El colapso de la campaña del New York Times sobre “recompensas rusas”

por Patrick Martin
11 julio 2020

Menos de dos semanas desde que inició un frenesí mediático con un informe de primera plana que afirmaba que la agencia de inteligencia militar rusa GRU había pagado recompensas a los talibanes en Afganistán para asesinar a soldados estadounidenses, el New York Times publicó un editorial que reconocía efectivamente que su informe no tenía ningún respaldo en los hechos.

El editorial apareció el miércoles 8 de julio, un día después de que el general Frank McKenzie, comandante del Comando Central, a cargo de Afganistán y Oriente Próximo, le dijo a la prensa que no existía evidencia de que ningún soldado estadounidense fuera asesinado a causa de supuestas recompensas rusas.

“No encontré que hubiera un vínculo causal allí”, dijo McKenzie, “nadie me probó el caso de inteligencia”. De todos modos, continuó, no hacían falta precauciones adicionales porque el ejército estadounidense ya toma “medidas extremas de protección de la fuerza” en Afganistán “ya sea que los rusos les estén pagando a los talibanes o no”.

McKenzie habló el martes por teléfono con un grupo de reporteros, incluida la Associated Press, que publicó un informe. El Times no reportó sus comentarios, los cuales contradicen diametralmente los informes del periódico del 27 de junio.

Pero esa noche, la página editorial del periódico arrojó la toalla, publicando un editorial en el sitio web del Times que apareció a la mañana siguiente en la edición impresa, bajo el titular, “No permitan que la intromisión rusa descarrile los planes de retirada de Afganistán”.

El editorial comienza con la admisión: “Todavía faltan muchos informes de que Rusia pagó por los ataques contra las fuerzas de coalición estadounidenses y otras en Afganistán. Es por eso que es crítico que las emociones y la política se mantengan a raya hasta que se presenten los hechos”.

Este llamamiento a esperar “hasta que se presenten los hechos” es notable ya que el propio Times dijo contar con los hechos de supuestos esfuerzos rusos para asesinar a soldados estadounidenses, citando a “oficiales de inteligencia” no identificados, y dio la señal para desatar una vasta campaña mediática dirigida a provocar una “emoción” muy específica, el odio a Rusia.

Además, el Partido Demócrata, con el que el Times está estrechamente aliado, aprovechó de inmediato este informe para resucitar sus reclamos desacreditados de que Trump es un títere ruso y no toma ninguna acción sin la dirección y aprobación de Vladimir Putin.

Esta fue la base, primero de la investigación de Mueller y luego de la investigación del juicio político, ninguna de los cuales desarrolló evidencia creíble para respaldar a los mccarthistas aullando sobre cómo la Casa Blanca tomaba órdenes del Kremlin. Ahora, el informe del Times se ha convertido en la base de las demandas de los demócratas, y de muchos republicanos, de que Trump tome medidas inmediatas que, según las palabras de un senador, provocarían que los rusos regresen a casa “en bolsas para cadáveres”.

El editorial admite además que no hubo ningún informe independiente para respaldar las acusaciones de pagos de recompensas rusas. En cambio, sus artículos “citan hallazgos de inteligencia”. En otras palabras, el Times sirvió como conducto para funcionarios no identificados, aparentemente en la CIA, que filtraron afirmaciones no corroboradas y disputadas, supuestamente basadas en el interrogatorio de prisioneros capturados en la guerra con los talibanes. La CIA no divulgó quiénes son estos prisioneros, dónde están recluidos y a qué tortura u otros malos tratos pudieron haber sido sometidos.

El editorial continúa diciendo: “Luego está la cuestión de los motivos detrás de las filtraciones y la solidez de la información”.

Uno podría pensar que una primera regla del periodismo sería cuestionar los motivos de los funcionarios cuando presenten tales acusaciones inflamatorias, así como buscar la confirmación de las afirmaciones hechas por una agencia que se especializa en mentiras y provocaciones políticas. Sin embargo, esa no es la relación entre el New York Times y la CIA.

