Trabajadores españoles de Nissan en huelga abuchean a sindicatos y a la alcaldesa de Barcelona de Podemos

por Alejandro López
16 junio 2020

La semana pasada Ada Colau, alcaldesa de Barcelona de una de las confluencias de Podemos, fue abucheada cuando intentaba hablar a una manifestación de trabajadores de Nissan que protestaban por los cierres de planta anunciados en la ciudad. Funcionarios sindicales intervinieron para parar el estallido de ira de la clase trabajadora contra Podemos. Esto señala al conflicto explosivo que está surgiendo entre la clase trabajadora y la pseudoizquierda y los sindicatos en el contexto de la pandemia de COVID-19 y un recrudecimiento de la lucha de clases.

El jueves, un grupo de 1.500 trabajadores automotores se manifestaron bajo la consigna "Nissan no se cierra" en el barrio Montjuic del centro de Barcelona. Los cierres amenazan a 3.000 empleos directamente y 22.000 indirectamente. La protesta fue la segunda en la misma semana, después de que más de 1.000 personas marcharan por el centro de Barcelona durante la noche. La lucha de los trabajadores de Nissan contra el cierre está despertando enorme simpatía y solidaridad.

La manifestación fue la más reciente en una serie de protestas organizadas por los sindicatos para desgastar y finalmente suprimir la huelga indefinida convocada por los trabajadores desde el 4 de mayo. El Comité de Empresa, dirigido por los sindicatos Comisiones Obreras (CCOO), vinculado a Podemos, y la pro-PSOE Unión General del Trabajo (UGT), están intentando sembrar ilusiones en que las negociaciones con Nissan siguen abiertas, y que los trabajadores pueden conseguir algo del marco fracasado de sus negociaciones nacionales con Nissan.

En la manifestación, funcionarios sindicales leyeron un manifiesto en japonés dirigido al presidente de Nissan, Makoto Uchida, y otro en francés para la gerencia de Renault, un socio de la alianza automotriz que estará a cargo de gestionar el mercado europeo según la nueva dirección estratégica de la compañía.

Uchida fue criticado por dejar a gente "sin trabajo en medio de la pandemia de COVID-19", lo cual dijeron que no era "ético ni moral", y lo instaron a reconsiderar el cierre anunciado. El manifiesto proponía aceptar los ataques que fueran necesarios para que siga abierta. "Somos competitivos, lo hemos demostrado, y somos una plantilla flexible y altamente cualificada. Solo necesitamos un compromiso firme de la compañía que usted dirige", decía la declaración redactada por el sindicato.

El manifiesto en francés le pedía a la Renault que no permita que "Nissan se vaya de la Unión Europea" porque, aseguraba, "la red de fábricas creada en las proximidades del Polígono Industrial de la Zona Franca en Barcelona funciona y con un poco de apoyo usted puede obtener grandes ganancias".

En sus esfuerzos por romper cualquier intento de forjar una unidad entre los trabajadores, los sindicatos conscientemente se negaron a hacer cualquier llamamiento a los trabajadores de Renault. Renault está planificando recortar cerca de 15.000 empleos en todo el mundo, o un 8 por ciento de su plantilla, y salir de China. En la vecina Francia, Renault ha recibido un rescate estatal de €5 mil millones a cambio de ataques al empleo y recortes salariales.

La manifestación organizada por el sindicato fue alterada, sin embargo, cuando la alcaldesa de Barcelona Ada Colau intentó hablar. Ella era uno de los alcaldes asistentes junto a los de Montcada i Reixac y de Sant Andreu de la Barca, donde están localizadas las plantas. Cuando se puso de pie para coger el micrófono, los trabajadores se pusieron a abuchearla. También coreaban "Janet dimisión", en referencia a Janet Sanz, vicealcaldesa de Barcelona.

La ira con Colau y Sanz viene después de que ambas atacaran la industria automotriz, ostensiblemente por sus efectos contaminantes. Sanz fue todavía más lejos, sugiriendo que "Debemos evitar que el sector automotor se reactive" y exigió "la reconversión industrial del sector".

Colau devolvió inmediatamente el micrófono al jefe del Comité de Empresa, el delegado sindical Juan Carlos Vicente, quien llamó al orden, "Compañeros, compañeros, ese no es el tema de hoy, hoy han venido a darnos su apoyo, y tenemos que respetarlo", dijo. Después, Colau hizo promesas vacías a Nissan, diciendo que si seguía adelante, Barcelona "rompería relaciones" con Nissan.

