La Operación Dictadura de Trump: qué expuso el debate

2 octubre 2020

El degenerado espectáculo del debate entre Donald Trump y Joseph Biden el martes por la noche será recordado en la historia como el momento de la verdad para Estados Unidos. El mito de que la democracia estadounidense es invulnerable y eterna quedó hecho añicos. La realidad política se ha ante puesto a las incontables capas de propaganda engañosa de la oligarquía corporativo-financiera y ha expuesto el hecho innegable que la Casa Blanca es el centro neurálgico político de una avanzada conspiración para establecer una dictadura presidencial y suprimir los derechos democráticos democráticamente garantizados.

Los gruñidos y ladridos de Trump la noche del martes no dejaron ninguna duda sobre sus intenciones. Trump toma sus amenazas durante el debate con tanta seriedad como lo hizo Hitler con sus amenazas en Mein Kampf. Trump percibe los comicios de noviembre como una continuación del golpe de Estado político que inició en junio pasado en Washington, D.C. cuando desplegó el ejército y las fuerzas policiales contra manifestantes pacíficos.

La estrategia política es bastante obvia y puede resumirse con la famosa frase: “Grita ‘¡Devastación!’ y suelta a los perros de la guerra”. La conspiración ocurrirá de la siguiente manera.

En primer lugar, durante el mes restante de la campaña electoral, Trump hará todo lo posible para desacreditar el proceso electoral con la intención de deslegitimar el conteo de votos, el cual, como él mismo prevé completamente, mostrará que perdió la elección por varios millones de votos. Utilizará acusaciones fabricadas de fraude sobre las papeletas para incitar a matones fascistas, asistidos por la policía y agentes federales sin identificación, para intimidar a los votantes y llevar a cabo actos violentos en las urnas.

En segundo lugar, la noche de las elecciones Trump se declarará el ganador, afirmando que todas las papeletas enviadas por correo son ilegítimas. Durante el debate, repitió su afirmación de que solo podría perder si se manipulare la “elección”, por medio de la destrucción de papeletas y otras formas de fraude. A pesar de que le llevan una gran ventaja en las encuestas, Trump está contando con que el retraso en el conteo de papeletas enviadas por correo le permita declarar victoria en estados disputados y clave.

En tercer lugar, Trump aprovechará las 10 semanas entre la jornada electoral el 3 de noviembre y la inauguración el 20 de enero para movilizar a sus simpatizantes en las calles, al tiempo que recurre a la Corte Suprema a que decida el resultado de la elección a su favor. El martes, dijo que estaba “contando” con que el tribunal “vea las papeletas”. Tiene el apoyo pleno del Partido Republicano, el cual se está apurando para confirmar a la nominada de Trump para la Corte Suprema, Amy Coney Barrett, para que ella pueda dar el voto necesario para la decisión de la corte sobre las elecciones.

Trump también cuenta con el apoyo de la policía y secciones de los militares, junto con el Departamento de Seguridad Nacional (DHS). El Washington Post reportó el martes que el secretario en funciones del DHS, Chad Wolf, un lacayo de Trump, está preparando que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) lleve a cabo redadas en las “ciudades santuario” como Denver y Filadelfia este mes. Habrá un despliegue de fuerzas paramilitares federales en las principales metrópolis antes de las elecciones.

En última instancia, y lo más crítico para el éxito de su conspiración, Trump ha hecho cuentas del carácter sumiso del Partido Demócrata. Confía plenamente en que los demócratas, más allá de unas cuantas amenazas vacías, no hará nada para detenerlo.

La abyecta bancarrota del Partido Demócrata fue exhibida el martes por la noche. Mientras Trump personifica la perversidad de una clase gobernante que gira hacia el fascismo, Biden —frágil y asustado— representó una democracia burguesa en su lecho de muerte.

Entonando un sinfín de veces, “Este es el asunto”, Biden dedicó los 90 minutos del debate a evadir el hecho de que su oponente está preparándose para una guerra civil y dictadura. Dijo de forma mecánica que, una vez que se cuenten los votos, la crisis política se habrá acabado y todo volverá a la normalidad.

