Trump intensifica su conspiración política a pesar de la pandemia en la Casa Blanca

8 octubre 2020

El presidente estadounidense Donald Trump dedicó su primer día de regreso en la Casa Blanca el martes lidiando con la recrudecida crisis del conjunto de su Administración.

La Casa Blanca en sí se ha convertido el principal foco nacional de la pandemia, según sigue creciendo el daño de la ceremonia de nominación de la jueza Amy Coney Barrett el 26 de septiembre en la rosaleda de la Casa Blanca. El martes por la noche, se reportó que el asesor fascistizante de Trump, Stephen Miller, dio positivo, después del anuncio el lunes de que la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany había contraído el virus.

Además de la propagación entre los más altos funcionarios de la Casa Blanca y los asesores de Trump, casi todo el Estado Mayor Conjunto, incluyendo su presidente, el general Mark Milley, están en cuarentena tras ser expuestos al almirante Charles Ray, vicecomandante de la Guardia Costera, quien salió positivo al COVID-19.

Si bien Trump regresó, muchas oficinas de la Casa Blanca están vacías y permanecerán así al menos por otra semana. En cuanto a Trump, mientras que los doctores afirman que “no ha reportado síntomas”, el presidente ha sido llenado de esteroides y otros medicamentos, y su enfermedad está lejos de completar su curso.

La decisión de Trump de regresar a la Casa Blanca del centro médico Walter Reed el lunes por la noche estuvo claramente motivada por las profundas preocupaciones del impacto de su enfermedad en su cargo y sus conspiraciones políticas.

A menos que las encuestas estén completamente mal, la posición política de Trump está deteriorando, además de que se enfrenta al peligro de una abrumadora derrota en los comicios. Pero este hecho no altera sus planes. Cuanto más desesperada sea la crisis de su Gobierno, tanto más calcula que su capacidad de permanecer en el cargo depende de su habilidad para utilizar medidas extraconstitucionales. Tales conspiraciones no pueden ser orquestadas desde una cama hospitalaria en Walter Reed. Trump requiere el control del aparato estatal.

En relación con su esfuerzo para llenar la Corte Suprema de partidarios, el principal foco de Trump el martes fue exigirle al senador Mitch McConnell que abandone las discusiones en el Congreso sobre un nuevo proyecto de ley de estímulo para concentrarse en aprobar la nominación de Barrett antes del 3 de noviembre.

A esto se suma la cuestión de simbolismo en torno al propio Trump. Su promoción de un movimiento ultraderechista y fascistizante depende mucho de su propia figura —el “gran líder”, inmune al peligro y particularmente inmune a la pandemia de coronavirus, cuya peligrosidad ha minimizado y lo sigue haciendo—. El “líder” no puede permanecer confinado a una cama hospitalaria.

El regreso de Trump a la Casa Blanca en el helicóptero Marine One el lunes por la noche, incluyendo su saludo desde la Casa Blanca, estuvo claramente inspirado por El triunfo de la voluntad de Leni Riefenstahl, el filme de propaganda nazi cuyas escenas iniciales muestran a Adolf Hitler bajándose del avión y apareciendo en un balcón.

Los comentarios de los simpatizantes de Trump en la prensa buscaron presentarlo como un comandante en el campo de batalla, apostando su salud y seguridad junto al pueblo estadounidense. “La razón por la que no escondió el virus es porque no quería que EE.UU. se escondiera del virus”, explicó el presentador de Fox News, Greg Gutfeld. “Si le iba a pedir a EE.UU. que volviera a trabajar… él iba a hacer lo mismo, él iba a salir a ese campo de batalla junto a ti”.

De esta manera, la catástrofe producida por la estrategia de “inmunidad colectiva” (de rebaño) encabezada por la Casa Blanca, que ha cobrado más de 200.000 vidas y ha infectado a la propia Casa Blanca, será convertida en un ejemplo de la fuerza de Trump. El mandatario sacó partido rápido de su propia enfermedad como una justificación para no hacer nada para contener el virus. “Muchas personas cada año, a veces más de 100.000 y a pesar de la vacuna, mueren de la influenza”, tuiteó el martes. “¿Vamos a cerrar nuestro país? No, hemos aprendido a vivir con ella, así como estamos aprendiendo a vivir con Covid”.

