La convención republicana: inician las cuatro noches de inmundicia fascista

26 agosto 2020

La Convención Nacional Republicana, que abrió anoche, debe ser tomada como una seria advertencia por parte de la clase gobernante. Este evento tiene un carácter fascista de pies a cabeza. Está exhibiendo a las fuerzas más reaccionarias en la vida estadounidense: racistas, antisemitas, anticomunistas rabiosos y militaristas.

Tal es el carácter putrefacto del sistema político oficial que se le conceden varias horas de televisión a la escoria de la humanidad y se les trata seriamente como una parte legítima de la vida pública. Estas fuerzas tienen una posibilidad muy real de consolidar su posición en la cúpula del Estado imperialista más poderoso del planeta.

Las diatribas contra el socialismo y los llamados abiertos al racismo y la xenofobia son vomitados en las ondas de radio con poca o ninguna oposición dentro de la prensa tradicional. Por el contrario, una red televisiva, Fox, se dedica completamente a la difusión de tales puntos de vista, mientras que el resto ofrecen poco más que correcciones tibias, como si un programa de propaganda fascista de cuatro días tan solo requiera un poco de chequeo de datos.

La noche de apertura de la convención confirma el peligro sobre el que el WSWS y el Partido Socialista por la Igualdad han advertido consistentemente: Donald Trump y el Partido Republicano están buscando establecer un movimiento autoritario y personalista, una forma estadounidense de fascismo, que aplastaría a sus oponentes a través de la fuerza bruta.

Trump no tiene una perspectiva puramente electoral. Su convención es una muestra de ello, dado que su objetivo principal es azuzar la histeria antisocialista en su base de apoyo derechista y justificar acciones anticipativas por parte de la policía y el ejército, así como por parte de fuerzas paramilitares ultraderechistas.

En lo que respecta la campaña electoral, Trump no espera convencer a una mayoría del pueblo estadounidense a que lo apoye. No ganó el voto popular en 2016 y es el primer presidente estadounidense en completar su término en el cargo sin contar jamás con el apoyo de una mayoría del pueblo estadounidense, ni en una sola encuesta.

Sus objetivos son crear un ambiente en el que haya suficiente incertidumbre sobre el resultado del voto —a través de sus acusaciones de un fraude masivo, un sabotaje directo de las papeletas por correo y esfuerzos para afectar el voto en persona por medio de la movilización de la policía, sheriffs y agentes migratorios en las urnas— que pueda reclamar para permanecer en el poder.

Ningún demócrata ha respondido a la declaración de Trump la semana pasada de que el resultado de los comicios podría no conocerse por varias semanas o incluso meses después de que cierren las urnas el 3 de noviembre. Esto tan solo demuestra la debilidad y falta de seriedad del Partido Demócrata.

No existe un apoyo amplio en la población estadounidense a favor de los puntos de vista fascistizantes de Trump. Por el contrario, la tendencia es hacia la izquierda, particularmente entre los trabajadores y jóvenes. Pero hay una sensación generalizada y completamente justificada de que el Partido Demócrata no es una alternativa y no le ofrece nada a la clase obrera.

Millones de trabajadores rechazan la gran mentira de la convención republicana, la afirmación de que Trump ha emprendido una respuesta efectiva a la pandemia de coronavirus que ha infectado a casi seis millones de personas en EE.UU. y matado a más de 180.000. Estados Unidos tiene cuatro por ciento de la población global, pero 25 por ciento de los casos de COVID-19 y 23 por ciento de las muertes. En su respuesta inepta, corrupta e indolente a la pandemia, el Gobierno de Trump y la clase gobernante estadounidense han demostrado el completo fracaso del capitalismo estadounidense.

El peligro que enfrenta la clase obrera no se origina en la fuerza inherente del bando de Trump, sino del peso muerto que representa el Partido Demócrata, el cual pretende suprimir la verdadera oposición al Mussolini en potencia en la Casa Blanca que proviene desde abajo: las huelgas y paros de los maestros, trabajadores automotores y los trabajadores de almacenes y logística desatados por la pandemia, junto a las masivas protestas populares sin precedentes contra la violencia policial y el racismo.