El papel del Partido Demócrata es hacer todo lo posible para minimizar y encubrir la realidad, a fin de prevenir cualquier movilización popular contra Trump. Biden hizo el esfuerzo para declarar que no se opone a la nominada Amy Barrett a la Corte Suprema. La elogió como “una muy buena persona”, a pesar de que Barrett, no bien llegue a la Corte, será una de las que pondrá un clavo en el féretro político de Biden.

Cuando Trump aguijoneó a Biden afirmando que el candidato demócrata apoya el “manifiesto ultraizquierdista” de Sanders, Biden respondió rechazando cualquier asociación con la política izquierdista: “Le gané a Bernie Sanders… por muchísimo”.

Biden ni siquiera respondió a la salutación verbal de Trump a la agrupación fascista Proud Boys. Biden prometió pedirles a sus simpatizantes que “mantengan la calma” durante las elecciones mientras Trump urgió que se movilicen y desafíen los resultados.

Creer que es posible evitar una dictadura apoyando al Partido Demócrata es cerrar los ojos a la realidad. Las acciones de los demócratas no derivan de una devoción abstracta a la democracia, sino de los intereses de la clase que representan.

Cualquier estrategia para combatir el peligro de una dictadura debe basarse en un entendimiento correcto de las causas subyacentes de la crisis política. Trump da expresión a un mal mucho más profundo, cuyos orígenes y carácter deben entenderse correctamente.

Están implicados varios factores interrelacionados.

En primer lugar, está la degeneración de gran alcance del capitalismo estadounidense. En poco más de una década, Estados Unidos se ha visto devastado por dos grandes crisis, una en 2008 y la actual en 2020. En ambos casos, la clase gobernante recurrió a una inyección masiva e insostenible de fondos —esencialmente, imprimiendo dinero— para mantener los mercados financieros a flote. La transferencia históricamente sin precedentes de riqueza hacia los ricos ha de pagarse por medio de la intensificación del asalto contra la clase obrera.

En segundo lugar, a raíz del debilitamiento económico de Estados Unidos, está el declive dramático de la posición global del imperialismo estadounidense. Pese a 30 años de guerras interminables, la clase gobernante estadounidense no ha podido mantener su posición como poder hegemónico global. Actualmente, percibe el auge de China como una amenaza existencial. Todos los recursos han de desviarse para preparar una guerra global con China, siendo un elemento de esto el conflicto con Rusia. Se le tienen que imponer raciones a la clase obrera estadounidense.

En tercer lugar, está la pasmosa concentración de la riqueza en manos de una diminuta capa de la sociedad. Los 400 individuos más ricos de EE.UU. controlan ahora $3,2 billones, y el 1 por ciento más rico tiene más riqueza que el 40 por ciento al fondo. Un reciente estudio del centro de reflexión RAND Corporation calculó que el estancamiento de los ingresos para el 90 por ciento más pobre de la población durante las últimas cuatro décadas creó una pérdida neta combinada de ingresos de $47 billones. La democracia no puede sobrevivir en las condiciones de niveles tan enormes de desigualdad.

Todas estas condiciones subyacentes fueron intensificadas por la pandemia, la cual ha revelado en la forma más clara la disfuncionalidad de la sociedad estadounidense. Trump habla y actúa en nombre de una oligarquía financiera criminal que hará todo lo necesario para proteger su riqueza. Su respuesta a la pandemia de COVID-19 ha demostrado su odio hacia las vidas y bienestar de la población. Su demanda de reabrir las escuelas es un componente esencial de su programa de “inmunidad de rebaño” (inmunidad colectiva), que ya ha resultado en más de 210.000 muertes en EE.UU. Mientras el rescate federal ha hecho que los precios de las acciones en Wall Street se eleven meteóricamente, decenas de millones de personas están desempleadas y las principales corporaciones están planeando despidos masivos.

La clase gobernante sabe que se enfrenta a una ira social masiva que asumirá una forma explosiva y potencialmente revolucionaria. A esto se debe el carácter frenético y temerario de las acciones de Trump. Aterrado ante el desarrollo de la oposición social, percibe en cada protesta y muestra de oposición el peligro de la “izquierda radical” y el “socialismo”. El crecimiento de la militancia de la clase obrera, que ya era aparente en la ola de huelgas, ha convencido a una sección importante de la clase gobernante que no tienen otra salida más que la violencia.