Nada de esto puede ocultar la profunda crisis del Gobierno. Cuanto más desesperada la situación, más imprudentes las acciones de Trump. Su golpismo conspiratorio continúa y aún falta un mes antes de los comicios. Trump tiene muchos trucos bajo la manga, incluida la posibilidad de una provocación militar, una “sorpresa de octubre” que se utilizaría para movilizar apoyo en nombre de la “unidad nacional”.

Hay un factor que favorece a Trump: la duplicidad, cobardía y el carácter fundamentalmente reaccionario del Partido Demócrata. Los demócratas no pueden atribuirse ningún crédito por la crisis del Gobierno de Trump. En vez de exponer sus complots, han hecho todo lo posible para sofocar la oposición de masas a las conspiraciones fascistizantes de Trump y encubrir el peligro de dictadura.

Los demócratas y su prensa afiliada respondieron al anuncio de la enfermedad de Trump —pocos días tras el debate presidencial en que Trump apeló abiertamente a la violencia fascistizante— con deseos efusivos de que se recuperara pronto “por el bien de la nación” y la “seguridad nacional”, como lo planteó el New York Times el sábado. Trump ha respondido a los rezos de los demócratas sobre “mejorarse pronto” regresando a la Casa Blanca para reanudar sus preparativos para anular los resultados electorales.

El principal temor del Partido Demócrata, el partido de Wall Street, el Pentágono y las agencias de inteligencia, es que pueda decir cualquier cosa que prenda la mecha de la enorme oposición popular, que no solo se dirigiría contra Trump, sino el sistema capitalista.

El lunes por la noche, Biden declaró en un cabildo televisado de NBC en el que se disculpó por llamar a Trump un “payaso”, declarando que había sido demasiado “divisivo”. Cuando Trump instiga una guerra civil, el llamado de Biden es de “unidad”.

Los demócratas quieren prevenir que la intensificada crisis dentro del aparato estatal se escape de los límites del propio aparato estatal. En caso de una elección reñida, su llamado será al ejército como árbitro del poder, siendo en sí una concesión a la dirección cada vez más dictatorial y autoritaria de la política estadounidense.

Independientemente de cómo evolucione la crisis política dentro del aparato estatal en el próximo mes, la democracia estadounidense está en su lecho de muerte. El accidente fortuito del brote pandémico en la Casa Blanca no puede devolverle la salud a un sistema social y político podrido hasta la médula.

Trump ha puesto en marcha un movimiento fascistizante que cuenta con un apoyo importante dentro del aparato estatal y la oligarquía financiera. La clase gobernante está implementando una política que ya resultó en muertes a escala masiva. Decenas de millones se enfrentan a una situación cada vez más desesperada, enfrentando el desempleo masivo, el hambre y la falta de vivienda. El castillo de naipes económico en Wall Street, inflado con billones de dólares de la Reserva Federal, se estremece continuamente al borde del colapso. Y la pandemia está entrando en una nueva y más peligrosa etapa.

En la medida en que la oposición siga subordinada al Partido Demócrata, le ofrecerá a Trump la oportunidad de recuperarse. Si él no logra recuperarse, los demócratas llegarán al poder con una rama de olivo en una mano para Trump y los republicanos y una porra en la otra mano para utilizar contra la creciente oposición de la clase obrera.

La clase obrera necesita utilizar las siguientes cuatro semanas y el tiempo posterior para unir y coordinar sus luchas contra la política de “inmunidad colectiva” de la clase gobernante, la devastación social, guerras, violencia policial y autoritarismo en un movimiento independiente y revolucionario por el socialismo.

(Publicado originalmente en inglés el 7 de octubre de 2020)

Andre Damon y Joseph Kishore