El fundador del PCF, Sisón, regurgita las mentiras estalinistas sobre el trotskismo

por Peter Symonds
14 septiembre 2020

El historiador Joseph Scalice pronunció una conferencia el 26 de agosto en la que expuso detalladamente la asistencia prestada por el Partido Comunista Maoísta de Filipinas (PCF) en el ascenso al poder del actual presidente filipino, el fascistizante Rodrigo Duterte. Scalice también examinó las raíces programáticas de esta traición en Filipinas del estalinismo y su subordinación de la clase obrera y las masas campesinas al llamado ala progresista de la burguesía, en este caso Duterte.

José María Sisón [Fuente: YouTube, José María Sisón]

En una entrevista publicada un día antes de la conferencia en una edición especial de la publicación del PCF Ang Bayan, el fundador del PCF José María Sisón trató de adelantarse al evento con un calumnioso y completamente infundado ataque a Scalice como agente pagado de la CIA y un "trotsko". Sisón también acusó a Scalice de "etiquetar de rojo" —el identificar organizaciones del movimiento nacional demócrata con el PCF y por lo tanto se dirigiendo a sus activistas para perseguirlos o asesinarlos. No sólo se conocen ampliamente los vínculos políticos entre el PCF y sus organizaciones de fachada, sino que la principal responsabilidad política de Duterte y sus escuadrones de la muerte recae en Sisón y en el PCF que le ayudó a llegar al poder.

Sisón siguió su extraordinario ataque a Scalice con una segunda entrevista en otra edición especial de Ang Bayan el 31 de agosto, dedicada a defender su afirmación, basada en la teoría estalinista de las dos etapas, de que Filipinas es una "sociedad semicolonial y semifeudal". Según la teoría de las dos etapas, países como Filipinas requieren primero una revolución democrático-burguesa para permitir un período prolongado de desarrollo capitalista, relegando así cualquier lucha por el socialismo a una segunda etapa en un futuro lejano.

La reacción de pánico e histeria de Sisón apunta claramente a un partido en profunda crisis política, que a su vez está ligada al empeoramiento de la crisis en la propia Filipinas acelerada por la pandemia COVID-19 y el rápido deterioro de la economía mundial. Tras haber ayudado a Duterte a asumir el cargo y haber respaldado inicialmente su asesina "guerra contra las drogas", el PCF, en consonancia con poderosos sectores de la burguesía filipina, se dirige a la vicepresidenta, Leni Robredo, e intenta cubrir sus huellas mintiendo flagrantemente sobre sus antecedentes.

Las maniobras oportunistas del PCF durante decenios han alienado a amplias capas de jóvenes y trabajadores, hecho que se reflejó en el amplio interés que suscitó la conferencia de Scalice. Como se señaló en la introducción de Ang Bayan a la segunda entrevista de Sisón, "hay un marcado aumento del discurso intelectual y político sobre la cuestión, especialmente entre la juventud filipina". Sin embargo, no basta con estar disgustado con la traición del PCF. Es necesario comprender sus raíces teóricas en el estalinismo y retomar la alternativa revolucionaria del trotskismo que Stalin y sus secuaces trataron de enterrar bajo una montaña de mentiras, y silenciar con sus purgas asesinas.

León Trotsky

La segunda entrevista de Sisón, defendiendo su tesis políticamente en bancarrota "semicolonial, semifeudal", es un intento desesperado de frenar la hemorragia de apoyo al PCF, y de suprimir cualquier cuestionamiento en sus filas.

Ciertamente Filipinas sigue siendo un país oprimido dominado por el imperialismo, pero afirmar que es "semifeudal" va en contra de la realidad. Centrándose exclusivamente en los acontecimientos y las condiciones nacionales, Sisón sostiene que la economía de Filipinas es una peculiar etapa atrofiada del capitalismo nacional parcialmente desarrollado, que él denomina semifeudalismo. Lo que predomina en Filipinas y en otros países de desarrollo capitalista tardío no son las relaciones feudales o semifeudales, sino el mercado capitalista mundial y las relaciones económicas capitalistas. Los restos de la sociedad precapitalista que siguen existiendo están totalmente subordinados a las necesidades del capital, especialmente el capital financiero internacional.

La falsa evaluación de Sisón de la sociedad filipina es para justificar la búsqueda oportunista del PCF de alianzas con el llamado ala progresista de la burguesía nacional, lo que ha resultado en un desastre tras otro para las masas filipinas. Siguiendo la variante maoísta del estalinismo, también es la base para una orientación, no a la clase obrera, sino al campesinado y a la guerra de guerrillas campesina como medio para ejercer presión sobre la burguesía nacional.

El PCF, a diferencia de muchos de sus homólogos en todo el mundo, todavía no ha cambiado sus M-16 y sus trajes militares por asientos en el parlamento y en las salas de juntas de las empresas, pero no es por falta de intentos. Su alianza de facto con Duterte, que llevó a miembros de sus organizaciones de fachada a asumir puestos en su administración, fue sólo el último intento. Mientras tanto, en el campo, su brazo armado, el Nuevo Ejército Popular, ha disminuido en tamaño y áreas de operación, y se ha fragmentado a medida que las unidades locales han forjado sus propios lazos con las empresas locales.