Las lecciones del surgimiento del fascismo en las décadas de 1920 y 1930 tienen una enorme relevancia contemporánea. Los ejemplos de Hitler en Alemania, Mussolini en Italia y Franco en España demuestran que el giro al fascismo y la dictadura se produce cuando la clase gobernante ya no es capaz de resolver su crisis a través de formas democráticas, por razones arraigadas en el carácter de la propia sociedad capitalista.

Después del ascenso de Hitler al poder en 1933, León Trotsky advirtió que el régimen nazi no era un fenómeno únicamente alemán:

En todos los países operan las mismas leyes históricas, las leyes del declive capitalista. Si los medios de producción permanecen en manos de un pequeño número de capitalistas, no hay ninguna solución para la sociedad. Está condenada a pasar de una crisis a otra, de la necesidad a la miseria, de mal a peor. La decrepitud y desintegración del capitalismo se reflejará en formas diversas y ritmos desiguales en los distintos países. Pero las características básicas del proceso son comunes en todas partes. La burguesía está conduciendo su sociedad hacia la bancarrota total. No puede garantizarle al pueblo ni pan ni paz. Esta es precisamente la razón de por qué no puede tolerar más el orden democrático. Se ve obligada a aplastar a los trabajadores empleando la violencia física. [¿Adónde va Francia?, 9 noviembre, 1934]

La clase obrera necesita resistir contra el golpismo de Trump por medio de su propio programa y sus propios métodos.

En primer lugar, necesita llevar a cabo una ruptura absoluta con el Partido Demócrata y todas las fuerzas dedicadas a subordinar las luchas de la clase obrera al sistema capitalista.

En segundo lugar, los trabajadores necesitan rechazar toda forma de política que busque dividir a la clase obrera a lo largo de líneas nacionales, raciales o de género. La batalla no es entre “los EE.UU. blancos” y “los EE.UU. negros” sino entre la clase obrera y la oligarquía corporativo-financiera.

En tercer lugar, la clase obrera necesita expandirse y unirse. La lógica de la crisis presenta la necesidad de que los trabajadores preparen una huelga general política a través de la formación de organizaciones y comités populares, controlados por los trabajadores, y que sean independientes de los sindicatos y partidos procapitalistas de la clase gobernante.

En cuarto lugar, la lucha por los derechos democráticos es inseparable de la lucha contra el sistema capitalista. Las muchas formas de protesta social por todo el país —especialmente las manifestaciones multirraciales contra la brutalidad policial y el creciente movimiento de las bases contra la exigencia de regresar al trabajo que pone en riesgo sus vidas— necesitan unirse en forma de un movimiento con consciencia de clase y contra el capitalismo.

En quinto lugar, y lo más crucial, los trabajadores estadounidenses necesitan reconocer que su lucha dentro de EE.UU. es parte de un movimiento global de la clase obrera contra el sistema capitalista internacional. Los trabajadores de todos los países, incluidos China y Rusia, son sus hermanos y hermanas de clase. Ellos también están involucrados en una lucha contra sus respectivos gobernantes capitalistas.

Las siguientes semanas será utilizadas por la campaña presidencial del Partido Socialista por la Igualdad para movilizar a la clase obrera y los jóvenes contra la amenaza de la dictadura.

El Partido Socialista por la Igualdad y el World Socialist Web Site hacen un llamado a todos los que se oponen al golpe de Estado de Trump a que extraigan las lecciones de la historia, reconociendo los muy reales peligros políticos, y tomen la decisión de resistir.

Apoya y utiliza la campaña presidencial del Partido Socialista por la Igualdad para desarrollar un entendimiento de la crisis en marcha y la necesidad de avanzar políticas socialistas revolucionarias. Circulen esta declaración lo más ampliamente posible para construir la oposición a la Operación Dictadura de Trump.

La clase obrera estadounidense tiene el poder para hundir la conspiración de Trump. Pero necesita un programa socialista y una dirección auténticamente revolucionaria.

No esperes pasivamente a que se desenvuelvan los acontecimientos. Si entiendes el peligro, actúa para contrarrestarlo. Y la acción más efectiva que pueden tomar los lectores del World Socialist Web Site es volverse miembros del Partido Socialista por la Igualdad y luchar por poner fin al capitalismo en Estados Unidos y por todo el mundo.

(Publicado originalmente en inglés el 1 de octubre de 2020)

Joseph Kishore y David North

 

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