Los trotskistas brasileños hacen un llamado a la acción de la clase trabajadora contra la pandemia

¿Cuál será el costo de implementar este programa? ¿Quién lo pagará?

Declaración del Grupo Socialista por la Igualdad de Brasil (En solidaridad con el Comité Internacional de la Cuarta Internacional)
3 junio 2020

Esta declaración del Grupo Socialista por la Igualdad de Brasil también ha sido publicada en inglés y portugués.

Con decenas de miles de nuevos casos registrados cada día, América Latina se ha convertido en el epicentro de la pandemia COVID-19, que a principios de junio ya había infectado a más de 6.000.000 de personas y dejado unos 375.000 muertos en todo el mundo.

Brasil, con más de medio millón de casos confirmados y unas 30.000 muertes registradas, es responsable de la mitad de las cifras de la región. Con la rápida propagación del virus, Brasil ya tiene el segundo mayor número de casos y el cuarto mayor número de muertes de cualquier país del mundo, según las cifras oficiales. En las últimas semanas, Brasil ha registrado más muertes diarias que Estados Unidos, el líder en muertes por COVID-19 hasta ahora. Incluso antes del impulso para reabrir la economía, las proyecciones de muertes para Brasil oscilaban entre 68.000 y 220.000.

Los trabajadores de la planta de procesamiento de carne JBS en Rio Grande do Sul. (Crédito: MPT)

Pero esas cifras no tienen credibilidad. El gobierno admitió hace más de un mes que ni siquiera sabía cuántas pruebas se habían realizado, lo que significa una pérdida total de control sobre la pandemia. Esta es la explicación de los aterradores informes que llegan de Manaos desde abril, con el colapso del sistema de salud en la ciudad sólo 33 días después de la primera infección conocida en el estado.

Según investigadores brasileños e internacionales, el número real de casos es hasta 20 veces mayor que el conteo oficial, ya cerca de 8 millones, lo que también explica el aumento de más de 600 por ciento de hospitalizaciones por problemas respiratorios en el país en comparación con el mismo período del año pasado. Y eso antes de la llegada de la estación seca en gran parte del país, conocida por agravar las hospitalizaciones por enfermedades respiratorias, acentuadas por el aumento de la deforestación criminal.

El número de muertes, a su vez, puede ser más de un 50 por ciento mayor, con el propio gobierno admitiendo que al menos 11.000 presuntas muertes por COVID-19 nunca podrán ser confirmadas. Cada vez son más frecuentes los informes de personas que mueren en casa, sin poder ser atendidos en los hospitales abarrotados.

Como consecuencia del crecimiento explosivo del virus, el precario sistema sanitario del país se está colapsando en todas las regiones. En varios estados y capitales, las camas de UCI están totalmente ocupadas. En los centros de tratamiento de COVID-19 faltan los requisitos más básicos: equipo de protección personal, respiradores, un número suficiente de profesionales e incluso agua. Al menos 150 enfermeras han muerto ya en estas condiciones, y 17.000 ya han sido infectadas. El despido masivo de trabajadores de la salud enfermos supone una carga aún mayor para los trabajadores de primera línea.

El peligro de un aumento acelerado de las tasas de infección se ve acentuado por la prematura e irresponsable campaña para "reabrir la economía" y "volver al trabajo". El sufrimiento de los trabajadores de la salud es una anticipación de lo que se verá en muchos lugares de trabajo.

El gobierno de Bolsonaro, así como los gobernadores y alcaldes de todo el país, están reabriendo negocios y fábricas. Los estados del norte al sur están "aliviando" y, en algunos casos, levantando todas las restricciones a las actividades económicas y recreativas.

La campaña abierta de Bolsónaro para el contagio de toda la población de Brasil, que hace meses diferenció al presidente fascista de las demás autoridades políticas y de la opinión pública oficial propagada por los medios de comunicación, ya está siendo acogida por todos estos sectores.

Al promover la reapertura económica, todos ellos se adhieren finalmente a la idea de que "el coronavirus es como una lluvia en la que todos se mojarán". Justifican su propia negligencia y la incompetencia de sus gobiernos con teorías reaccionarias sobre la "inmunidad colectiva", es decir, que la enfermedad será contenida una vez que la mayoría de la población haya sido infectada.

