Maestros brasileños convocan huelgas contra la campaña de regreso a clases

por Tomas Castanheira
19 septiembre 2020

Las terribles consecuencias de la pandemia de COVID-19 en Brasil, con más de 135.000 muertes y casi 4,5 millones de casos registrados, combinados con el importante deterioro de las condiciones de vida de las masas de trabajadores brasileños, están provocando un descontento social creciente y explosivo.

A las acciones de los maestros contra la campaña homicida para reabrir escuelas se ha sumado una huelga de un mes de los trabajadores postales en todo el país junto con las huelgas de los conductores de autobuses y recolectores de boletos en los estados de Rio Grande do Sul, Espírito Santo, Minas Gerais, São Paulo y Paraná, recién en septiembre.

Aula en una escuela privada en Manaos (Crédito: Eduardo Cavalcante/ Seduc-AM)

La clase dominante brasileña no solo es incapaz de brindar ningún alivio a los trabajadores brasileños, sino que está haciendo campaña para agravar aún más su sufrimiento e ira, promoviendo una reapertura de escuelas que intensificará aún más la propagación de la pandemia.

El miércoles, el presidente fascista de Brasil, Jair Bolsonaro, presentó una siniestra evaluación pública de la respuesta de su Gobierno a la pandemia, desestimando su terrible costo humano. En una ceremonia que coronó al general Eduardo Pazuello como ministro de Salud interino, Bolsonaro defendió cada uno de sus pasos homicidas.

Sostuvo que las empresas nunca deberían haberse cerrado y que la salud no tenía prioridad sobre la economía; celebró a los médicos que “se atrevieron” a tratar a los pacientes con hidroxicloroquina, “incluso sin pruebas científicas”; y atacó las medidas de distanciamiento social implementadas por gobernadores y alcaldes, diciendo que fueron impulsadas por el “pánico” propagado por “medios catastróficos”.

Entre aplausos de su equipo de Gobierno, Bolsonaro declaró: “No teníamos motivos para cerrar las escuelas, pero las medidas restrictivas ya no estaban en manos de la Presidencia. Por decisión judicial, quedaron exclusivamente en manos de gobernadores y alcaldes. Me arrepiento de ello. Somos el país con el mayor número de días de cierre de escuelas. Esto es absurdo”.

Este discurso barbárico de un asesino en masa orgulloso de su actuación fue recibido con indiferencia por los medios de comunicación y la supuesta oposición política en el Gobierno. Son cómplices de Bolsonaro y están impulsando conjuntamente la reapertura criminal de escuelas en el país frente a la oposición de la mayoría de la clase trabajadora.

El inicio de la semana estuvo marcado por el Gobierno de Amazonas, cuya capital Manaos fue la primera ciudad en retomar clases en escuelas privadas y públicas, anunciando un aumento repentino de casos de COVID-19 y el llenado de camas de UCI. Junto al anuncio, las autoridades retiraron su reapertura de las escuelas primarias estatales, que aún estaban cerradas. El gobernador Wilson Lima, del Partido Social Cristiano, sin embargo, culpó del estallido de casos a “personas que en algunos lugares forman multitudes, especialmente en fiestas privadas”.

Buscando sostener el reclamo hipócrita de Lima, la Fundación de Vigilancia Sanitaria de Amazonas (FVS-AM), encargada de autorizar la apertura de escuelas, terminó haciendo una terrible confesión. “Hemos notado desprecio por las medidas cautelares contra el coronavirus, como el distanciamiento social de metro y medio”, dijo el presidente de FVS-AM. “Es como entrar a una habitación en llamas. Evite las aglomeraciones y continúe usando una mascarilla. Todavía no hay pruebas de que este no sea un virus mutante”.

Las “habitaciones en llamas”, infestadas con un virus posiblemente mutante, son literalmente los cientos de aulas en Manaus a las que asisten 110.000 estudiantes, que FVS-AM y el Gobierno de Wilson Lima mantienen abiertas. Los educadores de Manaos, que, a diferencia del Gobierno, no desprecian las medidas cautelares contra el coronavirus, respondieron a los brotes de COVID-19 en decenas de escuelas con huelgas.

Para obligarlos a trabajar en lugares de trabajo letales, la Secretaría de Educación del estado recortó los salarios de los huelguistas y amenazó con reemplazarlos con rompehuelgas. El ataque del Gobierno fue respaldado por el Sindicato de Trabajadores de la Educación de Amazonas (SINTEAM), que suspendió la huelga con el argumento de que “la justicia autoriza asignar ausencias [a los huelguistas], así como multas al sindicato”.

