El Nuevo Partido Anticapitalista de Francia niega el golpe fascista de Trump en Washington

por Alex Lantier
13 enero 2021

Millones de personas en todo el mundo están conmocionadas y alarmadas por las escenas del 6 de enero de una muchedumbre fascista espoleada por el presidente multimillonario Donald Trump que asaltó el Capitolio en Washington. En Francia, los presentadores de noticias sorprendidos reconocen que este evento no tuvo precedentes históricos.

El Partido Socialista por la Igualdad de los EE.UU. ha pedido una investigación completa, pública y en vivo de este intento de golpe fascista. La tarea clave es alertar y movilizar políticamente a la clase obrera internacionalmente. Por el contrario, los partidos pseudoizquierdistas de la clase media acomodados como el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) de Francia están reaccionando tratando de adormecer a la clase trabajadora, negando que se haya intentado un golpe y promoviendo el Partido Demócrata del presidente electo Biden.

New Anticapitalist Party (NPA) flag. (Credit: Wikimedia Commons)

El sitio web Revolución Permanente del NPA publicó un artículo titulado "La toma del Capitolio y la decadencia del imperio bipartidista estadounidense", traducido libremente de su afiliado estadounidense, Left Voice. Negó que hubiera ocurrido un intento de golpe y atacó a quienes advirtieron de un golpe como "burgueses", escribiendo:

El asalto al Capitolio no fue una insurrección o un golpe de Estado como insinúa la prensa burguesa, pero sí muestra a una extrema derecha que, lejos de aceptar la derrota después del 3 de noviembre, se ha envalentonado durante la transición. Es la misma extrema derecha que se movilizó contra las protestas de Black Lives Matter este verano, contra las restricciones de Covid-19 y para el recuento de votos en estados clave durante las elecciones.

El semanario L’Anticapitaliste del NPA tranquilizó a sus lectores: "Se está construyendo lentamente una extrema derecha. La extrema derecha sigue siendo marginal en Estados Unidos". Afirmó no saber quién organizó o dirigió el motín de la extrema derecha de Trump: "Los alborotadores fueron expulsados antes de que pudieran organizarse las contraprotestas. Si bien muchos de ellos eran miembros de grupos de extrema derecha como los Proud Boys, ningún grupo parecía estar liderando las operaciones. Los medios llamaron a los alborotadores 'insurgentes'".

Incluso cuando surgen videos de policías del Capitolio abriendo puertas y haciendo señas a los matones de extrema derecha para que asalten el edificio, el NPA aseguró a sus lectores que la amenaza del fascismo es mínima. Afirmó sin sonrojarse que Wall Street, el Pentágono y la policía estadounidense apoyan de manera confiable la democracia:

El sistema democrático permanece en su lugar, aunque esté bajo una fuerte presión. Ningún sector de la clase capitalista ni de la maquinaria estatal apoyó los intentos de Trump de arrasar el sistema electoral y judicial. Más de 100 directores ejecutivos firmaron un documento que se oponía a cualquier cuestionamiento de los resultados de las elecciones del 3 de noviembre, y las fuerzas armadas rechazaron firmemente los llamados a intervenir. Trump tuvo que hacer frente al hecho de que el control del gobierno no otorga un control absoluto sobre las palancas del Estado.

Estos miserables intentos de negar el creciente giro de la burguesía estadounidense hacia el dominio fascista se basan en mentiras. El golpe fue organizado y dirigido por el presidente Trump, quien habló con la turba antes de que pasara por la policía del Capitolio para tomar el edificio. Trump ha seguido esta estrategia desde que lanzó un intento de golpe durante las protestas internacionales masivas contra el asesinato policial de George Floyd en Minneapolis en junio — cuando apeló a las milicias de la extrema derecha e intentó desplegar ilegalmente al ejército estadounidense contra manifestantes en Estados Unidos en un primer intento golpista.

Trump contó con el respaldo de cientos de legisladores republicanos cuando denunció falsamente las boletas electorales enviados por correo predominantemente demócratas como fraudulentas para negar la legitimidad de las elecciones. Sus asociados trabajaron en estrecha colaboración con grupos de la extrema derecha como los Proud Boys para intimidar y amenazar a los funcionarios electorales en Estados clave. Los operativos de extrema derecha fueron arrestados antes de intentar asaltar el Capitolio del Estado de Michigan en Lansing, que planeaban secuestrar y asesinar a la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer.

