Trump lanza una diatriba contra China a las Naciones Unidas

por Bill Van Auken
24 septiembre 2020

El discurso grabado del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en la sesión de apertura de la Asamblea General de las Naciones Unidas el martes, consistió en una histérica despotricada contra los chinos combinada con un encubrimiento mentiroso de la desastrosa respuesta de los Estados Unidos a la pandemia de COVID-19 y presumiendo de la destreza del ejército americano y su capacidad para volar el mundo.

El carácter sin precedentes de la sesión, que se está celebrando casi en su totalidad de forma virtual, con jefes de Estado mundiales que han enviado observaciones grabadas en lugar de pronunciar discursos desde la tribuna de mármol verde de la asamblea, es una expresión gráfica del impacto de la pandemia mundial, con casi un millón de muertes registradas en todo el mundo.

La asamblea marcó el 75º aniversario de las Naciones Unidas, que se constituyó tras el final de la Segunda Guerra Mundial y su matanza de más de 70 millones de seres humanos con la promesa de salvar "a las generaciones venideras del flagelo de la guerra".

La incapacidad orgánica del organismo para cumplir esta promesa bajo el orden capitalista existente se ha hecho abundantemente clara a lo largo de sus tres cuartos de siglo de existencia. Participó directamente en la guerra de Estados Unidos que cobró la vida de dos millones de coreanos, fue incapaz de evitar la guerra de Washington contra Vietnam que mató a tres millones y ha facilitado tres décadas de guerras ininterrumpidas de Estados Unidos en el Medio Oriente que han matado a millones más, creando la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial.

El discurso de Trump y las acciones de EE.UU. en los últimos días han confirmado una vez más que los estragos del coronavirus no han hecho nada para frenar el impulso hacia la guerra imperialista, sino que por el contrario sólo lo han acelerado.

Mientras que el tiempo asignado para los discursos de los jefes de estado a la Asamblea General es de 15 minutos, y la mayoria tradicionalmente exceden sustancialmente este límite, el discurso de Trump se registró en apenas siete minutos. Sin embargo, logró mencionar a China no menos de 12 veces, comenzando en sus primeras palabras con la descripción de la pandemia mundial como el "virus de China".

Continuó exigiendo en dos ocasiones en su breve discurso que se "responsabilizara" a China, al tiempo que culpaba al país de mentir sobre el coronavirus, subvertir la Organización Mundial de la Salud, contaminar el medio ambiente, sobrepescar y destruir "vastas franjas de arrecifes de coral".

Con el número de muertes registradas en EE.UU. por el COVID-19 habiendo pasado la marca de los 200.000, Trump afirmó absurdamente que su administración había llevado a cabo "la movilización más agresiva desde la Segunda Guerra Mundial" para combatir el virus, incluso mientras decía en un mitin de campaña el día anterior que no afectaba a "nadie".

Declaró que los EE.UU. era un "líder en derechos humanos", mientras las protestas contra los asesinatos de la policía siguen estallando en todo el país. Y afirmó que "la prosperidad estadounidense es la base de la libertad y la seguridad en todo el mundo". Para miles de millones de personas en todo el planeta, la "prosperidad estadounidense", por la que Trump significa el auge del mercado de valores y la fortuna de la oligarquía multimillonaria, ha llegado a costa de la opresión brutal, el hambre y la guerra.

Trump se jactaba de los enormes recursos que se han desviado de las necesidades sociales urgentes en los EE.UU. a la máquina de guerra de Washington, declarando: "Gastamos $2,5 billones en los últimos cuatro años en nuestro ejército. Tenemos el ejército más poderoso del mundo, y no está ni siquiera cerca".

Continuó echando bravatas, diciendo que "Nuestras armas están en un nivel avanzado como nunca antes habíamos tenido, como francamente, nunca habíamos pensado en tenerlas antes. Y sólo le pido a Dios que nunca tengamos que usarlas".

La amenaza implícita de agresión militar en las observaciones de Trump era una expresión de las políticas que estaba llevando a cabo el imperialismo de EE.UU. desde el Mar del Sur de China hasta el Golfo Pérsico y el Caribe.

En vísperas de la apertura de la Asamblea General, la administración Trump anunció un nuevo conjunto de sanciones contra el Irán, una nueva escalada de su campaña de "máxima presión" que equivale a un estado de guerra y ha devastado la economía iraní.