El gobernador de São Paulo João Doria, alabado por todas las fuerzas políticas y la prensa como la voz de la razón y la ciencia contra el Bolsonaro, es un ejemplo de los esfuerzos criminales de la clase dirigente en este sentido. Su plan de reapertura permite la reanudación de actividades no esenciales en ciudades industriales como São José dos Campos y Jundiaí, donde la tasa de crecimiento semanal de la enfermedad es del 100 por ciento, superior a la registrada en los países más afectados, que se vieron obligados a hacer lo contrario: cerrar dichas actividades. En general, las ciudades del interior de São Paulo tienen tasas de infección hasta cuatro veces superiores a las de la capital.

El objetivo de esta campaña es impulsar el retorno del flujo de ganancias de las empresas. Sin un plan cuidadoso, científico y aplicado rigurosamente para implementar un retorno seguro al trabajo, se producirá un enorme aumento en la tasa de infección, lo que resultará en enfermedades graves y más muertes.

En las últimas semanas, se ha reanudado el trabajo en varios sectores con gran potencial para convertirse en nuevos centros para el brote de infecciones entre los trabajadores y sus familias.

Los fabricantes de vehículos, que habían detenido la producción en nombre de la baja demanda del mercado—y no del riesgo que representaban para los trabajadores—han reanudado sus operaciones en todo el país. Su reapertura también está arrastrando a la actividad a los productores de componentes que tienen, en general, condiciones de trabajo más riesgosas.

Trabajadores automotrices de la fábrica de General Motors Gravataí en Rio Grande do Sul. (Crédito: General Motors)

Los frigoríficos, cerrados por las autoridades sanitarias después de que se demostrara que eran verdaderos criaderos de COVID-19, fueron reabiertos con la ayuda de los gobiernos estatales y los tribunales. Sólo en Rio Grande do Sul, más de 500 trabajadores de mataderos dieron positivo, otros 2.500 presentaron síntomas y unos 30.000 estuvieron expuestos a la enfermedad en las 30 plantas del estado que registraron brotes de coronavirus.

La reapertura de centros comerciales, tiendas callejeras, restaurantes e incluso estadios de fútbol que se está llevando a cabo en las grandes ciudades aumenta el riesgo para los trabajadores de los sectores de servicios y transporte. Ciudades como Belo Horizonte, que han reabierto el comercio en la última semana, han visto colas en las paradas de autobús y en el transporte público, amenazando a los pasajeros, a los cobradores de billetes y a los conductores.

Los repartidores de las apps, que se declararon en huelga y protestaron contra la insuficiencia de equipos de seguridad y la enorme sobrecarga de trabajo mal pagado durante la pandemia, condiciones acentuadas por la avaricia de las empresas para sacar el máximo provecho de la calamidad, tendrán que enfrentarse a calles atestadas y a un mayor contacto con la población. Los trabajadores de los centros de llamadas, que también organizaron huelgas a nivel nacional durante la pandemia, corren un grave riesgo de contaminación masiva, trabajando en entornos cerrados que concentran a cientos de personas.

Datos recientemente publicados de la industria de la construcción, que continuó operando durante la pandemia, son una señal sombría de lo que los trabajadores de todos los sectores enfrentarán en los próximos días. Sólo en São Paulo, al menos 57 trabajadores de la construcción, junto con sus esposas e hijos, han muerto de un coronavirus. No menos del 28 por ciento de ellos ya habían tenido contacto con la enfermedad, detectada por pruebas de laboratorio, y sin saber que podría haberla transmitido a sus colegas y seres queridos.

El Grupo Socialista por la Igualdad de Brasil (GSI), en solidaridad con el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI), se opone a esta campaña irresponsable de la vuelta al trabajo y reabrir los lugares de trabajo no esenciales mientras la pandemia sigue extendiéndose. Para evitar que más personas se infecten, enfermen y mueran, es necesario crear una nueva forma de organización en los lugares de trabajo que supervise e imponga condiciones de trabajo seguras.

Con este fin, el GSI aconseja a los trabajadores que formen comités de seguridad laboral de base en todas las fábricas, empresas y lugares de trabajo. Estos comités, controlados democráticamente por los propios trabajadores, deben formular, aplicar y supervisar las medidas necesarias para proteger la salud y la vida de los trabajadores, sus familias y la comunidad en general.