En Río de Janeiro, el estado con el segundo mayor número de infecciones por COVID-19 registradas, algunas escuelas privadas reanudaron sus clases el lunes en medio de decisiones judiciales contradictorias. El Colegio Militar de Río de Janeiro, de jurisdicción federal, también había programado el regreso a clases, pero esto fue anticipado por la huelga de sus profesores.

En Paraná, ante una posible reapertura de escuelas aún no programada, unos 2.700 maestros del estado se reunieron en un mitin en línea este fin de semana y votaron a favor de una huelga. En otros estados, como Espírito Santo, los docentes han expresado su enojo contra los sindicatos por no convocar reuniones para organizar acciones.

En São Paulo, el estado más afectado por el COVID-19, que superó los 900.000 casos de la enfermedad esta semana y registró 321 nuevas muertes el miércoles, el Gobierno del gobernador João Doria del Partido Socialdemócrata Brasileño (PSDB) ya permitió la parcial reapertura de escuelas. El alcalde de la capital, Bruno Covas, también del PSDB, anunció ayer que el 7 de octubre se reanudará la instrucción presencial en las escuelas, así como las clases regulares en las universidades.

Una proyección realizada por investigadores de las principales universidades brasileñas e internacionales mostró que la reapertura de las escuelas en São Paulo, incluso siguiendo las restricciones estipuladas por el Gobierno, provocaría la infección de hasta el 46 por ciento de sus estudiantes y profesores en solo tres meses. La ciudad de São Paulo tiene, según datos de 2018 del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), alrededor de 2,5 millones de estudiantes. Los resultados de una reapertura serán devastadores.

Demostrando la unanimidad dentro de la élite política brasileña sobre esta política homicida, el gobernador del Partido de los Trabajadores (PT) de Bahía, Rui Costa, una vez más expresó su disposición a reabrir escuelas en su estado. El lunes, refiriéndose a la nueva apertura del transporte intermunicipal, Costa declaró: “esta etapa de relajación del transporte es una etapa que puede incluir la reapertura de escuelas”.

Esta campaña también está siendo impulsada por los principales medios de comunicación del país, que difunden argumentos pseudocientíficos que favorecen los intereses de la clase dominante. Folha de S ã o Paulo, el diario de mayor circulación en el país, destacó la opinión de Viviane Senna, presidenta de la ONG Ayrton Senna Institute, a quien el periódico elogió como una “experta en educación”, con un artículo titulado “Es claro que la reapertura de las escuelas no agrava la pandemia”.

Estas declaraciones son completamente falsas. Los niños están contrayendo la enfermedad. Los datos internacionales confirman que uno de cada tres niños ingresados en hospitales debe recibir cuidados intensivos y que el 6 por ciento necesita respiradores. Solo en São Paulo, más de 90 jóvenes menores de 19 años han muerto por COVID-19. Y estudios recientes a gran escala en los EE. UU., Italia y Corea del Sur han concluido que los niños tienen más probabilidades de transmitir COVID-19 que los adultos.

Como ha estado informando el World Socialist Web Site, el número de casos en España, Francia y otros países europeos está aumentando rápidamente. En Reino Unido, el siniestro crecimiento del número de nuevos casos hasta los niveles registrados en mayo está directamente asociado a la reapertura de escuelas.

La oposición a la reapertura de las escuelas está creciendo entre los educadores en Europa, al igual que en Brasil y en otros continentes. Mientras tanto, los sindicatos de todo el mundo, ligados a sus Estados nacionales y las clases dominantes de sus respectivos países, están tratando de aislar a los trabajadores, reprimir su revuelta y llevarlos a escuelas y otros lugares de trabajo infectados.

En Brasil, la Confederación Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), a la que están asociados la mayoría de los sindicatos de docentes brasileños, publicó consejos para los Gobiernos sobre cómo llevar a cabo “reaperturas graduales” seguras, mientras bloquea la unificación de los educadores brasileños en lucha.

Es fundamental que los educadores brasileños formen comités de base en las escuelas de todo el país para organizar sus huelgas y otras acciones de manera políticamente independiente de los sindicatos, enfrentando directamente los intereses de la clase dominante y sus Gobiernos.

El Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) está promoviendo una amplia campaña por la formación de estos comités de base en todo el mundo y la unificación de las luchas de la clase trabajadora internacional. Instamos a los trabajadores brasileños a emprender esta lucha.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 18 de septiembre de 2020)

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