El rey Juan Carlos huye de España para evitar ser investigado por corrupción

por Alejandro López
12 agosto 2020

El rey anterior, Juan Carlos I de Borbón, que reinó desde noviembre de 1975 hasta abdicar en junio de 2014, ha huido de España para evadir ser investigado por acusaciones de soborno y fraude.

La semana pasada, la familia real publicó una carta de Juan Carlos I a su hijo, el rey Felipe VI, en la que le informaba de su "meditada decisión de trasladarme, en estos momentos, fuera de España", y añadía que toma la decisión "con profundo sentimiento, pero con gran serenidad. He sido Rey de España durante casi 40 años y, durante todos ellos, siempre he querido lo mejor para España y para la Corona".

Ahora Juan Carlos ha huido a los Emiratos Árabes Unidos (EAU), donde se informa que ocupa toda una planta del hotel Emirates Palace de cinco estrellas en Abu Dhabi, bajo la protección del príncipe heredero Mohammed bin Zayed al-Nahyan.

La partida de Juan Carlos es una humillación para la clase gobernante española y se produce en medio de luchas internas crecientes en la burguesía europea. Respaldado por Washington y la Unión Europea, se lo promocionó como un dirigente que llevó a España del fascismo a la democracia después de la muerte del dictador Francisco Franco en 1975 —parando un golpe de Estado en 1981 y ejerciendo como jefe de Estado durante casi 40 años. Su decisión de huir de España como un ladrón, para evitar una investigación por corrupción después de que fiscales suizos y españoles abrieran una investigación de sus cuentas bancarias suizas, expone a todo el régimen.

La crisis estalló hace dos años cuando un diario conservador británico, el Telegraph, filtró grabaciones de la amante de Juan Carlos, la mujer de negocios Corinna zu Sayn-Wittgenstein-Sayn, en las que hablaba al jefe de la policía española retirado José Manuel Villarejo. Villarejo está actualmente en la cárcel en espera de juicio por la "Operación Tandem", una investigación sobre dos décadas de pinchazos telefónicos ilegales y otras invasiones de la privacidad en beneficio de clientes adinerados, empresas y bancos contra políticos, hombres de negocios, jueces y periodistas.

Sayn-Wittgenstein dice que Juan Carlos recibió sobornos de contratos comerciales en los Estados del Golfo por la construcción de las vías férreas de alta velocidad de Haramain en Arabia Saudita por €6,7 mil millones y se guardó el dinero en una cuenta bancaria en Suiza. También afirma que el jefe de la inteligencia española la amenazó de muerte a ella y a sus hijos si ella hablaba de sus vínculos con Juan Carlos.

El poder judicial español intervino para archivar la investigación. Los fiscales decían que las actividades mencionadas en la conversación ocurrieron antes de la abdicación de Juan Carlos, cuando todavía gozaba de inmunidad. Casi al mismo tiempo, los fiscales suizos abrieron una investigación por una donación multimillonaria en euros que recibió Sayn-Wittgenstein desde una cuenta bancaria suiza. Ella les dijo a los investigadores que el dinero era de una donación del exmonarca español.

En junio de 2019, Juan Carlos anunció su intención de retirarse de la vida pública en una carta dirigida a Felipe. Este fue el primer intento de la Casa Real por distanciarse de Juan Carlos.

En marzo de este año, mientras el COVID-19 causaba estragos por España y Europa después de décadas de recortes a los presupuestos de la sanidad pública, el Telegraph informó de que Felipe VI era beneficiario junto a Juan Carlos de una fundación que recibió €65 millones de Abdullah bin Abdulaziz de Arabia Saudita.

Poco después, la Casa Real publicó una declaración en la que afirmaba que Felipe VI renunciaba a cualquier herencia de su padre. Según las noticias, el anterior rey perdió su estipendio de los Presupuestos Generales del Estado —otro intento de Felipe VI por distanciarse públicamente de Juan Carlos.

Hace dos meses, la oficina del fiscal general del Tribunal Supremo de España inició una investigación contra Juan Carlos en relación con los sobornos saudíes.

En la carta de la semana pasada, Juan Carlos no hizo ninguna referencia a ninguna culpabilidad ni arrepentimiento. Afirma estar yéndose de España para "servir al pueblo español", lo cual es hilarante. Su abogado dijo que "sigue estando a disposición de la Oficina del Fiscal". Según las noticias, Juan Carlos también rechazó la posibilidad de regularizar sus impuestos atrasados, lo que implicaría la devolución del 60 por ciento de su riqueza al Estado.