¡No podemos "volver a la normalidad"! La pandemia pone de manifiesto la urgente necesidad de una completa reestructuración de los procesos de producción, distribución y actividad económica en general. Las vidas de los trabajadores y sus familias no tienen por qué ser sacrificadas en nombre del beneficio empresarial y la riqueza privada de la oligarquía multimillonaria.

En respuesta a las demandas de Bolsonaro, los políticos de los grandes partidos burgueses y los medios de comunicación para la "reapertura de la economía", es necesario preguntar: "¿La economía de quién? ¿La economía de Joesley Batista (el multimillonario corrupto que encabeza la transnacional cárnica JBS), de los empresarios que marcharon con Bolsonaro al Tribunal Supremo (STF) para pedir la reapertura, y del 5 por ciento más rico de la población? ¿O de la economía de la clase obrera, que produce toda la riqueza de la sociedad, pero cuyos salarios—de los que todavía tienen trabajo—apenas alcanzan hasta fin de mes?

La respuesta del gobierno de Bolsonaro a la pandemia

La situación mortal a la que se enfrentan los trabajadores es el producto de una política de clase deliberada. Los epidemiólogos han estado advirtiendo durante décadas que una pandemia no sólo era posible, sino inevitable. Estas advertencias han sido ignoradas. En lugar de invertir en la investigación de virus y bacterias y de construir hospitales, los capitalistas brasileños y los inversores internacionales exigieron el desmantelamiento y la privatización de la infraestructura de salud pública.

Bolsonaro, con su respuesta criminal a la pandemia, es un representante consecuente de los intereses de la clase dirigente. La misma perspectiva sociopática básica guio la respuesta de la burguesía mundial a la crisis del coronavirus. Fue la explosión de las revueltas obreras en Europa, con huelgas salvajes en la industria automotriz, lo que obligó a adoptar políticas de cierre de escuelas y actividades económicas.

La preocupación inicial de los gobiernos y la clase dominante de todo el mundo era proteger el lucro y no la vida. En los Estados Unidos, la aprobación unánime de la Ley CARES por parte de demócratas y republicanos autorizó el rescate multimillonario de Wall Street y la élite empresarial sin restricciones. Cada día, la Reserva Federal de los Estados Unidos canaliza más de 80.000 millones de dólares a Wall Street, cifra que supera de lejos incluso las medidas adoptadas tras la crisis financiera de 2008-2009.

Esta política fue replicada por el Congreso brasileño. Se aprobó un paquete de rescate empresarial de 700.000 millones de reales (130.000 millones de dólares), del cual menos del 15 por ciento se destinó a proporcionar la miserable ayuda de 600 reales (112 dólares) durante tres meses a los trabajadores autónomos y desempleados. Por una votación de 505 a dos, la Cámara de Representantes aprobó el "presupuesto de guerra", que permitió al Banco Central, por primera vez en la historia, comprar bonos basura corporativos. Ahora, el ministro de "austeridad", Paulo Guedes, ya ha revelado que el gobierno entrará como socio para evitar la quiebra de las compañías aéreas y salvar sus beneficios.

Los mayores defensores de esta política, junto con Bolsonaro y Guedes, fueron los partidos de la llamada "oposición" liderada por el Partido de los Trabajadores (PT) y apoyada por el seudoizquierdista Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y el Partido Comunista Maoísta de Brasil (PCdoB), cuyos dirigentes afirmaron cínicamente que oponerse al rescate de las grandes empresas significaría bloquear la ayuda a los trabajadores.

Aunque el gobierno de Bolsonaro lidera la campaña para reabrir la economía, cuenta con el apoyo de toda la clase política. Por un lado, el gobierno moviliza a las fuerzas de extrema derecha que libran una lucha febril contra las cuarentenas, ignorando todos los riesgos a los que están expuestos los trabajadores, con un solo fin: confundir a la población, incluidos los propietarios de pequeñas empresas arruinadas, y defender los intereses de los grandes capitalistas para la vuelta al trabajo.

Todos los argumentos seudocientíficas presentadas por estos grupos fascistas para este propósito ya han sido desmentidos por la realidad. Se dijo que un clima cálido generaría una desaceleración del contagio, que el virus sería peligroso sólo para una mínima parte de la población y que sería necesario un contagio masivo para contener el virus. Ahora promueven curas no probadas.