Por el contrario, el Times ha sido un taquígrafo y propagandista de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos durante muchas décadas, remontándose al fraude de las “armas de destrucción masiva” que allanó el camino a la invasión estadounidense de Irak en 2003, y mucho antes.

El editorial continúa: “Otras preguntas abundan: ¿Cuándo comenzaron los pagos reportados? ¿Fueron una venganza por el apoyo estadounidense de militantes afganos contra las tropas soviéticas allí en la década de 1980, o algo más? ¿Fueron los pagos un factor en la muerte de las tropas estadounidenses o de otras coaliciones? ¿La inteligencia fue modificada por personas que buscaban obstaculizar los esfuerzos para retirar las tropas estadounidenses?”.

Estas son las preguntas que, por supuesto, debieron haberse abordado antes de que el Times publicara su “exposición” en primera plana. El hecho de que solo se planteen ahora, en un editorial 12 días después, es una declaración de su propia bancarrota periodística.

Como sugiere la última pregunta de la lista, así como el titular del editorial, ahora parece que los funcionarios de la CIA opuestos a la decisión de Trump de retirar a la mayoría de las tropas estadounidenses de Afganistán en un horario orientado a las elecciones del 3 de noviembre le pidieron al Times que genere presión política para revocar esa decisión. Tuvieron éxito, ya que la Casa Blanca ahora ha retrasado la retirada final, lo que significa que una Administración demócrata entrante puede revertirla más fácilmente si Trump pierde las elecciones.

El Times no es la única organización de “noticias” que quedó en ridículo por el colapso de la campaña de “recompensas”. NBC News publicó una retracción similar en su sitio web, bajo el título defensivo, “Autoridades de EE.UU. dicen que la información sobre las recompensas rusas menos que concluyente. Que pierde de vista el panorama general”.

NBC admite que un “coro creciente de funcionarios estadounidenses” dice que la evidencia de las recompensas rusas es “menos que concluyente”. Pero argumenta que el “panorama general” involucra la sorprendente noticia de que los intereses rusos y estadounidenses en Afganistán no coinciden, y que Moscú ha tratado de cultivar relaciones con los talibanes en los últimos años, e incluso brindarles apoyo indirecto.

NBC le echó una cierta culpa resentida al Times por llamar al informe sobre las recompensas un “hallazgo” de la comunidad de inteligencia, es decir, una evaluación de consenso, que resultó no ser cierta. La CIA solo llegó a su conclusión con solo una “confianza moderada”, un término de ese ámbito que significa, en efecto, “lo inventamos”, mientras que la Agencia de Seguridad Nacional, un brazo del Pentágono, dijo que “no podía corroborar” los informes.

Nada de esto altera el hecho de que la acusación de recompensas rusas ha entrado en el torrente sanguíneo de la política capitalista estadounidense como el veneno de serpiente para el que no hay antídoto.

De esto provino el espectáculo del legislador Jason Crow, un exoficial de las fuerzas especiales del Ejército en Afganistán, uno de los demócratas de la CIA cuyo ascenso fue analizado y expuesto por el WSWS en 2018. Unió fuerzas con la republicana Liz Cheney, la hija del exvicepresidente y criminal de guerra nunca imputado, para copatrocinar una enmienda a la Ley de Autorización de Defensa Nacional, que le prohíbe a la Administración Trump retirar tropas de Afganistán hasta que haya tomado medidas sobre las acusaciones de “recompensas rusas”.

Hay pocas dudas de que los candidatos demócratas, desde Joe Biden en adelante, seguirán apuntando al fracaso de Trump de no “castigar” a Rusia por matar a soldados estadounidenses, hasta el 3 de noviembre, independientemente del abandono de estas acusaciones por el propio Times.

(Artículo publicado originalmente el 10 de julio de 2020)

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