El gobierno español del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Podemos, la Casa Real y los medios han intervenido para defender al exmonarca y su "legado histórico". Un comunicado de prensa firmado por Felipe VI decía: "el rey desea remarcar la importancia histórica que representa el reinado de su padre, como legado y obra política e institucional de servicio a España y a la democracia". El País, el destacado diario pro-PSOE, escribió en un editorial que "la conducta decepcionante y menos que ejemplar del rey emérito durante los últimos años de su reinado no deben hacer que la gente olvide su contribución irremplazable al progreso y la libertad de todos los españoles durante casi medio siglo". Llamó a la unidad nacional: "Es así irresponsable alimentar las llamas de esta crisis institucional en un momento en el que el país necesita estabilidad, y cuando todos deberían juntarse para tratar con una crisis económica devastadora que ya está aquí, así como con una crisis sanitaria que se niega a acabar".

De hecho, la huida ignominiosa de Juan Carlos expone al régimen putrefacto establecido por las potencias imperialistas de la OTAN en la Transición de 1978 del régimen franquista al régimen parlamentario actual en España.

Juan Carlos nació en Roma en 1939, hijo del exiliado pretendiente al trono español en medio de la Guerra Civil Española (1936-1939) lanzada por el golpe fascista del general Francisco Franco. Durante esta guerra de tres años, en la que Franco se alió con la Alemania nazi y la Italia fascista, murieron al menos 200.000 personas. Otras 700.000 a 1 millón de personas pasaron por al menos 300 campos de concentración durante y después de la guerra. Otro medio millón de personas abandonaron España como refugiados.

Franco restauró la monarquía en 1947, y Juan Carlos fue criado como su sucesor. En 1969, juró lealtad al Movimiento Nacional; fue coronado dos días después de la muerte de Franco en 1975. En medio de huelgas de masas y luchas revolucionarias en España y en Europa en los '60 y '70, facciones del régimen dirigidas por Juan Carlos trabajaron junto al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el estalinista Partido Comunista de España (PCE) para guiar una transición que defendiera al Estado capitalista y que bloqueara la lucha por el poder de la clase trabajadora.

El PCE desempeñó un papel central en impedir un ajuste de cuentas revolucionario con el fascismo y en diseñar una nueva monarquía constitucional. Bajo la monarquía, los crímenes del fascismo español serían olvidados y perdonados, y la propiedad capitalista habría de ser preservada. En 1978, se adoptó una constitución que protegía al rey contra cualquier enjuiciamiento.

Hasta el día de hoy, la dirección de Podemos aclama a quien fue dirigente del Partido Comunista desde los '50 hasta los '80, Santiago Carrillo, por su papel durante la Transición. Carrillo, el mentor del secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, llegó a ser un íntimo amigo de Juan Carlos y frecuentaba su palacio. Se dice que el rey lo llamaba "don Santiago".

Para 1981, sin embargo, el régimen de la Transición ya estaba al borde del colapso en medio de un descontento creciente en la clase trabajadora. La prensa y sectores de la élite gobernante empezaban a discutir la necesidad de un gobierno de "Salvación Nacional" con el general Armada como primer ministro, quien fuera el principal mentor de Juan Carlos. Esto implicaba un supuesto derrocamiento no violento del gobierno elegido democráticamente por parte del ejército, respaldado por un gabinete de coalición de base amplia que incluía al PSOE.

En la tarde del 23 de febrero, cientos de guardias civiles irrumpieron en el Parlamento, blandiendo pistolas y subfusiles, y tomaron como rehenes a los miembros del gobierno y a todos los 350 diputados. Hasta el día de hoy es un secreto de Estado cuánto sabía Juan Carlos sobre las intenciones de los golpistas. Los que planificaron el golpe dijeron que actuaban en nombre del monarca. Un diplomático alemán ulteriormente diría que Juan Carlos le había dicho que compartía ampliamente los objetivos de los golpistas.

El PSOE, el Partido Comunista y su sindicato, CCOO, reaccionaron con impotencia calculada, negándose a convocar huelgas y a movilizar a los trabajadores contra el golpe. Ante un golpe fascista, simplemente llamaron a la calma a los trabajadores, definiendo el ataque al parlamento como un incidente aislado.

El golpe no fructificó, sin embargo, ya que la mayor parte de la burguesía temió que darle el poder a otra junta militar habría provocado una respuesta de la clase trabajadora que había vivido bajo un régimen fascista durante cuatro décadas. A pesar del PCE y del PSOE, los trabajadores ya habían comenzado a organizar comités de defensa en Andalucía y Asturias; estallaron huelgas en Barcelona, Madrid y otras grandes ciudades. El 26 de febrero barrieron el país manifestaciones de más de 3 millones de participantes, las más multitudinarias de la historia de España.