Sisón elaboró por primera vez su tesis "semicolonial, semifeudal" en su libro La Sociedad y la Revolución Filipina bajo el seudónimo de Amado Guerrero. Era falsa hace 50 años y sigue siendo falsa hoy en día. En su entrevista, realiza elaboradas contorsiones en un esfuerzo por "demostrar" que el campesinado sigue constituyendo la mayoría de la sociedad filipina a pesar del enorme crecimiento del proletariado, sobre todo en la zona de la gran Manila, con su población de 20 millones de habitantes, y de los enormes cambios no sólo en Filipinas, sino también en la economía mundial.

Filipinas, afirma, no es plenamente capitalista porque carece de una base industrial autónoma con su propia industria de construcción de maquinaria y no puede "producir herramientas mecánicas, vehículos, computadoras, productos químicos básicos, medicamentos y otros bienes de capital y manufacturas importantes". Sin embargo, con la globalización de la producción de los últimos 40 años, ningún país del mundo tiene una base industrial autónoma. Todos, incluyendo el más grande —el imperialismo estadounidense— están integrados en los procesos de producción del capitalismo global.

La Tercera Internacional después de Lenin por León Trotsky

Esto apunta al defecto fundamental del argumento de Sisón: el marco nacional parroquial de su análisis. León Trotsky explicó en su crítica al proyecto de programa de la Tercera Internacional en 1928 que en la época actual del imperialismo —de la economía y la política mundiales— "ningún partido comunista puede establecer su programa procediendo única o principalmente de las condiciones y tendencias del desarrollo dentro de su propio país".

Las alternativas son, como explicó Trotsky, el programa del internacionalismo socialista o "socialismo en un solo país", el programa del estalinismo. Más de 90 años después, es aún más evidente hoy que la clase obrera no puede resolver ninguno de los problemas a los que se enfrenta —el enorme abismo entre ricos y pobres, los inminentes desastres medioambientales, los métodos antidemocráticos y dictatoriales de gobierno y el creciente peligro de una guerra mundial— dentro del marco de la nación.

Las condiciones opresivas a las que se enfrentan los trabajadores en Filipinas, por no hablar de los millones de filipinos que se ven obligados a trabajar en el extranjero, son el producto de procesos de producción global dominados por el capital financiero que sólo pueden combatirse mediante la construcción de un movimiento internacional de la clase obrera. Sisón se refiere a los desastres sociales producidos por las llamadas "políticas neoliberales" asociadas al capitalismo global. Sin embargo, la globalización de la producción de los últimos 40 años no es simplemente una política que se puede encender y apagar, sino que es el resultado de profundos cambios objetivos en el sistema capitalista mundial.

Sisón saluda a Mao y a Stalin por haber construido supuestamente el socialismo en un país en China y en la Unión Soviética, pero no puede ofrecer ninguna explicación para la restauración del capitalismo en ambos países. La globalización de la producción socavó todos los programas de reforma nacional basados en la regulación económica nacional, produciendo profundas crisis en las economías cerradas y autárquicas de China y la Unión Soviética. Habiendo basado toda su existencia en el rechazo de la perspectiva de la revolución socialista mundial, los aparatos estalinista y maoísta liquidaron lo que quedaba de las conquistas de las revoluciones rusa y china y abrieron sus puertas al capital mundial.

Las falsificaciones de Sisón en la esfera política son paralelas a las de la esfera teórica. En su desesperación por defender su afirmación de que Filipinas es "semifeudal", saca a relucir las viejas tergiversaciones estalinistas del trotskismo y se las arregla para meterlas todas en una sola frase.

Los "trotskos", declaró Sisón, están impulsando "la línea trotskista largamente desacreditada de que no debe haber dos etapas en la revolución filipina porque el socialismo ya es la cuestión inmediata, que no hay necesidad de la revolución democrática del pueblo, que el campesinado y la burguesía media son fuerzas reaccionarias que deben mantenerse al margen del frente unido nacional, que la línea estratégica de la guerra popular prolongada que rodea las ciudades desde el campo debe ser descartada y que los trabajadores deben hacer toda la lucha revolucionaria y no compartir el poder con las masas campesinas”.

En primer lugar, la teoría de las dos etapas no era la perspectiva de Lenin y los bolcheviques, sino de sus oponentes políticos, los mencheviques, que buscaban subordinar a la clase obrera a un sector de la burguesía "democrática" rusa y su partido, los cadetes. Al igual que Lenin, León Trotsky, en su teoría de la Revolución Permanente, estableció que la clase capitalista de los países de desarrollo capitalista tardío como Rusia y Filipinas era orgánicamente incapaz de llevar a cabo las tareas de la revolución democrática.