Mientras continuaba negando los resultados de las elecciones de noviembre de 2020, Trump anunció que movilizaría a sus partidarios para protestar frente al Capitolio el 6 de enero, cuando el Congreso se reuniera para certificar formalmente el resultado de las elecciones. Se encontró a varios manifestantes ultraderechistas en el Capitolio con bridas de plástico para atar a los rehenes que podrían haber tomado entre los legisladores en el edificio. Significativamente, los funcionarios del Pentágono inicialmente rechazaron los llamamientos desesperados de representantes y senadores para desplegar fuerzas de la Guardia Nacional para recuperar el Capitolio de la muchedumbre de Trump.

Después de esto, la afirmación del NPA de que Trump no tiene apoyo en la clase capitalista estadounidense o en la maquinaria estatal para una política fascista no solo es ridícula, sino criminalmente complaciente.

Trump solo ha podido mantener el cargo, a pesar de sus múltiples violaciones de la Constitución de los Estados Unidos, que su juramento al cargo le obliga a proteger, porque fuerzas poderosas en Wall Street y en las agencias militares y de inteligencia de Estados Unidos están debatiendo si establecer una dictadura fascista. La clase dominante apoya unánimemente su política asesina de "inmunidad colectiva" sobre el COVID-19. Como resultado, los índices bursátiles de Wall Street terminaron cómodamente el 6 de enero, aunque una turba ultraderechista se apoderara del Capitolio.

Habiendo planteado una línea falsa y complaciente sobre el intento de golpe de Trump, el NPA intenta encubrir su política reaccionaria presentándose como una organización "anticapitalista", crítica tanto de Trump como de los demócratas. Revolución Permanente continuaba:

La izquierda tiene que sacar conclusiones rápidamente … apoyando firmemente toda resistencia contra la austeridad capitalista y la opresión racista con un programa que tenga como objetivo cuestionar el capitalismo en su conjunto. La subordinación al Partido Demócrata es un cáncer que afecta a gran parte de la izquierda estadounidense: hay espacio para la construcción de una organización de la clase trabajadora y los oprimidos completamente independiente del Partido Demócrata.

Los movimientos de Biden para encubrir un golpe fascista y defender al Partido Republicano exponen la bancarrota de los demócratas y los grupos de clase media, como los Socialistas Demócratas de Estados Unidos (DSA), que han buscado subordinar a los trabajadores y la juventud a los demócratas y restarle importancia al golpe. Biden reaccionó al golpe pidiendo a Trump que saliera en la televisión nacional y cancelara el golpe que Trump estaba a punto de lanzar. También elogió a los coconspiradores de Trump como el senador Mitch McConnell y afirmó que Estados Unidos necesita que el Partido Republicano sea "fuerte".

Sin embargo, esto también expone a partidos pequeñoburgueses como el NPA, que lanzan algunas críticas a los demócratas mientras trabajan en alianza con ellos. De hecho, en su artículo, Revolución Permanente se apresuró a aplaudir a una facción "progresista" del Partido Demócrata que, según afirmó, giraría a la izquierda en respuesta a futuras crisis sin nombre. Escribió:

... el Partido Demócrata se enfrenta a su propia crisis interna entre el ala del establishment, liderada por Nancy Pelosi y Chuck Schumer, y el ala progresista, encarnada en el Squad ("Escuadron", las legisladoras consideradas más de izquierda lideradas por Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar, Ayanna Pressley y Rashida Tlaib) y Bernie Sanders —que son la expresión política del creciente descontento con el liderazgo del Partido Demócrata. Esta insurgencia ha logrado contener un creciente movimiento de izquierda en los Estados Unidos y revitalizar al Partido Demócrata. Pero como los demócratas probablemente se vean obligados a implementar medidas de austeridad en el futuro, estas tensiones probablemente llegarán a un punto de ebullición.

El NPA aplaude a Sanders, a Ocasio-Cortez, miembro de DSA y a los demócratas aliados porque —a pesar de sus fraudulentos llamados a la "independencia" de los demócratas, trabajan con estas figuras— se han alineado con el encubrimiento de Biden del golpe fascista. El portavoz del NPA, Olivier Besancenot, publica con frecuencia entrevistas y artículos en la revista estadounidense vinculada a esta rama del Partido Demócrata, Jacobin. Sanders y Ocasio-Cortez han mantenido un silencio ensordecedor sobre el apoyo más amplio de la clase dominante y la maquinaria estatal para el golpe.