Aunque formalmente fracasó, el golpe ayudó a cimentar el régimen de transición postfranquista. El PSOE ganó las elecciones de 1982 con el respaldo del PCE y de otras fuerzas surgidas del movimiento estudiantil de clase media posterior a 1968. Junto con el derechista Partido Popular, estas fuerzas formaron un afianzado duopolio político capitalista comprometido con la austeridad y la guerra.

Durante casi cuatro décadas, la población española estuvo bombardeada de manera rutinaria con afirmaciones de que el rey se opuso al golpe, y de que su discurso televisado llamando a la ley el orden y la continuidad del gobierno electo —seis horas después de que empezara el golpe— salvó a la democracia del fascismo.

Ya en estos momentos, Juan Carlos estaba ocupado usando su cargo para recibir sobornos. Estos datan de por lo menos 1973, durante la primera crisis del petróleo, cuando Franco lo envió a Arabia Saudita para negociar con la Casa de Saud para recortar el precio de las importaciones españolas de petróleo.

Durante los '80, Juan Carlos fue conocido como "el rey de los socialistas" en los '80 y los '90 debido a sus estrechos vínculos con el presidente del gobierno Felipe González del PSOE. El gobierno de González dejó que Juan Carlos continuara con sus sobornos lucrativos y tratos corruptos que implicaban el tráfico de armas, inmobiliaria y arte. También recibió grandes comisiones por promocionar productos y destinos turísticos.

Sus mordidas más grandes llegaron de sus viajes a países excoloniales con ejecutivos del Santander, Telefónica, el BBVA, Inditex, Iberdrola, OHL, Repsol —las mayores corporaciones de la bolsa española, el Ibex-35. En estos viajes para promocionar "marcas españolas", hicieron tratos por miles de millones de euros, saqueando en el proceso a esos países. Esas operaciones de saqueo beneficiaron mucho al rey personalmente.

La crisis de la monarquía se intensificó particularmente en medio de la desigualdad social creciente y la ira social causadas por las profundas medidas de austeridad de la UE que siguieron al desplome económico de 2008. En 2014, Juan Carlos abdicó después de años de escándalos, que incluían sus viajes de cacería por valor de miles de dólares a países africanos mientras a los trabajadores de España y de Europa les recortaban el empleo y sus parcos salarios, o el caso Nóos de corrupción que implicaba a su hija, la infanta Cristina.

Hoy, Podemos está interviniendo para defender el consenso de 1978 y la monarquía. En diciembre pasado, Iglesias afirmó que la monarquía "no está en crisis, y lo digo como republicano". También elogió a la hija de Felipe VI, Leonor, "quien aspira a llegar a jefe de Estado, que habla en perfecto catalán".

Ahora, intentando desesperadamente tapar sus huellas en medio de la ira social creciente, los líderes de Podemos están afirmando que no eran conscientes de que el gobierno apoyaba la decisión del rey emérito de huir, aunque Iglesias es vicepresidente del gobierno. Su queja es que esto es una vergüenza para España. En palabras de Iglesias, la "huida" fue "una actitud indigna de un exjefe de Estado", que Iglesias teme que pueda dejar a la monarquía "en una posición muy comprometida".

Podemos está coqueteando ahora con la idea de convocar un referéndum sobre república o monarquía, aunque el portavoz del partido en el parlamento, Jaume Asens, declaró que ello era "prácticamente imposible" debido a la oposición del socio de gobierno de Podemos, el PSOE.

El principal objetivo de tales debates es afianzar las tambaleantes credenciales izquierdistas mientras el gobierno del PSOE y Podemos va quedando asociado cada vez más con la austeridad, las políticas promilitaristas, operaciones de cambio de régimen en América Latina y ataques a los derechos democráticos.

Durante la pandemia de COVID-19, Podemos ha sido el abanderado de las políticas de regreso al trabajo, regreso a las escuelas, y de desconfinamiento. Su medida más reciente ha sido aclamar el reciente rescate de la UE que inyectó €750 mil millones a los bancos y corporaciones. El paquete impone austeridad en toda Europa, al tiempo que sienta las bases sobre las cuales las potencias europeas perseguirán políticas militaristas y económicas contra China y los Estados Unidos.

La decisión de Juan Carlos de escapar de las ausaciones de corrupción en España solo evidencia la profunda corrupción de todo el orden social y político defendido por podemos y el vicepresidente del gobierno Pablo Iglesias.

(Publicado originalmente en inglés el 11 de agosto de 2020)