Colau concluyó: "Estamos aquí no solo para mostrar nuestra solidaridad. No estoy hablando solo como alcaldesa o de parte de Barcelona en Comú [la confluencia de Podemos a nivel local], estoy hablando en tanto que municipio que se ha pronunciado muchas veces a favor de la lucha de los trabajadores de Nissan".

Lo cierto es que Colau es parte de la campaña orquestada por los sindicatos para sofocar la oposición social al promover ilusiones en conversaciones con Nissan. Los trabajadores, sin embargo, son conscientes de los antecedentes antiobreros de Colau.

Colau fue una destacada representante de lo que Podemos llamaba los "Ayuntamientos del Cambio", después de hacerla portavoz del movimiento antidesahucios, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), que se desarrolló después del colapso del boom de la vivienda español y los desahucios masivos que siguieron de aquellos que no pudieron pagar su hipoteca. Fue elegida en 2015 alcaldesa de Barcelona, apoyada por Podemos, y perdió las elecciones de 2019, y solo fue investida gracias al voto de otros partidos minoritarios.

Durante su mandato, Colau se ha ganado la reputación de atacar a los trabajadores. Atacó a los trabajadores de la red pública del metro en huelga por mayor estabilidad laboral y aumentos salariales, insistiendo en que no era "de interés público general". Cuando los trabajadores fueron a la huelga, Colau apoyó el requerimiento de un "servicio mínimo" ordenado legalmente para mantener activos los trenes, colaborando a asegurar la derrota de la huelga. También envió a la policía de Barcelona a dispersar a inmigrantes que trabajan como vendedores ambulantes, arrestarlos, y posiblemente deportarlos. En mayo pasado, mientras la COVID-19 mataba a cientos de personas al día en España, Colau exigió el fin de las medidas de confinamiento: "Queremos el desconfinamiento cuanto antes, pero queremos hacerlo bien, no queremos esperar mucho".

La ira de los trabajadores de Nissan refleja la creciente oposición de izquierda que se está gestando en la clase trabajadora no solamente contra Colau, sino también contra el Gobierno del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Podemos y su orden de regresar al trabajo en medio de la pandemia, sus políticas de austeridad y su encarcelamiento de los presos políticos nacionalistas catalanes. Una oposición similar está creciendo a nivel internacional, contra los aliados "populistas de izquierda" de Podemos, ya sea los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA), la Francia Insumisa (LFI) o el partido alemán La Izquierda. En todas partes, los trabajadores están entrando en confrontación contra estas fuerzas.

Ello fundamenta el análisis que hizo el WSWS de por qué fuerzas como Anticapitalistas, una tendencia política pequeñoburguesa que colaboró en la fundación del partido español Podemos en 2014, se ha ido del Gobierno del PSOE y Podemos. Los están enviando como agente a sueldo del Gobierno español para intervenir en redes sociales y en protestas y huelgas hostiles a Podemos para espiarlas y estrangularlas.

El europarlamentario Miguel Urbán recientemente intervino en la lucha de Nissan para canalizar la ira hacia ilusiones de que el Gobierno del PSOE y Podemos y la UE podrían evitar las acciones de Nissan. Urbán redactó un llamamiento con los sindicatos dirigido al presidente del Gobierno Pedro Sánchez, a la ministra de Industria María Reyes Maroto, a la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen y al comisionado para Empleo y Derechos Sociales Nicolas Schmit, diciendo: "El Gobierno debe prohibir los despidos en compañías que tengan ganancias y obligar a las multinacionales a devolver las ayudas millonarias y reutilizar ese dinero para la conversión de la producción bajo criterios de sostenibilidad social y medioambiental".

La preocupación de estas fuerzas es que, como están estallando luchas de clase explosivas a nivel mundial en medio de la negligencia maligna de la élite gobernante respecto a la población durante la pandemia de COVID-19 y sus efectos económicos, el ir a la confrontación exponga el fracaso de Podemos.

Señala a la necesidad de construir un nuevo liderazgo construido en la clase trabajadora opuesto irreconciliablemente a grupos proimperialistas y pequeñoburgueses como Podemos y sus simpatizantes. Los antecedentes reaccionarios de Podemos en todos los niveles del poder subrayan que la cuestión estratégica decisiva hoy es construir el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) como la dirección revolucionaria de la clase trabajadora. Ello requiere construir secciones del CICI en España y en todo el mundo, basadas en las colosales experiencias políticas encarnadas en su historia, para librar una lucha sin compromiso contra grupos como Podemos.

(Publicado originalmente en inglés el 15 de junio de 2020)

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