Esto hace que el NPA sea cómplice de un encubrimiento continuo de la importancia del golpe del 6 de enero. De hecho, todas las alas del Partido Demócrata —ya sea alrededor de Biden o alrededor de las fuerzas etiquetadas como "progresistas" por el NPA— reaccionaron al golpe de Trump tratando de restarle importancia. La facción demócrata que el NPA califica de "progresista" defendía una política tan complaciente e idiota como los impotentes llamamientos de Biden a Trump y al Partido Republicano.

El editor de Jacobin, Bhaskar Sunkara, también negó que Trump hubiera intentado un golpe fascista y trató de restar importancia al problema. Tuiteó: "¿Cuál es la ventaja de decir 'esto es un golpe'? Simplemente no entiendo la ventaja de los más extremos catálogos para las cosas malas".

La "ventaja" de afirmar que "esto es un golpe" es que esto es cierto y que alerta a la clase trabajadora de los Estados Unidos y del mundo sobre el peligro claro y presente del fascismo. No es un "catálogo extremo", sino una caracterización política que apunta a la tarea esencial en esta situación: movilizar a la clase obrera internacional en una lucha irreconciliable contra el avanzado estado de preparación para el gobierno autoritario de la aristocracia financiera.

El golpe en Washington es una advertencia urgente no solo para los estadounidenses sino también para la clase trabajadora internacional y, en particular, la europea. Los 30 años desde que el régimen estalinista disolviera la Unión Soviética en 1991 han visto una acelerada legitimación del fascismo por parte de las clases dominantes en todos los países. Ahora, a medida que aumenta la ira de la clase trabajadora contra décadas de austeridad por la Unión Europea (UE) y ahora la política asesina de la "inmunidad colectiva" por la UE sobre COVID-19, se admite ampliamente que los planes para golpes fascistas y asesinatos en masa se encuentran en un estado avanzado de preparación en Europa.

En Alemania, donde el profesor ultraderechista Jörg Baberowski ha rehabilitado públicamente a Hitler como "no brutal", se reconoce que las redes neonazis han reunido listas de políticos para ser ejecutados por escuadrones de la muerte ultraderechistas. El asesinato de una persona, el político conservador Walter Lübcke por la extrema derecha, ya tuvo lugar en 2019. En Francia, después de que el presidente Emmanuel Macron aclamara al dictador fascista Philippe Pétain como un "gran soldado" en medio de protestas de los "chalecos amarillos", el general Pierre de Villiers está ahora también agitando por un gobierno militar en la prensa de la extrema derecha.

Quizás el caso más evidente sea el de España, donde el estallido de protestas contra las políticas de "inmunidad colectiva" llegó a una planificación generalizada en el ejército para un golpe fascista. Tras elogiar el golpe fascista de 1936 del general Francisco Franco que inició la Guerra Civil española, grupos de oficiales franquistas comenzaron a escribir cartas al rey exigiéndole que los apoyara contra el gobierno electo. En unos chats de WhatsApp filtrados a la prensa, estos oficiales elogiaron el golpe de Franco y llamaron a asesinar a "26 millones de personas", su estimación del número de votantes de izquierda en España.

Es imposible oponerse al fascismo sin luchar por una movilización internacional de la clase obrera, políticamente independiente de los partidos burgueses y con una perspectiva socialista.

Esto requiere una ruptura consciente y de principios con toda la capa internacional de partidos pseudoizquierdistas de la clase media acomodada como el NPA. Durante décadas han estado buscando bloquear un movimiento político independiente de la clase obrera, insistiendo en que la clase obrera tenía que estar ligada a alianzas con partidos imperialistas o estalinistas que les ofrecían influencia y poder político. Cuando el exlíder de la protesta estudiantil de 1968 Alain Krivine y su Liga Comunista Revolucionaria (LCR) fundaron el NPA en 2009, Krivine propuso una plataforma política que declaraba:

El NPA no reclama ninguna afiliación específica al trotskismo, sino continuidad con quienes se han enfrentado al sistema hasta el final durante dos siglos. El NPA es un partido pluralista y democrático. El proceso constituyente se inició "desde abajo", después hubo una verdadera ampliación política con la participación de compañeros de diversos componentes del movimiento social, de la izquierda antiliberal, de la ecología política, de los compañeros del PS, del PCF, del movimiento libertario, de la izquierda revolucionaria. Sin desvanecerse, el NPA tiene mucho que ganar si se abre aún más.

El WSWS explicó en ese momento que la LCR estaba fundando el NPA para romper cualquier tenue asociación que conservara con el trotskismo, que veía como un obstáculo para el giro a la derecha que estaba preparando con el PS, la burocracia sindical y el resto del establishment político.