Pero la realidad es que la extrema pobreza ha hecho que algunas de las regiones más calientes del país sean las más vulnerables, y las malas condiciones de vida de la clase obrera brasileña hacen que, aunque sea más joven que en otros países gravemente afectados, no menos de la mitad de la población del país esté en el llamado grupo de riesgo.

En cuanto a la "inmunidad de rebaño [colectiva]", requeriría no menos de millones de muertes. Incluso en el país más afectado, España, con la tasa de infección más alta de la población, sólo el 5 por ciento de las personas tienen anticuerpos, y no hay certeza de estar a salvo de una segunda contaminación. Incluso si eso fuera cierto, la inmunidad colecitva requeriría el sacrificio de al menos 10 veces más personas.

Enfermeras protestan contra las condiciones inseguras en Belém, Pará. (Crédito: João Paulo Guimarães)

Lo mismo puede decirse de supuestas curas de curanderos como la hidroxicloroquina—promovida tanto por Bolsonaro como por Trump—y la promesa de vacunas inminentes, cuyo desarrollo seguro puede llevar años. Este intento deliberado de generar falsas esperanzas está dirigido con el único propósito de hacer que la gente vuelva a trabajar para producir ganancias.

Por otro lado, la llamada oposición intenta por otros medios alcanzar el mismo fin. Los gobernadores del PT y del PCdoB están promoviendo una rápida reapertura de sus estados y, a través de los sindicatos que controlan sus partidos, tratan de convencer a los trabajadores de que las empresas responsables de los miles de accidentes que se producen anualmente han adoptado condiciones seguras para la vuelta al trabajo.

A través de la creciente campaña de "reconversión industrial" durante la pandemia, los sindicatos y partidos de la llamada "oposición" muestran su lealtad a la alta burguesía y a los militares. Su defensa reaccionaria de la "competitividad" de la industria brasileña y el ataque abierto a la "dependencia" de los bienes producidos en China expresan la necesidad de que el capitalismo brasileño se adapte a la creciente guerra comercial de los EE.UU. contra China. Como el gobierno de Bolsonaro, repiten los discursos igualmente reaccionarios de Donald Trump y del poder político de los EE.UU. de que China es una amenaza para el "Occidente" y para una liderazgo imperialista estadounidense sin límites.

La naturaleza del nuevo coronavirus

Los intereses de dos clases se oponen directamente entre sí. El objetivo de los ejecutivos y gerentes de las empresas, actuando en el interés de los inversores de Wall Street, es aumentar el lucro y extraer la mayor cantidad de trabajo en el menor tiempo posible. Para los trabajadores, se trata de mantener un entorno seguro que garantice su salud y seguridad.

Los comités de seguridad de base deben organizarse para exigir y aplicar medidas para proteger la vida de los trabajadores. Estas medidas deben basarse en una comprensión científica de la naturaleza de la enfermedad.

El coronavirus es altamente contagioso y se propaga a través de gotitas de líquido cuando la gente habla, respira, tose o estornuda. Las personas se infectan cuando las partículas del virus entran en sus bocas, narices u ojos por transmisión directa o después de tocar una superficie donde las partículas han caído.

Los científicos han demostrado que el patógeno también está presente en pequeñas partículas transportadas por el aire, conocidas como aerosoles, que pueden estar suspendidas en el aire durante períodos más largos y viajar mucho más allá de los seis pies de distancia social recomendados. La distancia que puede recorrer el virus también se ve afectada por el volumen de la voz de una persona.

Las grandes fábricas en las que miles de trabajadores trabajan cerca unos de otros en una línea de montaje son especialmente vulnerables a convertirse en vectores de la rápida propagación de la enfermedad. "La planta es un ambiente donde es ruidoso y la gente tiene que gritarse unos a otros para ser escuchados, podría haber un montón de virus que se transmite por el aire", dijo Julia Heck, epidemióloga y Profesora Adjunta e investigadora de la Escuela de Salud Pública Fielding de UCLA, en el World Socialist Web Site .

