Biden pide “unidad” a republicanos pese a rechazo de votantes a Trump

9 noviembre 2020

La noche del sábado, el candidato del Partido Demócrata, Joe Biden, pronunció un discurso de la victoria repleto de trivialidades y clichés. Su mensaje central fue la necesidad de unirse con los republicanos para formar un nuevo Gobierno.

Su discurso se produjo después de que las principales cadenas de noticias declararan el sábado por la mañana que Biden había derrotado a Donald Trump para convertirse en el presidente 46º de Estados Unidos.

Ante todo, la elección fue un rechazo popular masivo a Donald Trump y a su gestión catastrófica de la pandemia, que ha cobrado por ahora casi un cuarto de millón de vidas en EE.UU.

El sábado, hubo grandes manifestaciones en ciudades de todo el país, donde decenas de miles de personas cantaron consignas anti-Trump, gritaron desde sus apartamentos y aplaudieron a los trabajadores de correos cuando pasaban, dándoles el crédito de entregar los votos por correo pese al sabotaje del Gobierno de Trump. También hubo manifestaciones en Alemania, Reino Unido, Francia y Canadá.

El presidente electo Joe Biden se pronuncia el sábado 7 de noviembre de 2020 en Wilmington, Delaware (AP Photo/Andrew Harnik)

Los medios de comunicación corporativos y el Partido Demócrata están buscando rápidamente crear una falsa narrativa del significado de la elección que no tiene nada que ver con la realidad.

El primer componente de la narrativa postelectoral es que lo que el pueblo estadounidense quiere es la “unidad” entre los demócratas y los colaboradores republicanos del fascista Trump.

En su discurso televisado a nivel nacional, Biden proclamó: “Prometo ser un presidente que no busca dividir sino unificar.” Añadió: “Soy un orgulloso demócrata, pero gobernaré como un presidente estadounidense. Trabajaré tan duro para los que no votaron por mí como para los que sí lo hicieron. Si podemos tomar la decisión de no cooperar, entonces podemos decidir cooperar. Y creo que esto es parte del mandato que nos ha dado el pueblo estadounidense”.

Una mesa redonda el sábado por la mañana en CNN se centró en el supuesto poder del líder de la mayoría del Senado republicano, Mitch McConnell, quien según los comentaristas tiene el “poder de veto” sobre los nombramientos del gabinete de la Administración de Biden. Hay una avalancha de comentarios en la prensa burguesa sobre la estrecha relación personal entre Biden y McConnell. ¡Es casi como que si más de 75 millones de personas votaron por Biden solo para que Mitch McConnell (quien ganó solo 1,2 millones de votos en su reelección al Senado) se convierta en presidente!

El segundo elemento de la narrativa es que la identidad racial determinó los patrones de votación. Los medios corporativos están avanzando una narrativa racialista, culpando a la “gente blanca” en general y a los “trabajadores blancos” en particular por el hecho de que la elección estuvo más cerca de lo esperado. El resultado se está interpretando en términos raciales, siendo acompañado de las inevitables declaraciones del carácter “histórico” del hecho de que Kamala Harris será la primera mujer afroamericana e indo-estadounidense que ocupará la vicepresidencia.

Como lo ha analizado el World Socialist Web Site, son los factores socioeconómicos, no raciales, los que determinaron el resultado de la elección. Se estima que unos 6,4 millones de personas blancas más –compuestos en su mayoría por trabajadores— votaron por Biden en 2020 que por Hillary Clinton en 2016, una cifra que representa casi toda la diferencia en el voto popular. En cambio, Trump obtuvo más de un millón de votos más de afroamericanos y 5,5 millones de votos más de mujeres que en 2016, aunque la mayoría en ambas categorías apoyó a Biden.

La tercera parte del relato es que la asociación del Partido Demócrata con el socialismo les costó a sus candidatos millones de votos.

El exgobernador republicano de Ohio, John Kasich, quien apoyó a Biden, se pronunció en la Convención Nacional Demócrata y está en la lista de candidatos preseleccionados para un puesto en el gabinete, dijo ayer en CNN, “Este es el momento para que los demócratas, y creo que Joe Biden lo hará, empiecen a escuchar lo que la otra mitad del país tiene que decir. No hay socialismo en Joe Biden”.

Añadió, “La extrema izquierda puede presionarlo tanto como quiera, y francamente los demócratas tienen que dejarle claro a la extrema izquierda que casi le cuestan la elección”.

Kasich citó favorablemente los comentarios de la congresista demócrata Abigail Spanberger, quien exigió el jueves que los demócratas “no vuelvan a usar la palabra socialista o socialismo nunca más”.

En medio del barullo mediático sobre la “histórica” elección de Biden, la clase dominante se enfrenta a una crisis social, económica, geopolítica y política sin precedentes.

En primer lugar, falta un largo camino hasta la inauguración. Trump se ha negado a conceder la elección y está persiguiendo sus desafíos pseudolegales e infundados contra la votación. Su objetivo es crear una narrativa de que, si es apartado del poder, la elección fue robada. Como sea que se resuelva la crisis, será la base de un nuevo giro de la élite política hacia la derecha.

El Partido Demócrata y los medios corporativos están presentando la elección de Biden como un “nuevo amanecer” para la democracia estadounidense. “El presidente hizo todo lo posible para socavar los cimientos democráticos de la nación”, escribió el New York Times en su editorial publicado ayer. “Fueron sacudidos, pero no se rompieron... Ahora le toca al Sr. Biden mejorar y salvaguardar estos cimientos, para ayudar a restaurar la fe en nuestra democracia y en nosotros mismos, para hacer a América más grande que nunca”.

Nancy Pelosi declaró el sábado, “Hoy marca el amanecer de un nuevo día de esperanza para América.” Dana Millbank escribió un artículo de opinión en el Washington Post titulado, “Nuestra larga pesadilla nacional ha terminado”.

Durante más de un siglo, los estadounidenses han escuchado el mismo refrán cada vez que el poder pasa de un republicano a un demócrata, aunque, como el mismo Biden prometió, “nada” nunca “cambia fundamentalmente”.

La crisis de la democracia estadounidense, sin embargo, no surge de las características personales de Donald Trump. En cambio, Trump es un síntoma de una enfermedad mucho más profunda: el capitalismo.

Millones de trabajadores y jóvenes están buscando la forma de enfrentar las crisis en las que están sumidos Estados Unidos y el mundo: una pandemia saliéndose de control, desempleo masivo, guerras interminables, el crecimiento del autoritarismo y el fascismo, la degradación ambiental.

Esto no puede ocurrir dentro de la estructura del Partido Demócrata, como lo afirman grupos como los Socialistas Demócratas de Estados Unidos (DSA) y la revista Jacobin. David Sirota de Jacobin escribió el viernes que la victoria de Biden era “una noticia innegablemente buena”. Señaló que las “podría haber un cambio positivo”, dijo, “si estamos dispuestos a trabajar” aplicando “la presión de los progresistas”.

La afirmación de que una Administración de Biden creará “espacio” para las reformas sociales es una mentira. Más bien, será una Administración de austeridad y militarismo, colaborando con el Partido Republicano y creando las mejores condiciones para un mayor crecimiento de la extrema derecha.

La lucha por delante debe dirigirse al desarrollo de un verdadero movimiento socialista, independiente de y opuesto al Partido Demócrata y a una Administración de Biden, basada en la unificación de los trabajadores de todas las razas y nacionalidades contra los dos partidos de la aristocracia financiera.

(Publicado originalmente en inglés el 8 de noviembre de 2020)

Eric London

 

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