Esta evaluación fue rápidamente confirmada por los hechos. En 2011, en respuesta a los levantamientos revolucionarios de la clase trabajadora en Egipto y Túnez, el NPA elogió las guerras de la OTAN por el cambio de régimen en Libia y Siria, lideradas por la administración demócrata de Obama y libradas en alianza con Al Qaeda, como "revoluciones democráticas". También apoyó el golpe de estado de 2014 liderado por los fascistas y respaldado por la OTAN en Kiev que derrocó a un presidente proruso y hundió al país en una guerra civil.

Además, en 2014, como parte de la perspectiva del "partido de la izquierda amplia" de aliarse con los partidos imperialistas que subyacen a su fundación, el NPA apoyó la fundación de Podemos —un partido de "izquierda populista" en España creado por un grupo de profesores estalinistas alrededor de Pablo Iglesias y la filial española del NPA, Anticapitalistas. Aplaudió la elección del aliado griego de Podemos, Syriza ("la Coalición de la Izquierda Radical") en 2015. En cuanto a Podemos, finalmente llegó al poder en 2019 en un gobierno de coalición con el Partido Socialista Obrero Español de las grandes empresas (PSOE).

La entrada de estos partidos pseudoizquierdistas en posiciones de poder e influencia en el Estado capitalista terminan en un desastre para la clase trabajadora. Syriza formó un gobierno de coalición con el partido ultraderechista Griegos Independientes (ANEL) que traicionó por completo sus promesas electorales de poner fin a la austeridad de la UE, impuso miles de millones más en recortes sociales y estableció campos de concentración para los refugiados de Oriente Medio en las islas griegas.

Durante las elecciones presidenciales francesas de 2017, el Partido Socialista por la Igualdad (Francia) luchó para advertir a la clase trabajadora de las políticas de extrema derecha de Macron. Cuando surgió una segunda ronda entre Macron y la candidata neofascista Marine Le Pen, llamó a un boicot activo por parte de la clase trabajadora, advirtiendo de que Macron no era una alternativa al régimen neofascista que Le Pen intentaría establecer. Esto fue confirmado posteriormente por el saludo de Macron a Pétain y su brutal represión contra las crecientes protestas y huelgas contra la austeridad y la violencia policial.

El NPA, sin embargo, se negó a tomar una posición pública sobre las elecciones, y se inclinó ante los llamamientos predominantes en los medios pro-PS para el voto a Macron.

En cuanto a Podemos, que ahora está en el poder, está aplicando las mismas políticas de austeridad, guerra e "inmunidad colectiva" que otros gobiernos en toda Europa, y minimizando furiosamente el peligro de un golpe fascista contra su gobierno. En España, los golpistas cuentan con el apoyo de Santiago Abascal, líder del partido fascista Vox, quien viajó el año pasado para reunirse con Trump en Washington. El intento de golpe del 6 de enero y la patética respuesta del Partido Demócrata están envalentonando a estas fuerzas.

Sin embargo, el vicepresidente del gobierno Pablo Iglesias desestimó los llamados entre cientos de altos mandos españoles retirados y en servicio activo para un golpe fascista, cuyo nombre en código es Operación Albatros, por considerarlos irrelevantes. Insistió en que la clase obrera no necesitaba tomar ninguna medida: "Lo que dicen estos señores, a su edad y ya jubilados, en un chat y con unas copas de más, no supone ninguna amenaza".

De hecho, la amenaza es enorme. Iglesias y Podemos se oponen a movilizar a la clase trabajadora en su contra, no porque la amenaza sea exagerada, sino porque un movimiento político en la clase trabajadora llegaría a protestas masivas contra sus propias políticas de austeridad, guerra e "inmunidad colectiva".

El intento de golpe del 6 de enero en Washington es una advertencia irrefutable de que amplios sectores de la aristocracia financiera están decididos a establecer un régimen fascista. Existe una profunda oposición históricamente arraigada en la clase trabajadora contra esta política, y una creciente militancia y voluntad de luchar. Sin embargo, advertir y movilizar a la clase trabajadora requiere oponerse conscientemente a la pseudoizquierda en su movimiento para desmovilizar a la clase trabajadora. Su minimización de la preparación de golpes fascistas a ambos lados del Atlántico no solo es complaciente y falsa, sino políticamente criminal.

(Publicado originalmente en inglés el 10 de enero de 2021)

 

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