Los estudios muestran que una persona infectada puede ser contagiosa dos o más días antes de mostrar cualquier síntoma. Por lo tanto, las medidas que se están implementando en muchos lugares de trabajo, como la toma de temperatura diaria y la entrega de mascarillas de baja calidad, son inadecuadas. Para cuando alguien desarrolla la alta temperatura, ya podría haber propagado la enfermedad por toda la planta.

Después de asistir a un ensayo del coro en el estado de Washington a principios de marzo, 52 de 61 personas fueron diagnosticadas con COVID-19 y al menos dos murieron, aunque no se dieron la mano ni se acercaron entre sí. En los frigoríficos americanos, controlados por las mismas empresas que en Brasil, se sospecha que el virus, que ha infectado a más de 12.000 trabajadores y ha matado a más de 50, se propaga a través de los aires acondicionados de alta presión que disparan partículas en el aire a través de un área cerrada.

Además del peligro que corren los trabajadores cuando se congregan para entrar y salir de las plantas, o durante los descansos para comer o para ir al baño, los trabajadores de una línea de montaje, en un almacén o en un negocio minorista están manipulando las mismas herramientas y moviendo los productos. El virus puede permanecer en las superficies por tiempos variados: metal (cinco días), vidrio (hasta cinco días), plásticos (2-3 días), acero inoxidable (2-3 días), cartón (24 horas) y aluminio (2-8 horas).

Las tareas de los comités de seguridad laboral básicos

¿Cuál será la función de los comités de seguridad laboral básicos?

Representarán y lucharán por la seguridad de los trabajadores, oponiéndose tanto a la gestión de la empresa como al principio del beneficio. Elaborarán reglamentos y normas detalladas que deberán ser controladas y cumplidas. Cuando se violan las condiciones, el trabajo debe ser detenido.

Los objetivos centrales de estos comités serán:

1. Controlar las horas de trabajo y las velocidades de las líneas. En cada fábrica, negocio, oficina y lugar de trabajo, los comités de seguridad de base, trabajando en conjunto con un panel de científicos y expertos en salud de confianza, deben determinar las condiciones de trabajo y las tasas y horarios de producción. Las horas de trabajo y las velocidades de las líneas deben reducirse para permitir un descanso suficiente, el control de la atención médica y una limpieza profunda periódica.

2. Garantizar el equipo de protección personal. Cada trabajador debe estar debidamente equipado con mascarillas de la más alta calidad (incluyendo N-95, N-100 o P-100, según las condiciones), así como con guantes, protectores faciales y otros EPP necesarios. Estos deben ser cambiados regularmente, para asegurarse de que siguen proporcionando la máxima protección. Los trabajadores también deben recibir formación para ponerse y quitarse el EPP.

3. Garantizar condiciones de trabajo seguras y cómodas. Lo preocupante no es sólo la cantidad de equipo de protección. Para estar seguros, los trabajadores deben poder usar el equipo de protección durante largos períodos de tiempo. Todas las plantas deben tener aire acondicionado y ventilación adecuados, especialmente con el comienzo del verano, que esté organizado de tal manera que no contribuya a la propagación del virus.

4. Realizar pruebas regulares. Todos los trabajadores deben tener acceso a pruebas regulares para el coronavirus. Las pruebas rápidas aprobadas por la Agencia Nacional de Vigilancia de la Salud e impulsadas por los gobiernos incluso en las farmacias ya han demostrado ser ineficaces, con una tasa de error de hasta el 70 por ciento. Los trabajadores deben decidir qué pruebas se deben utilizar. Los programas de producción deben ser organizados para acomodar las pruebas y el rastreo de contactos. Si un trabajador da positivo, la instalación debe estar cerrada durante al menos 48 horas para una limpieza profunda.

5. Exigiendo atención médica universal y garantía de ingresos. Todo trabajador que dé positivo debe ser aislado y recibir tratamiento médico inmediato, mientras se le garantizan todos sus ingresos. Todos los trabajadores que hayan estado en contacto con los trabajadores infectados deben ser puestos en cuarentena y sometidos a pruebas regularmente, mientras reciben sus ingresos completos. Además, si los miembros de la familia de alguien informan de síntomas, el trabajador debe ser sometido a pruebas y aislado hasta que sea autorizado por un profesional médico, sin pérdida de salario.