Washington ha mantenido la pretensión de que está haciendo cumplir unilateralmente la "reversión instantánea" de las sanciones de las Naciones Unidas que estaban en vigor antes del acuerdo nuclear de 2015 entre el Irán y las principales potencias —conocido como el JCPOA, o Plan de Acción Integral Conjunta—, en particular un embargo contra la venta de armas convencionales a Teherán. Los actuales 15 países miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, con la única excepción de la República Dominicana, se negaron a reconocer cualquier posición legal para que EE.UU. reimponga las sanciones, después de que abrogara unilateralmente el acuerdo nuclear en 2018.

En una conferencia de prensa el lunes, el Secretario de Estado Mike Pompeo proclamó que "Nuestras acciones de hoy son una advertencia que debería ser escuchada en todo el mundo", añadiendo que cualquiera que "violara" el embargo de armas de la ONU que será levantado el próximo mes bajo los términos del acuerdo nuclear "se arriesgaría a sanciones".

Se anunciaron nuevas sanciones contra dos docenas de funcionarios y entidades iraníes supuestamente asociados con los programas de misiles nucleares y balísticos del país, así como con la compra de armas convencionales. También se lanzaron sanciones adicionales contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro en Venezuela, país que también gime bajo un régimen de sanciones de "máxima presión" de EE.UU., con el pretexto de que Venezuela está de alguna manera involucrada en transferencias de armas con Irán.

Incluso cuando las nuevas sanciones fueron reveladas, el Pentágono anunció el despliegue del grupo de ataque del portaaviones USS Nimitz en el Golfo Pérsico. El portaaviones estadounidense, acompañado de dos cruceros con misiles guiados y un destructor con misiles guiados, navegó a través del estratégico Estrecho de Ormuz el pasado viernes. Marcó el primer despliegue de un grupo de ataque de un portaaviones de este tipo desde el pasado noviembre y siguió a la amenaza de Trump de que cualquier ataque iraní a las fuerzas o intereses de los EE.UU. se encontraría con una respuesta "1.000 veces mayor en magnitud".

En su discurso grabado ante la Asamblea General de la ONU, el presidente iraní Hassan Rouhani estableció una conexión entre la agresión de EE.UU. contra Irán y el asesinato policial de George Floyd en Minneapolis. "Las imágenes transmitidas al mundo sobre el tratamiento de un afroamericano por parte de la policía de los Estados Unidos recuerdan nuestra propia experiencia", dijo. "Reconocemos instantáneamente los pies arrodillados en el cuello como los pies de la arrogancia en el cuello de las naciones independientes. Durante décadas, la valiente nación iraní ha pagado un alto precio similar por su búsqueda de libertad y liberación de la dominación y el despotismo".

La agresión de EE.UU. contra Irán y Venezuela tiene como objetivo reducir la influencia de China tanto en el Oriente Medio, rico en energía y estratégicamente vital, como en América Latina, considerada durante mucho tiempo por el imperialismo de EE.UU. como su propio "patio trasero".

Esto no es simplemente una política de la administración Trump, sino más bien el impulso de toda la oligarquía capitalista gobernante de EE.UU. para compensar el declive de la hegemonía económica mundial del capitalismo de EE.UU. a través de un recurso al militarismo. El principal oponente político de Trump, el candidato presidencial demócrata Joe Biden, ha criticado repetidamente al presidente republicano por ser demasiado "blando" tanto con Rusia como con China.

Los baladronadas de Trump en su discurso grabado ante la ONU debe tomarse con una seriedad mortal. La amenaza de guerra se intensifica por la necesidad de la clase dominante capitalista de desviar hacia el exterior las inmensas tensiones sociales que se están acumulando en las condiciones de la continua pandemia, el desempleo masivo y la profundización de las privaciones para decenas de millones de personas. Una "sorpresa de octubre" en forma de una nueva guerra de EE.UU. destinada a reunir apoyo para Trump o a crear las condiciones para la ley marcial en los EE.UU. es una amenaza real.

La lucha contra la amenaza de guerra no puede librarse dentro de los límites de la contienda electoral entre los dos principales partidos capitalistas, los demócratas y los republicanos. Requiere la movilización independiente de la clase obrera sobre la base de un programa socialista e internacionalista.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 23 de septiembre de 2020)

 

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