigentes del Partido Demócrata y en las administraciones de Clinton y Obama, el hecho de que tenga un papel “formal” en el equipo de Biden es un punto muy semántico.

La carrera pública de Summers comenzó como miembro del personal del Consejo de Asesores Económicos de 1982 a 1983, durante la administración Reagan. En 1988 fue asesor económico de la campaña presidencial del demócrata Michael Dukakis.

En 1991 dejó su puesto en Harvard para convertirse en economista jefe del Banco Mundial. Mientras estaba allí, firmó un memorándum, escrito por otro economista del banco, Lant Pritchett, en el que se decía que “la lógica económica que hay detrás de tirar un montón de desechos tóxicos en los países con los salarios más bajos es impecable y debemos enfrentarnos a ella”. Cuando el memorando se filtró, creando una tormenta de controversia, Summers y Pritchett dijeron que tenía la intención de ser “sarcástico” y que había sido manipulado para desacreditar tanto a Summers como al Banco Mundial.

En 1993, Summers fue nombrado subsecretario de asuntos internacionales en la administración Clinton y luego pasó al Departamento de Tesorería. En 1995, fue ascendido a subsecretario de tesorería bajo su mentor político, el ejecutivo bancario (Goldman Sachs y Citigroup) Robert Rubin.

La década de 1990 fue una década crucial en el desarrollo del capital financiero estadounidense. En el decenio de 1980 se podría haber argumentado que la actividad delictiva en el sistema financiero era producto de individuos “pícaros” como Ivan Boesky y Michael Milken, recientemente perdonados por presidente Trump.

Lo que tuvo lugar en el decenio siguiente fue la institucionalización de los métodos en los que habían sido pioneros. Tras la caída bursátil de octubre de 1987, la Junta de la Reserva Federal, bajo su recién nombrado presidente Alan Greenspan, asumió un nuevo papel. Su tarea no era prevenir las burbujas financieras, sino verter dinero en Wall Street cuando éstas estallaran, facilitando la creación de la siguiente burbuja.

Esto condujo a una serie de rescates, desde la crisis mexicana en 1994 hasta el colapso del fondo de cobertura Long-Term Capital Management en 1998 y el colapso del mercado de acciones de alta tecnología en 2000-2001.

Summers estuvo en el centro de este proceso. Al asumir el cargo de Secretario de Tesorería de Rubin en 1999, ayudó a dirigir la legislación que derogó secciones clave de la Ley Glass-Steagall de 1933, que había impuesto restricciones a las actividades bancarias, separando la banca comercial de la banca de inversión.

Aclamando la nueva legislación, Summers declaró: “Hoy el Congreso votó para actualizar las reglas que han gobernado los servicios financieros desde la Gran Depresión y reemplazarlas con un sistema para el siglo XXI. Esta histórica legislación permitirá a las empresas estadounidenses competir mejor en la nueva economía”.

Las reglas del siglo XXI contribuyeron en gran medida a crear las condiciones para la crisis financiera de 2008, al igual que otra iniciativa de Summers. Desempeñó un papel destacado en el rechazo de las propuestas para regular los derivados financieros, que también desempeñó un papel importante en la puesta en marcha del colapso financiero de hace 12 años.

Pero el papel de Summers fue aclamado por la clase política y los medios de comunicación, y el 15 de febrero de 1999 su foto apareció en la portada de la revista Time, junto con las de Rubin y Greenspan, bajo el título “El comité para salvar el mundo”.

Mientras servía en la administración de Clinton, Summers fue uno de los principales defensores de la privatización de la economía bajo el régimen de Yeltsin en Rusia, que creó la riqueza de los oligarcas postsoviéticos mientras empobrecía a la clase obrera de la antigua URSS.

Pero el papel de Summers no terminó ahí. También aconsejó en contra de que los EE.UU. desempeñaran un papel principal en la acción sobre el cambio climático y se opuso a que los EE.UU. firmara los Protocolos de Kioto.

En la crisis energética de California del año 2000, Summers, junto con Greenspan y el director general de Enron, Kenneth Lay, dijo al gobernador de California, Gray Davis, que el problema estaba causado por una excesiva regulación gubernamental y le exigió que relajara las normas medioambientales para tranquilizar a los mercados.

Todos los años, a finales de agosto, los banqueros centrales de todo el mundo acuden a Jackson Hole, Wyoming, para un cónclave en el que se discute sobre la actividad bancaria y el papel de las finanzas. La reunión de 2005 iba a ser una ocasión muy auspiciosa ya que era la despedida del presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Alan Greenspan, el supuesto maestro de la banca central.

Sin embargo, hubo una voz disidente del coro de hosannas. El economista jefe del Fondo Monetario Internacional y director de investigación, Raghuram Rajan, tenía la intención de presentar un documento que explicara cómo los cambios realizados bajo Greenspan habían hecho que el mundo fuera más seguro desde el punto de vista financiero. Sin embargo, su investigación descubrió que los nuevos instrumentos, como los intercambios de créditos impagados que permiten a las empresas financieras obtener grandes beneficios, podrían conducir a un colapso.

“El mercado interbancario podría congelarse, y uno podría tener una crisis financiera en toda su magnitud”, escribió.

Summers estaba en las primeras filas de los que se apilaron en contra de esta advertencia previsora sobre lo que iba a ocurrir sólo tres años después. Le dijo a los reunidos que encontró “la premisa básica, ligeramente ludita, de este artículo en gran parte equivocada”.

Uno podría haber esperado con razón que, dado lo que ocurrió posteriormente, esto habría supuesto el fin de la carrera de Summers como asesor económico. No, en absoluto.

En enero de 2009, fue nombrado jefe del Consejo Económico Nacional de Obama, cargo que ocupó hasta noviembre de 2010. En su nuevo cargo fue una figura clave en la organización de los rescates masivos de Wall Street, al tiempo que se oponía a las medidas para aliviar la difícil situación de millones de familias que no podían cumplir con los pagos de sus hipotecas.

En abril de 2009, surgió una controversia cuando se reveló que el año anterior había recibido millones de dólares de empresas financieras. Había recibido 5 millones de dólares del fondo de cobertura D.E. Shaw y 2,7 millones de dólares en comisiones por presentaciones a las empresas de Wall Street que habían recibido dinero de rescate del gobierno. Pero esto no fue un obstáculo para que continuara en el puesto.

Su historial ha provocado ahora murmullos de oposición de los partidarios de Sanders sobre su papel en la campaña de Biden porque hace más difícil su trabajo de pulir las credenciales “progresistas” del nominado demócrata. Pero se pondrán a la altura. Después de todo, el mismo Sanders ha dicho que sería “irresponsable” no apoyar a Biden.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 27 de abril de 2020 )