6. Asegurar la distribución de información. Para preservar su seguridad, los trabajadores deben tener acceso a toda la información sobre los trabajadores infectados, de modo que se puedan tomar las medidas adecuadas, incluida la detención de la producción si es necesario.

7. Garantizar la seguridad en el trabajo. Ningún trabajador debe ser victimizado por llamar la atención acerca de condiciones de trabajo inseguras o por negarse a trabajar. Todo trabajador que haya sido despedido por denunciar condiciones inseguras debe ser contratado nuevamente con el pago completo de su salario atrasado.

No se puede hacer pagar a la clase trabajadora para garantizar su seguridad. Los costos necesarios para garantizar condiciones de trabajo seguro, así como para proporcionar atención médica y un ingreso completo para todos los trabajadores, deben ser asumidos por las corporaciones y la élite dominante capitalista.

El mantenimiento de un entorno de trabajo seguro es una tarea inmensamente compleja que sólo puede lograrse mediante un plan científico y racional, en consulta activa con expertos en atención de la salud en cada lugar de trabajo.

No se puede confiar en la gestión empresarial para garantizar la seguridad de los trabajadores. Tampoco los trabajadores pueden confiar en los sindicatos. Sólo una pequeña minoría de trabajadores está sindicada, y los sindicatos que existen funcionan como poco más que brazos de la dirección de la empresa. Apoyan la vuelta al trabajo y colaboran con las empresas para hacerla cumplir.

Por eso los trabajadores necesitan sus propias organizaciones. En cada fábrica, lugar de trabajo y oficina, los trabajadores deben organizarse y elegir trabajadores de confianza y respetados que los representen. Deberían utilizar todos los instrumentos disponibles, incluidos los medios de comunicación social, para llegar a los trabajadores de toda su industria y de otros sectores a fin de coordinar sus actividades y compartir información.

Una tarea fundamental de estos comités es organizar a los trabajadores a nivel internacional. En todos los países hay un número creciente de huelgas y acciones laborales de enfermeras, carniceros, transportistas, trabajadores de la industria automotriz y otros trabajadores que exigen condiciones de seguridad.

La lucha por el socialismo

La movilización de los recursos de la sociedad contra la pandemia requiere una planificación científica, que en todo momento entra en conflicto con la búsqueda del beneficio privado y la riqueza individual.

El GSI insiste en que la lucha contra la pandemia está inseparablemente ligada a la lucha de los trabajadores contra la clase dominante—la oligarquía corporativa y financiera—y su dictadura sobre la vida económica y política. Es, por lo tanto, una lucha contra el capitalismo y por el socialismo, la reestructuración de la sociedad basada en la necesidad social y no en el beneficio privado.

Esta es por su propia naturaleza una lucha global. La pandemia es un problema mundial y sólo puede combatirse mediante la colaboración internacional de los trabajadores y de todos aquellos comprometidos con la defensa de la vida humana. En la lucha contra la pandemia, los trabajadores deben rechazar todos los esfuerzos para dividirlos por líneas raciales, étnicas y nacionales. En particular, debe oponerse la campaña del gobierno de Bolsónaro, en alianza con la clase dirigente de los Estados Unidos, para culpar a China de la crisis y desviar la atención de su propio papel delictivo.

La pandemia ha puesto de manifiesto la realidad y la bancarrota del sistema capitalista, que es una barrera para el progreso humano y la propia supervivencia de la especie humana. La respuesta de la clase dominante a la pandemia producirá una enorme oposición y resistencia social.

¡Se debe construir un liderazgo político socialista en la clase obrera! El GSI brasileño está luchando para construir ese liderazgo como parte de un movimiento internacional, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional, que publica el World Socialist Web Site.

El Grupo Socialista por la Igualdad y el World Socialist Web Site darán toda la ayuda posible a los trabajadores que quieran crear comités de seguridad de base. Instamos a todos los trabajadores a estudiar el programa del Comité Internacional y tomar la decisión de unirse a nosotros.

Por favor, póngase en contacto con nosotros y reciba información actualizada sobre la pandemia y las luchas de la clase obrera. También pedimos a los trabajadores que presenten informes sobre las condiciones en sus lugares de trabajo. Todas las solicitudes de anonimato serán honradas.

(Publicado originalmente en inglés y portugués el 02 de junio de 2020)

 

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