No es que las tareas democráticas llevadas a cabo en las grandes revoluciones burguesas de los siglos XVIII y XIX — entre las que se encuentran la independencia nacional, los derechos democráticos y la reforma agrari — no existan. Más bien la burguesía —subordinada al capital mundial por un lado, y atada por un millón de cuerdas a los grandes terratenientes del campo por el otro— no puede llevarlas a cabo. Se enfrenta en el siglo XX a su enemigo mortal, el proletariado, que representa una amenaza directa para sus intereses. Una agitación revolucionaria de la magnitud necesaria para reformar la sociedad conduce necesariamente a la movilización de la clase obrera que luchará por sus intereses de clase y amenazará la propiedad privada de los medios de producción.

Es una burda tergiversación declarar que el trotskismo considera al campesinado como "una fuerza reaccionaria". Lo que Trotsky explicó en su Teoría de la Revolución Permanente fue que el campesinado, como clase heterogénea y dispersa de terratenientes, era incapaz de actuar políticamente de manera independiente. Su estrato superior se fusionó con los grandes terratenientes y empresarios rurales mientras que sus capas inferiores llegaron a los campesinos sin tierra y al proletariado rural. Así, el campesinado seguirá a una u otra de las dos clases principales de las ciudades — la burguesía o la clase obrera.

Por lo tanto, le corresponde a la clase obrera, apoyada por el campesinado, llevar a cabo las tareas democrático-burguesas. Pero al hacerlo, el proletariado utiliza necesariamente sus propios métodos de clase y comienza a incursionar profundamente en las relaciones de propiedad capitalista. Es decir, las tareas democráticas se fusionan con el comienzo de las tareas socialistas.

La principal objeción a la Teoría de la Revolución Permanente de Trotsky antes de 1917 era que la toma del poder por el pequeño proletariado ruso rodeado de un mar de campesinos sería prematura. Sin embargo, en la época del imperialismo, la agonía de muerte del capitalismo, que se abrió en 1914, el orden capitalista mundial está más que maduro para el socialismo, ha empezado a pudrirse. La toma del poder por la clase obrera en cualquier país requiere su extensión a escala internacional y se funde con las luchas para derrocar el capitalismo a nivel mundial.

Fue esta perspectiva de la revolución socialista mundial, en el corazón de la Teoría de la Revolución Permanente de Trotsky, la que guio la Revolución de Octubre que llevó a la toma del poder por la clase obrera rusa. El nuevo gobierno soviético legitimó inmediatamente la toma de las tierras por el campesinado y se dirigió a la clase obrera internacional en busca de apoyo. Lo decisivo no fue el tamaño del proletariado ruso, ni tampoco el de la clase obrera filipina en 1969 o en la actualidad, sino su carácter de clase internacional y su papel central en los medios de producción para hacer frente a la clase capitalista.

Además, como se desprende de cualquier examen de los primeros años de la Unión Soviética, la concepción que guio a Lenin y Trotsky no fue la caricatura estalinista de un levantamiento revolucionario simultáneo. Para ellos, lo esencial era el desarrollo de la Tercera Internacional como partido mundial de la revolución para desarrollar, reforzar y coordinar las luchas de la clase obrera provocadas por la crisis del capitalismo mundial. El rechazo de Stalin a esta perspectiva y su adopción del punto de vista nacionalista del socialismo en un país condujo al debilitamiento y la traición de las luchas revolucionarias de la clase obrera y, en última instancia, a la restauración capitalista, como predijo Trotsky ya en 1936.

En el caso de China, fue la variante maoísta del estalinismo, que se basaba en el campesinado y la guerra de guerrillas armada, la que produjo el estado obrero deformado que surgió de la revolución de 1949. Mao y el Partido Comunista Chino, apoyándose en sus ejércitos campesinos, suprimieron deliberadamente las luchas de la clase obrera antes y después de la revolución. Incluso más rápidamente que en la Unión Soviética, la versión de Mao del "socialismo en un solo país" terminó en un callejón sin salida del que Mao trató de sacar a China recurriendo al imperialismo estadounidense con la visita de Nixon en 1972. Esto allanó el camino para la restauración capitalista a partir de 1978.

La conferencia del Dr. Scalice proporciona un importante antídoto contra las mentiras y falsificaciones de Sisón y el PCF y una exposición de su política estalinista. Hubo y hay una consistente alternativa revolucionaria al estalinismo basada en el marxismo y la perspectiva de la revolución socialista mundial —el trotskismo, como la que lucha el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI). En medio del resurgimiento de la lucha de clases a nivel internacional, lo que se requiere es claridad teórica y política sobre las razones de las derrotas y traiciones del pasado y la construcción de direcciones revolucionarias basadas en las lecciones políticas de la lucha del movimiento trotskista contra el estalinismo y sus apologistas. Animamos a los trabajadores, la juventud y los intelectuales a iniciar este proceso haciendo un estudio serio de las obras de León Trotsky y la CICI.

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(Artículo publicado originalmente en inglés el 12 de septiembre de 2020)