En vez de decir lo que sucede —que Trump está procediendo a establecer un régimen autoritario— y hacer un llamado al pueblo estadounidense a oponerse, los demócratas están buscando congraciarse con sectores del propio Partido Republicano: los exgobernadores, senadores y operadores del ejército y las agencias de inteligencia, quienes fueron desfilados en frente de la convención que nominó a Joe Biden y Kamala Harris.

Al mismo tiempo, buscan dividir a la clase obrera a lo largo de líneas raciales, contraponiendo continuamente la raza a la clase y culpando a los blancos en su totalidad por la discriminación racial y violencia que son el producto del capitalismo y el Estado capitalista. Este énfasis en la identidad racial (y de género) de hecho le otorga a Trump y a la ultraderecha una apertura para apelar a los trabajadores blancos que se enfrentan a la destrucción de sus trabajos y niveles de vida bajo el impacto de la pandemia de coronavirus y el colapso económico que ha desencadenado.

Trump ganó las elecciones presidenciales en 2016 porque el Partido Demócrata insistió en demostrar su hostilidad a la clase obrera, particularmente en la región industrial del centro del país, el foco de la destrucción de empleos y salarios durante los ocho años del Gobierno de Obama y Biden.

El voto por los demócratas colapsó, no solo en las áreas rurales y de clase obrera en las ciudades pequeñas, sino en los barrios urbanos de Milwaukee, Detroit y Filadelfia, dándole a Trump una ventaja en los estados de Wisconsin, Michigan y Pensilvania y, con ello, la Casa Blanca.

Al nominar una fórmula derechista de Biden-Harris, el Partido Demócrata está disputando las elecciones de 2020 con la misma estrategia que en 2016, sin realizar ninguna apelación a la clase obrera y buscando consolidar aún más su posición como el partido favorito de Wall Street y el aparato militar y de inteligencia.

En su primera entrevista conjunta tras la convención, Joe Biden y Kamala Harris aparecieron en ABC News el viernes por la noche. En el transcurso de casi una hora, no mencionaron la pobreza, el hambre, la falta de vivienda, la eliminación del suplemento federal de $600 para los desempleados en el que dependían 28 millones de trabajadores para su supervivencia tras verse despedidos por la pandemia de coronavirus.

Ignorando el sufrimiento económico que une a los millones de trabajadores de toda raza y género, los demócratas actúan como si no existiera una crisis seria, en un país donde casi 200.00 personas han fallecido en la pandemia y 28 millones están desempleados. Trump tiene un programa: la supresión forzada de las contradicciones sociales utilizando métodos fascistas. Los demócratas no tienen un programa excepto alegar que los horrores del capitalismo serían más tolerables si fueran infligidos a manos de un conjunto de gobernantes más “diversos”.

El Partido Socialista por la Igualdad habla en serio sobre la lucha contra Trump y el fascismo. Por esta misma razón, nos oponemos completamente y rechazamos la política del Partido Demócrata y de todos sus apologistas políticos, incluidos los promotores liberales de la política de identidades, los corruptos sindicatos y los exradicales de la pseudoizquierda. Trump no puede ser combatido sin un programa socialista que movilice a la clase obrera, potencialmente la fuerza más poderosa en la sociedad, sobre una base clasista.

Trump señala constantemente el aumento en los índices bursátiles Dow Jones Industrial Average, S&P500 y NASDAQ. En este sentido, está siendo honesto: ha administrado el país a instancias de Wall Street. Los demócratas representan la misma base social, pero buscan ocultar este hecho de la clase obrera, incluso cuando el dinero proveniente de los grandes bancos y las bolsas de valores rellena las arcas de la campaña de Biden.

El verdadero papel del Partido Demócrata es estrangular la oposición social al capitalismo. Todos se oponen a Trump con tal de que no afecte los intereses sociales de Wall Street. Pero el creciente movimiento de la clase obrera en oposición al capitalismo ofrece la única base para una lucha real contra Trump y la oligarquía financiera de la cual es su más corrupto y reaccionario representantes.

(Publicado originalmente en inglés el 25 de agosto de 2020)

Patrick Martin